Mercería Ferrán
Paqui Etayo: "El comercio pequeño tiende a desaparecer, sobre todo en lo Viejo"
Paqui Etayo lleva 54 años al frente de la Mercería Ferrán


Actualizado el 10/08/2025 a las 08:50
En la Calle Mayor 12, Paqui Etayo lleva 54 años al frente de la Mercería Ferrán. Tras el escaparate, la mirada tiende a perderse entre abanicos colocados con cuidado y un largo mostrador que conduce a un fondo lleno de estanterías repletas de cajas. Dentro de algunas, hilos ordenados por colores; en otras, jarrones que rebosan de botones. “Como los de Armani”, dice Paqui entre risas, “a jarrón me ganará, pero a botones no”.
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Podría haberse jubilado ya, pero no lo ha hecho. “Me gusta. Me tira esto”, confiesa, antes de contar que lo que le entristece es ver cómo los comercios centenarios de Pamplona se están cerrando uno a uno, sin relevo que los continúe. Comienza a decir nombres que conoce bien: Electricidad Beunza, Ortega, Emilio López. “Todos han cerrado o están a punto. El comercio pequeño tiende a desaparecer, sobre todo en el Casco Viejo. La gente joven no quiere trabajar en esto. Es muy esclavo. Muchas horas por un sueldo normal y un trabajo sacrificado”.
En su voz no se percibe el enfado, pero sí la resignación. “Antes los dueños se jubilaban y otros cogían el negocio. Ahora no. Quieren tardes libres, fines de semana sin trabajar.” A esa falta de relevo se suma un cambio en la manera de comprar de los jóvenes. “La gente joven se va toda a las grandes superficies. Y las grandes superficies y Amazon han hecho mucho, mucho daño al comercio pequeño.” Tampoco el Corte Inglés se libra: “Decían que no iba a afectar, pero ha hecho mucho daño”.
Paqui Etayo habla de su mercería de Pamplona como se habla de una casa que ha visto crecer y cambiar a generaciones de clientes. Conoce a la mayoría de quienes entran. Sabe que en septiembre cerrará Cuchillería Caneda y que Encuadernaciones Alfaro también bajará la persiana. “Cuadros Huici es el último que queda”, añade. “Antes estaba Mendoza, y cerró hace un par de años”, describe. Lo cuenta sin dramatizar, pero con la certeza de que este oficio, como tantos otros en el Casco Viejo, está en su recta final del camino. “Es una pena, pero es lo que nos toca”.
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