Conflicto
Mariya, Yury y Denys: “La gente en Ucrania no entra en pánico porque hay que seguir viviendo”
Tres testimonios de personas que llegaron de Ucrania a Pamplona, donde trabajan y donde han formado su familia


Publicado el 01/02/2022 a las 06:00
Si todas las familias felices del Tolstoi de Ana Karenina se parecen entre sí, las de Ucrania tienen algo en común: uno o dos de sus miembros viven en otro país. Puede ser España, Canadá, Chequia, Alemania, Polonia... La inflación, la corrupción, los bajos sueldos (o simplemente no pagarlos), la falta de trabajo han hecho que personas como las de este reportaje hayan abandonado su país y recalado en Pamplona para buscar mejores condiciones. Es el caso de Marya T., de 65 años, que lleva 22 años en Pamplona. Un año antes de su llegada lo había hecho su marido. Los dos son médicos, como lo es la hija que vive aquí, que trabaja de médica de familia. En Ucrania el matrimonio tiene otra hija, casada con un policía por el que Marya sufre porque vive el día a día la guerra que sufre el este del país con los rusos. En Ucrania tiene también a sus padres, que rondan los noventa años. Marya trabaja ahora en medicina preventiva, como lo hizo su marido antes de jubilarse. Pero cuando ella llegó trabajó de lo que pudo: cuidando enfermos, personas mayores, limpiando...
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Mariya fue educada en el comunismo y sin información de lo que ocurría en el mundo capitalista. “Considerábamos a los rusos hermanos y ahora nos están matando”, resume esta mujer, casi una ‘institución’ entre la población ucraniana en Navarra. La caída del muro en 1991 supuso una esperanza a la población que había vivido hasta entonces en un régimen totalitario. Ahora, Mariya que se siente mitad ucraniana y mitad española, que agradece la acogida de la sociedad de este país y la ayuda recibida (Cáritas), está pendiente de las noticias que llegan de su país.
Como lo está Denys M. (nacido en 1979), casado, con una hija de 11 años, trabajador en una empresa de Navarra, donde lleva 20 años residiendo. Y como vive también Yury K (1979), médico y trabajador en el sistema sanitario de Navarra. Yury está casado y tienes dos hijas de 7 y 15 años y vive en Pamplona desde hace 17 años. Tanto Yury como Denys presiden sendas asociaciones ucranianas en Navarra.
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Todos están pendientes de los medios de comunicación, de aquí y de allí, y del teléfono. “Ansiedad, preocupación, tristeza y dolor en el corazón”. Así resumen su sufrimiento ante las noticias que les llegan de su país. Cuentan que en el país siguen viviendo con ‘normalidad’ porque tienen que seguir viviendo. “La gente no entra en pánico porque tiene que comer, trabajar, hacer la compra, ir al colegio...”, dicen. No saben qué va a ocurrir, confundidos a veces los deseos con la realidad, pero sí es cierto que en su país se instruye para cómo actuar en caso de peligro, qué meter en el botiquín si hay que huir, qué refugios utilizar... La respuesta de Europa les da tranquilidad. “Nos sentimos apoyados por Europa. Pensamos que esta ayuda puede frenar las intenciones de Putin”, explican. “El mundo tiene que ayudarnos , es una obligación porque en 1994 se firmó el Memorándum de Budapest por el que Ucrania renunciaba a las armas nucleares a cambio de conservar fronteras. Entendemos que Europa depende mucho de Rusia, pero no se deben cambiar las fronteras. Queremos que Europa se implique para parar la guerra”, añadió Mariya.