Los sabores de mi verano (que espero me ayuden a sobrevivir al otoño)
Sabores de pueblo, sabores que recuerdan momentos y personas, sabores deliciosos a la mejor época del año y también sabores a mar


Actualizado el 03/09/2024 a las 12:58
"Sara, empieza tu sección el 3 de septiembre”. Recibí este mensaje de mi jefe estando disfrazada de mexicana, a punto de cantar un bingo en las fiestas de agosto de mi pueblo y con más tequilas en el body de los que parecen a priori compatibles con la vida. Y de repente me acordé de que en la vida real yo trabajaba en un periódico. Y me sonaba que hasta me gustaba. Y me empezaron a venir flashes de mi vida antes del verano, cuando me despertaba con despertador en lugar de con el gallo del vecino, cuando comía tuppers organizados en el curro en lugar de ir empalmando vermús con aceitunas y patatas fritas sin ningún tipo de criterio. Cuando llevaba zapatos en lugar de ir a todos lados descalza como una salvaje. Y, madre mía, me entró un poco de vértigo, no se lo voy a negar.
¿Y si se me había olvidado escribir? ¿Y cómo funcionaba el horno? Recordar la contraseña del ordenador daba por hecho que ya era un imposible. En esos momentos, con el solito dándome en la cara, con mi cubata de Ponche en la mano, con toda mi cuadrilla de Zazuar riendo a mi alrededor y sonando rancheras de fondo me sentí incapaz de volver a la rutina otoñal. Pero aquí estoy, queridas, con una morrera, fiebre y anginas por los excesos, ganas de cortarme el pelo que es un rasta en sí mismo, los pies doliéndome dentro de unas zapatillas y aparentando que me gusta la civilización.
Y las recetas de hoy tenían que saber a verano, claro. A ese en el que animé de nuevo a hacer flores de calabacín pero esta vez con un relleno diferente. Unas me las dio Belén con una sonrisa de oreja a oreja. Aquí esta la receta que te prometí. Y el resto de las flores eran de la huerta donde fue tan feliz el gran Julio Duque. Estoy segura de que sonreía desde ahí arriba con mi ocurrencia de rellenarlas. Y mi verano también tuvo el sabor de los soplillos de mi abuela, claro. Como ven el pueblo sigue siendo el lugar donde pasar los veranos más felices. Y menos mal.
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