Cuándo conviene cocinar "a ojo" y cuándo deberías respetar las cantidades
Hay recetas que admiten improvisación y otras donde medir bien cada ingrediente puede marcar la diferencia entre un plato espectacular y un auténtico desastre


Publicado el 08/05/2026 a las 05:00
Hay personas que cocinan con báscula, cucharas medidoras y temporizador en mano. Y luego están quienes abren la nevera, mezclan ingredientes “a ojo” y consiguen platos increíbles sin seguir una receta al pie de la letra. La verdad es que ninguna de las dos formas está mal. De hecho, saber cuándo improvisar y cuándo respetar las cantidades puede ser la clave para disfrutar más de la cocina y obtener mejores resultados.
En muchos platos del día a día, cocinar “a ojo” funciona perfectamente. Sofritos, ensaladas, cremas, guisos o salteados permiten cierta libertad porque los ingredientes son bastante flexibles. Un poco más de cebolla, menos zanahoria o una pizca extra de especias no suelen arruinar el resultado. Al contrario: improvisar ayuda a adaptar los sabores al gusto personal y hace que cocinar sea algo más creativo y menos rígido.
Además, muchos cocineros defienden que dejar espacio a la intuición mejora la relación con la comida. Cocinar sin obsesionarse con las medidas exactas reduce la presión y convierte el proceso en algo más natural y entretenido. Incluso hay quienes aseguran que es la mejor manera de aprender a combinar sabores y ganar confianza entre fogones.
La repostería es una ciencia exactca
Pero no todo admite improvisación. Hay recetas donde las cantidades sí importan, y mucho. La repostería es el ejemplo más claro. En bizcochos, panes o masas, cambiar la proporción de harina, levadura, azúcar o líquidos puede hacer que el resultado quede seco, apelmazado o directamente incomible. Ahí la cocina funciona casi como una ciencia y medir bien marca la diferencia. Como en estos soplillos de la abuela Julia.
También ocurre con algunas elaboraciones delicadas, como salsas, fermentaciones o recetas donde controlar las porciones es importante. Un ejemplo habitual es la pasta: muchas personas calculan mal las cantidades y terminan preparando mucho más de lo necesario. Te suena, ¿no? Como extra el chef Jordi Cruz desveló el otro día el ingrediente que no deberías echar a la pasta al cocerla: "nunca".
Al final, el truco, com siempre, está en encontrar el equilibrio. Seguir medidas exactas puede ser útil cuando estás aprendiendo una receta nueva o cuando el plato necesita precisión. Pero una vez entiendes cómo funcionan los ingredientes, cocinar “a ojo”, como las abuelas, puede hacer que disfrutes mucho más del proceso. Porque la cocina no siempre tiene que ser perfecta; a veces basta con que sea rica, sencilla y hecha a tu manera.


