Los últimos oficios del Casco Viejo de Pamplona se apagan
Sin relevo generacional, encuadernadores, merceros, cuchilleros y enmarcadores se preparan para cerrar la persiana de su negocio


Actualizado el 10/08/2025 a las 08:46
En las calles estrechas y adoquinadas del Casco Viejo de Pamplona, donde el tiempo se mide por las conversaciones de mostrador, sobreviven algunos de los oficios más antiguos de la ciudad. Son comercios que han pasado de padres a hijos , de abuelos a nietos , y que durante décadas han acompañado la vida cotidiana de sus vecinos. Tras sus modestos escaparates y su clientela más que fiel, guardan el trabajo de manos expertas, herramientas que ya casi no se fabrican y un conocimiento que no se aprende en manuales. Sin embargo, detrás de esa imagen de continuidad se esconde una cuenta atrás: todos afrontan su recta final.
El patrón se repite. No hay relevo generacional. Los hijos han elegido otros caminos, el mercado ya no responde igual y mantener el ritmo de trabajo necesario para que el negocio sea rentable resulta poco atractivo para las nuevas generaciones. A esto se suman factores que, en conjunto, han acelerado el final: la digitalización, que ha reducido ciertos encargos; la competencia de las grandes superficies y del comercio por internet, que ofrecen inmediatez y precios difíciles de igualar; y las trabas para conseguir materiales, cada vez más escasos o más caros.
En la Calle del Carmen 2 está Encuadernaciones Alfaro, un taller que desde finales del siglo XIX repara y encuaderna libros de forma artesanal.
Entre estanterías llenas de volúmenes y una guillotina negra de 1855, Jacinto Rodríguez y su mujer, Raquel Alfaro, han mantenido el negocio familiar durante décadas. Muy cerca, en la Calle Mayor 12, Mercería Ferrán. Paqui Etayo, que lleva 54 años tras su mostrador, ordena botones en jarrones y abanicos en vitrinas. Ha visto cerrar a decenas de comercios centenarios y sabe que el suyo acabará igual. En la calle Mañueta, Cuchillería Caneda mantiene el brillo del acero desde 1903. Juan Carlos Caneda afila y vende cuchillos que, bien cuidados, pueden durar toda la vida. A finales de septiembre se jubilará, y con él se perderá un oficio que en la ciudad ya no tendrá quien lo continúe. Y en la Estafeta 10, Cuadros Huici es un taller de enmarcación con mas de un siglo de historia. Pedro Huici, que aprendió el oficio junto a su padre y su abuelo, comienza cada día antes del amanecer. Cuatro historias distintas con un mismo desenlace. Cuando estos comercios bajen la persiana, no solo desaparecerá una actividad económica, sino una forma de entender el trabajo y el trato con la gente. Se irán las herramientas y el olor de los materiales, pero también el consejo experto, la charla y la sensación de entrar a un sitio donde te llaman por tu nombre. Con cada cierre, Pamplona perderá un pedazo de su memoria viva.
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