Carlos Garaikoetxea, exlehendakari de la Comunidad Autónoma Vasca


Actualizado el 07/05/2026 a las 07:49
E L pasado lunes 4 de mayo, por la tarde, se produjo uno de esos acontecimientos que te encogen el alma y permiten comprobar lo limitado de nuestra vida. Fue la triste noticia del fallecimiento repentino del pamplonés Carlos Garaikoetxea Urriza (1937-2026), tras una vida personal, profesional y política fecunda.
Como han destacado los medios de comunicación, su trayectoria pública ha sido la de una de las personas más relevantes tras el establecimiento del régimen democrático en España y en la construcción del autogobierno vasco. No voy a entrar en ella, suficientemente expuesta, sino en aspectos personales para conocerle más allá de la notoriedad política y mediática y los oropeles de las instituciones.
Carlos tenía oriundez rochapeana, donde su padre creó frente a la parroquia de El Salvador una empresa de carpintería que creció con trabajo y tesón. En el barrio formó la familia y ejerció la convivencia de su pensamiento tradicionalista siendo presidente del ‘Círculo’. Mi madre Teresa era una de las jóvenes “margaritas” y cuando se refería a él le llamaba “D. Juan”. Por ella supe de la relación que mantuvo con mi abuelo Julián y su hermano Demetrio Aranguren, que vivían muy cerca.
A Carlos lo conocí en el Colegio Calasanz de los PP. Escolapios de la calle Olite. Como era de cursos superiores, los inferiores los teníamos de referencia, mayor cuanto lo era su vinculación a la congregación por haber estudiado en Pamplona, Orendain o Irache. Tras los estudios de bachillerato en Pamplona fue a la Universidad de Deusto (Bilbao) a estudiar Derecho y Economía, en una formación que le habilitó para el mundo de la empresa. Trabajó en varias hasta terminar en Mina de Huarte tras el fallecimiento de su cuñado Diego en un accidente de montaña en el Rincón de Belagua junto con Arias y Echalecu. En este periodo de actividad profesional fue elegido presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Navarra (1962-1972), representándola en el Consejo Foral Administrativo de Navarra. Fue en él una voz joven llena de afán renovador del orden institucional foral para superar su anquilosamiento conservador y dependiente de las estructuras del régimen.
En las postrimerías del franquismo, Carlos vio nuevos horizontes y decidió comprometerse en la construcción del nuevo país en la política activa del Partido Nacionalista Vasco a partir de 1975, mientras ejercía la abogacía en Pamplona. Como en la canción Itxarkundia: “Askatasun eguzkia / basotik irten da / bere argia edonun /arin zabaltzen da. / Itxartu naiz euskotarra / aupa euskaldun guztiak. / Gora antxinako lagiak” (“El sol de la libertad / está saliendo por el bosque, / y su luz se expande / por todos los rincones. / Despierta hermano vasco / adelante euskaldunes. / Gora nuestras viejas leyes”).
Acudió a la vida pública desde la ideología del personalismo comunitario cristiano que conoció en profundidad en Deusto por sus lecturas de Maritain y Mounier, ampliándolas en sus estancias en París y Londres. La presencia en la gestión empresarial le amplió su visión de los problemas sociales y llevó a una actitud crítica del capitalismo para lograr una mayor justicia social, que fueron revulsivos para abandonar el mundo de la empresa y comprometerse con el establecimiento de un régimen constitucional y democrático que reconociese los derechos históricos de los territorios forales, como hizo la Constitución española de 1978.
Del vasquismo romántico de los navarros éuskaros como Campión, cuya obra conocía muy bien, pasó a otro más político que encontró en la ideología demócrata cristiana del PNV, que en aquel tiempo de clandestinidad estaba en las bases doctrinales de Dom Sturzo y en un foralismo tradicionalista. Carlos, siguiendo la frustrada trayectoria del lehendakari Aguirre, se propuso renovarlos avanzando en una ideología socialcristiana hacia la socialdemocracia europea, superando las estructuras históricas para construir un autogobierno fuerte, con instituciones y poder real, en un Estado que incorporase el confederalismo foral. Ambos objetivos tuvieron serias dificultades que acabaron en enfrentamientos y demostraron la razón y experiencia del viejo demócrata cristiano Andreotti sobre las luchas partidistas: “Los de fuera son contrincantes; los enemigos están dentro”.
Aunque le doliese, porque era una persona sensible, lo llevó con paciencia estoica, consciente de que el tiempo y la Historia colocan a cada uno en su sitio. No se dejó llevar por la tentación de facilidad ni abandonó sus responsabilidades, asumiendo que actuaba con congruencia consigo mismo y con su compromiso con la sociedad. Como abrió caminos, le cayeron piedras. Como innovó, le descalificaron los conservadores. A pesar de todo, siempre buscó la luz de la estrella polar que le guiaba, consciente de que al final de la vida sólo cuenta la obra bien hecha.
Su esposa María Sagrario, sus hijos Carlos y María, Iban y Marta, Mikel y Miren, sus cinco nietos, su hermano menor Miguel Ángel y Jone han tenido en vida el amor, la compañía y el ejemplo de Carlos, una persona buena, culta, generosa, entregada en cuerpo y alma a su país. Tuvo en casa el apoyo en los momentos difíciles de su trayectoria, cuando fue rechazado y marginado por los suyos, que demostraron no ser tanto. Hoy ha de ser para vosotros un ejemplo que os ilumine y guie como: “goizeko izarra / guztiz argia / mantxarik gabe / ikusten da. / Baña maitia / zure onduan / garbiagoa da. / Agur matia / nere eguzkia / agur, agur, / betiko agur” (“Estrella de la mañana. / En el cielo sin mancha lleno de luz se ve la estrella de la mañana. A tu lado amor está más limpia. Adiós amor y mi sol, adiós para siempre”).
Con la condolencia para su familia de un oriundo rochapeano y condiscípulo escolapio. Goian bego lehendakari jauna. Lurrak arinki atseden dezala zure gainean.
Juan Cruz Alli fue presidente del Gobierno de Navarra.
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