Cuadros Huici
Pedro Huici: "Para sacar un sueldo normal hay que estar muchas horas"
Cuando Pedro Huici decida retirarse, la tienda cerrará para siempre


Actualizado el 10/08/2025 a las 08:48
Cuadros Huici lleva más de un siglo en la misma familia. El actual propietario, Pedro Huici, recuerda que su abuelo tomó el negocio hace unos cien años, aunque el local ya funcionaba antes como taller de marcos bajo el nombre de Casa de Oñate. “Yo he visto aquí trabajos de 1880 y pico, con sello y todo. Esta es la tienda de enmarcación más antigua de Pamplona.” Después de su abuelo estuvo su padre, y desde hace más de treinta años está él al frente, desde que a los dieciséis empezó a ayudar y a aprender el oficio.
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Su jornada comienza antes de que la ciudad se despierte. “Para las siete y media estoy ya en el andamio cogiendo cristales. Hay que meter muchas horas”, cuenta. Los cristales pequeños los transporta en coche; los grandes llegan en furgoneta desde la cristalería. En el taller, rodeado de molduras, Pedro enmarca pinturas, fotos y láminas. “Casi todo lo que me traen. Pero si es muy grande, no puedo; no tengo sitio ni mesas para montar cuadros gigantescos.” Las tiras de moldura miden entre 2,70 y 3 metros, y el espacio, aunque bien aprovechado, marca el límite del trabajo. Pedro no tiene hijos y no habrá relevo. “Conmigo se acaba. La mayoría que se están jubilando no tienen quien siga. Van quitando tiendas y no las sigue nadie.” A su juicio, las condiciones actuales no animan a la gente joven a continuar: “Ven que hay que trabajar 50 o 60 horas a la semana para sacar un sueldo normal y no quieren vivir así. Quieren trabajar 35 horas o no trabajar nada si pueden permitírselo.”
“Esto me lo enseñó mi padre, y a él su padre. Ahora ya no hay quien aprenda. Y menos, quien quiera quedarse aquí tantas horas.”
En la Estafeta, los turistas y vecinos pasan sin detenerse, muchos sin saber que tras ese escaparate se esconde la enmarcadora más antigua de Pamplona. Cuando Pedro decida retirarse, la tienda cerrará para siempre. Y con ella, desaparecerá un lugar donde durante más de cien años se han fabricado marcos que hoy cuelgan en casas, bares, despachos e iglesias de la ciudad. “Para tirar, yo sí que voy tirando”, dice, “pero esto ya no es lo que era, es muy sacrificado”.
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