Alberto Ares Mateos: “Todas las sociedades intentan encontrar chivos expiatorios”
El director regional del Servicio Jesuita a Refugiados-Europa ha combinado la investigación académica con la convivencia con refugiados en distintos países. Esta semana ha presentado en Navarra un proyecto educativo con Alboan para acercar estas personas a los colegios


Publicado el 24/02/2022 a las 06:00
“Solo desde el ámbito académico o dando cajas de leche no se transforma el mundo”. Y como Alberto Ares Mateos quería cambiarlo, decidió conjugar ambas facetas. La de este jesuita nacido en Veguellina de Órbigo (León) hace 49 años no es una biografía habitual. Ordenado como sacerdote en 2007, conoció la congregación religiosa a través de sus campamentos, aunque no llegó a ser alumno en sus colegios.
Es doctor en Migración Internacional y Cooperación al Desarrollo por la Universidad Pontificia Comillas y ha ejercido como profesor en el Boston College y la Universidad de Harvard, pero ha convivido con personas refugiados en comunidades jesuitas de Estados Unidos, México, India o Albania. Nombrado director regional del Servicio Jesuita Refugiados-Europa -presente en 19 países- el año pasado, ha comparecido esta semana ante el Parlamento de Navarra para hablar del proyecto educativo Más allá de las Fronteras que desarrolla junto a la oenegé Alboan.
Usted es doctor universitario. ¿Qué puede aportar un académico al Servicio Jesuita a Refugiados?
Mi perfil es un poco raro [sonríe]. Algo que tiene mucho valor de la academia es que puede poner en valor las buenas prácticas del trabajo que hacemos y de ahí sacar propuestas que puedan transformar las políticas a nivel macro. El mundo de los datos no se puede obviar, es difícil apoyarse si no hay datos reales, encuestas, informes sólidos. Solo desde el ámbito académico o dando cajas de leche no se transforma el mundo. No tiene mucho sentido investigar desde tu despacho sin tener ningún conocimiento de la realidad, solo porque te llegan unos datos a través de internet. Como tampoco se puede extrapolar de lo que te ocurra en tu pueblo o ciudad, que creas que porque te ocurra a ti es común a todo el mundo.
¿En qué condiciones psicológicas llegan las personas refugiadas?
Suelen ser traumáticas. Las consecuencias no solo son psicológicas, a veces de hábitos de alimentación, de higiene o de vida. Las causas que provocan estos desplazamientos son muy duras: guerras, desplazamientos forzosos, violencia generalizada.
Los venezolanos son los que más solicitan pero a quienes menos se concede el asilo...
Reciben una protección de ayuda humanitaria, que posibilita muchos de los derechos pero sujetos a que el Gobierno revise constantemente esos acuerdos. España y Portugal son países con un porcentaje de concesiones muy bajo: antes de la llegada de los sirios en el 2015 era de alrededor del 5%.
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¿Qué implicaciones tiene?
Desde que haces la solicitud tienes una serie de derechos; si te la deniegan, pasas a ser un inmigrante irregular. Puede que tengas residencia no permanente y pierdas tu trabajo y no puedas renovar. Hay una manera de regularizar la situación que por arraigo social, después de 3 años, probar una serie de cosas y tener una oferta de empleo, lo que hace que muchos vivan en un limbo, en la clandestinidad, este tiempo.
¿En Europa el porcentaje de concesiones es como el de España?
No, la media siempre ha sido bastante más alta.
¿Por qué?
Creo que es una medida disuasoria de todos los países del sur, que dicen: si saben que a muy poca gente se lo van a conceder, evito que haya solicitudes de asilo. La proporción de personas refugiadas en Europa respecto al total de la población es del 0,6%. De todos las que hay en el mundo, solo el 10% vive en Europa. La mayoría se queda en países cercanos.
¿Qué esperan con las circunstancias en las que está Ucrania?
Sabemos por otras situaciones, como la de Afganistán, que hay que prepararse. Que se pueden dar varios escenarios, que ya hay movilización interna y que puede haber movimiento a países cercanos o un éxodo masiva. Pero no tenemos más información.
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¿El perfil de los solicitantes de asilo ha variado en los últimos años?
Las causas que generan los desplazamientos cambian, pero los grandes números siguen siendo de Latinoamérica. Se pone en el debate público la inmigración irregular, pero es mínima respecto a toda la diversidad y pluralidad que se vive en nuestras sociedades. Según los datos de cruces irregulares de Frontex, a Europa llegaron 125.100 personas el año pasado. Las que llegaron de manera regular son 2 millones y medio. En España las proporciones son similares. Los estudios dicen que nuestra España envejecida necesita todos los años en torno a 200.000 inmigrantes para mantener al mínimo nuestro crecimiento vegetativo. El meollo de toda la cuestión tiene que ver con la cohesión social y la gestión de la diversidad.
¿Para la inclusión de las personas que llegan?
En España viven 8 millones de personas que no han nacido en territorio español, un 17% de la población. Los estudios dicen que las personas se van arraigando. Llevamos mucho tiempo, desde el 2008, con un desmantelamiento de los programas de integración. No hay programas específicos que atiendan de manera integral.
¿A qué se refiere cuando reclama políticas “integrales”?
Tenemos que tener programas de acogida específicos, pero coordinados. Si la solicitud es denegada, tenemos que ver qué ocurre con estas familias. Con salarios muy bajos, precarios, acaban viviendo en unos barrios con personas en situación complicada. Cuando todo se concentra en un lugar y no se toman medidas integrales como apoyar programas de capacitación para el empleo, se va creando un malestar social y un polvorín. Esa situación está generando que se instrumentalice política, social o económicamente. Y es habitual lo típico: se llevan todas las ayudas, violan a nuestros hijos, tienen conflictos… Si se va a los datos estadísticos, esto no es verdad.
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El argumento que suelen dar es que, proporcionalmente, cometen más delitos.
Eso no es verdad, pero en los espacios donde puede haber un porcentaje mayor hay una razón clara. Si el fracaso escolar es mayor, no tienen labores de mediación y apoyo en ese colegio, los padres no tienen trabajo o están en situaciones complicadas o con horarios de locura y no hay una red que les pueda atender, esa gente es más carne de cañón que un menor más normalizado. Hay que mirar en perspectiva. Pero todas las sociedades intentan encontrar chivos expiatorios de lo que ocurre.
¿Qué diferencia al Servicio Jesuita a Refugiados de otras entidades de acogida?
Parte de nuestra tradición tiene que ver con la hospitalidad, la reconciliación… Algo que diferencia nuestro trabajo es tender puentes; que en esos espacios no solo se provean servicios sino que se pueda dar un cambio o encontrar un poco de sentido a la vida. Nuestros programas no son masivos pero intentamos acompañar a las personas, servirlas, reflexionar, intentar sacar informes y con ello hacer incidencia pública; es decir, que las leyes y las condiciones de quienes llegan puedan mejorar.
