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Sentencia de La Manada

El TSJN confirma 9 años a La Manada y mantiene que fue abuso y no agresión

El fallo no fue unánime: 2 de los 5 jueces sí aprecian agresión sexual

Ilustración de los cinco acusados en la sala.

Ilustración de los cinco acusados en la sala.

Alfredo Goñi
Actualizada 06/12/2018 a las 08:17
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La tan esperada sentencia del TSJN sobre La Manada confirmó el fallo de primera instancia: 9 años de cárcel por un delito de abuso sexual y no por agresión sexual, al descartar nuevamente que los acusados emplearan violencia o intimidación para forzar a la víctima en los Sanfermines de 2016. Pero al igual que la resolución de la Audiencia, aunque esta vez en sentido contrario, la decisión de la Sala de lo Civil y Penal del TSJN no fue unánime. Dos de los cinco magistrados se mostraron favorables a elevar la gravedad de la condena al considerar que los cinco procesados crearon “una encerrona” para intimidar a la joven, y por lo tanto debían haber sido sentenciados a 14 años y 3 meses por agresión sexual. En lo que todos coinciden es en descartar que lo ocurrido en el portal de Paulino Caballero fuera consentido.

Tras el fallo de este miércoles, el caso se elevará al Tribunal Supremo y la sentencia final no se producirá hasta el segundo semestre del año que viene. Al Alto Tribunal llegará un caso que ha sido analizado ya por 8 magistrados que han calificado los hechos de tres maneras distintas. Cinco han apreciado un abuso sexual, dos una agresión sexual y uno de ellos sostuvo que las relaciones fueron consentidas y los acusados tenían que haber sido absueltos. Pero antes de que el caso vaya al Supremo, es posible que el próximo frente judicial se produzca en breve con la petición de alguna de las acusaciones de que los condenados reingresen en prisión.

Los cinco, en libertad desde junio a la espera de sentencia firme, comparecieron ayer como cada miércoles en un juzgado de Sevilla. Lo hicieron horas después de conocer que el TSJN había rechazado todos los recursos que presentaron reclamando la absolución. Los cinco magistrados, en este aspecto por unanimidad, subrayan que la declaración de la joven fue “segura y convincente”, niegan que la imparcialidad del tribunal estuviera contaminada por la cobertura mediática y consideran “correcta” la conclusión sobre los vídeos, en los que no se aprecia consentimiento ni participación activa de la joven. Descartada por tanto la absolución, el TSJN aborda uno de los aspectos más controvertidos de la primera sentencia: si fue un abuso o una agresión sexual. Y aquí afloran las discrepancias sobre si hubo o no violencia o intimidación, lo que diferencia un delito de otro.

LA VIOLENCIA, "EXCLUIDA"

Tres de los magistrados (José Antonio Álvarez Caperochipi -ponente-, Alfonso Otero y Francisco Javier Urzainqui) respaldan la condena por abusos. Reconocen que los hechos que cometieron los acusados son “repulsivos”, “inicuos” y “vejatorios”. También exponen que el caso plantea “dificultades y dudas” por la “sutil línea divisoria” entre el prevalimiento y la intimidación, entre el abuso y la agresión. Pero no encuentran, añaden, ningún “elemento instrumental de violencia o signo intimidatorio, ni siquiera implícito en el ambiente y el grupo”, como para considerar los hechos una agresión sexual. De este modo, y ante las dudas fundadas, resuelven a favor de los acusados.

Sobre el posible uso de violencia, recuerdan que la jurisprudencia la define como el “empleo de fuerza física para coartar la voluntad de la víctima, sin necesidad de que sea objetivamente irresistible y sin exigir tampoco que la víctima se resista efectivamente”. Y en este punto destacan que ni el recurso planteado por la Fiscalía ni el de los abogados de la víctima expusieron el uso de la violencia, y además es algo que está “expresamente excluido” en el relato de hechos probados por la primera sentencia. El fallo de la Audiencia sí incluyó algunas frases como “agarrarla del pelo y rodearle el cuello”, recogen los tres magistrados del TSJN, pero añaden que, “sin más datos, no pueden equipararse a la violencia típica del delito de agresión”.

Los dos magistrados discrepantes (el presidente del TSJN, Joaquín Galve, y Miguel Ángel Abárzuza) sí aprecian acciones descritas en la primera sentencia de las que se deduce que “obligaron a la denunciante a entrar en el portal y en el habitáculo, cuyo acceso, evidentemente, no fue voluntario sino forzado, ya que tiraron de ella y la obligaron a entrar, conduciéndole a dicho recinto”. Pero como la primera resolución no las consideró violencia y las acusaciones no lo formularon, ellos no pueden llegar a una conclusión distinta, argumentan.

3 NO VEN INTIMIDACIÓN, 2 SÍ

En cuanto a la intimidación, la sentencia mayoritaria también la descarta, pero reconoce que plantea “mayores dudas”. La jurisprudencia, exponen, exige que para que haya intimidación tiene que existir “la amenaza de un mal o perjuicio para la vida o la integridad física que sea grave o inmediata de palabra o con actos”. Los magistrados subrayan que la víctima declaró que fue introducida sin violencia ni intimidación, y que la sentencia de la Audiencia recoge que adoptó una actitud de sometimiento y pasividad por la situación “subjetiva” de angustia, agobio y desasosiego que sintió, no por una “fuerza o amenaza” explícita de los procesados. “La sentencia no sustantiviza en los acusados ningún gesto que acredite una situación intimidatoria”, apuntan.

Las acusaciones argumentaron en sus recursos que la primera sentencia recogía frases que reflejaban esa intimidación: “Agazapada, acorralada contra la pared”, “encerrona que le habían tendido a la denunciante”, “escenario de opresión”, “atmósfera coactiva”, “lugar recóndito, angosto, estrecho, con una salida”. Los magistrados replican que deducir violencia o amenaza por expresiones dispersas supondría “una inferencia agravatoria”, y que estas frases se emplearon en el primer fallo para justificar el prevalimiento, una intimidación menor.

La sentencia mayoritaria también descarta que existiera “una amenaza tácita de carácter ambiental” y que los acusados planearan todo . “Todo parece acontecer de acuerdo a un encadenamiento de sucesos que en sí mismos no fueron premeditados ni preconstituidos, sino aprovechados”. Al respecto, destacan una frase de la víctima sobre su entrada al portal: “No sentí miedo ni intimidación”.

Acerca de la pena de cárcel impuesta, afirma que la vulnerabilidad de la víctima queda englobada en el prevalimiento, “sin que se pueda asumir como circunstancia agravatoria” de la pena, y que la “conducta degradante” no es una circunstancia agravante.
Los otros dos magistrados de la Sala discrepan en este aspecto. Concluyen que los acusados “configuraron una situación ambiental” para que la víctima valorase la oposición como algo “inútil”, creando una “coacción psíquica que hubiera sentido cualquier persona al verse rodeada por un grupo de varones dispuestos a satisfacer a toda costa sus apetencias sexuales”. Añaden que todos los pasos que dieron los acusados, según figuran en la primera sentencia, constituyen “un acto de intimidación y coacción creado por todos ellos” para “tender una encerrona a la víctima, teniendo en cuenta la prácticamente nula posibilidad de esta de huir y/o escapar”. Se aprovecharon, en definitiva, de “una intimidación ambiental para vencer la voluntad de la víctima”.

Añaden que hubo una “ausencia o inexistencia total del consentimiento ” por parte de la víctima, que fue “anulado por la acción de los acusados” y que hizo que la víctima viera “inútil” resistirse “ante la imposibilidad de obtener auxilio , máxime por la actitud de los cinco agresores, de consistencia física más fuerte, que manifiestan su decidido propósito de abusar del cuerpo ajeno”.

Para estos dos jueces, concurren además las agravantes de trato vejatorio y por actuar en grupo. Sobre la primera circunstancia, destacan que la víctima fue penetrada en varias ocasiones de forma simultánea, con un “innegable desprecio hacia la dignidad de una persona, aumentando su humillación de forma exponencial e innecesaria”, y que tras los hechos salieron del portal de forma escalonada, “dejando a la víctima tirada en el suelo y medio desnuda”. Esta situación, añaden, fue aprovechada por uno de los acusados para robarle el móvil con evidente ánimo de lucro pero también “con la clara finalidad de impedir que la víctima pudiese solicitar ayuda de forma inmediata”.

CLAVES

1. Violencia. Para que exista un delito de agresión sexual es necesario que los autores empleen violencia o intimidación. La violencia, según la jurisprudencia, es el empleo de fuerza física suficiente para coartar la voluntar de la víctima sin necesidad de que sea objetivamente irresistible y sin exigir tampoco que la víctima se resista efectivamente, según el Tribunal Supremo.

2. Intimidación. La agresión sexual también se da si hay intimidación. Según el Supremo, supone “el empleo de cualquier forma de coacción” y no vale con que la víctima se sienta intimidada, es preciso que haya un elemento externo objetivo y suficiente. “Implica la amenaza de un mal o perjuicio para la vida o la integridad física que sea grave e inmediato, amenaza realizada de palabra o mejor aún mediante actos concluyentes”.

3. Prevalimiento. No implica agresión sexual sino abuso y la diferencia con la intimidación es “sutil”. El prevalimiento es “aprovecharse de unas circunstancias propicias de tiempo y lugar, desnivel notorio que coarta la capacidad de decidir”, según la jurisprudencia.

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