Germana Mazuelas Salvador, una mujer fuerte y trabajadora social


Actualizado el 07/05/2026 a las 07:50
El pasado 23 de abril falleció Germana Mazuelas Salvador (Renedo de Valdivia, Palencia, 1937), hija primogénita de Germán y Saula, viuda de Jesús Dionisio Arteaga Salinas. A su hija Miren y a Miguel Noáin, a sus hermanos, la condolencia personal y de las pocas compañeras de la primera promoción de la Escuela Diocesana de Trabajo Social que vamos quedando.
La vida de Germana ha sido el exponente de una persona inteligente, estudiosa, con afán de superación, entregada a los demás por amor, que le llevaron a ser una trabajadora social profesional. Siendo la mayor de seis hermanos le tocó apoyar a su madre en la atención a la familia, compaginando el trabajo doméstico con sus estudios de primaria, secundaria y bachillerato en Carrión de los Condes, continuados en Madrid con las Hijas de la Caridad y terminados en los años 70 en el nocturno del Instituto de la Plaza de la Cruz.
Fue una tía religiosa hospitalaria del Hospital Psiquiátrico San Francisco Javier, conocido localmente como ‘La casa colorada’, quien la trajo a Pamplona para trabajar como interna en servicios múltiples. La creación de la Escuela de Asistentes Sociales Santa Luisa de Marillac en Pamplona, en 1960, facilitó que, por su afán de superación personal y profesional y vocación de servicio, dejara el trabajo para matricularse, simultaneando los estudios (1960-1963) con el de empleada doméstica en casa del canónigo D. Mariano Laguardia, que era profesor del Seminario Diocesano y del centro y vivía con su madre en el Arcedianato. Cuando estos estudios pasaron a ser universitarios homologó el título al de “trabajadora social”, transformándose de “profesional del amor caritativo”, como las definió una autoridad eclesiástica, a gestora de servicios sociales privados o públicos para superar la caridad y el paternalismo practicando la solidaridad y la justicia sociales propios del Estado social.
Su primer trabajo profesional (1963-1966) como asistente social lo realizó con Cáritas en la parroquia de Echavacoiz, entonces el primer punto de llegada de migrantes, donde se implicó en cuerpo y alma en la atención humana y la solución de sus problemas de todo tipo. Su tesina de fin de grado fue sobre la sociología del barrio, sus habitantes y la atención a sus vecinos. A partir de marzo de 1966 desempeñó su trabajo como funcionaria en el Hospital de Navarra hasta 1992, del que pasó al Departamento de Educación en el CREENA y los talleres profesionales de enseñanza no reglada, hasta su jubilación forzosa en 2007.
Una vez situada profesionalmente consiguió uno de sus objetivos personales, que fue la reagrupación familiar, viniendo a Pamplona sus padres y hermanos con un nuevo horizonte de vida. Para quien tanto dio a los demás, el hacerlo con los suyos fue una satisfacción, permitiéndole iniciar otro proceso de entrega como esposa y madre, que fue su matrimonio con Jesús Arteaga Salinas en 1975 y su hija Miren, nacida en 1977. En ellos encontró el amor, la comprensión y el apoyo en todos sus retos personales y sociales, que fueron muchos. Ambos participaron de su compromiso social, acogiendo en su casa durante los veranos niños de Bosnia, Rusia y Ucrania, a madres en pobreza con menores, acompañando a familias emigrantes en su integración, atendiendo a todos sin pedir nada a cambio.
Tras la jubilación, una persona activa y generosa como Germana no podía cejar en su compromiso personal de servicio y entrega a los demás. De lo profesional pasó al voluntariado en Caritas de Ermitagaña, en el equipo de acogida del Centro Nazaret de Satrústegui, en el Hogar para Mujeres de la M. Teresa de Calcuta en Murcia, en el hogar del P. Patera en Algeciras y en la Casa de las Religiosas de María Inmaculada en Bobo Dioulasso en Burkina Faso. El carisma de las Misioneras de la M. Teresa fue su última vinculación a las congregaciones religiosas con las que construyó su vida personal: las Hijas de la Caridad, las Hospitalarias y las de María Inmaculada. Lo que aprendió, vivió y practicó fue la fe hecha amor, entrega y obras para los más necesitados. Tuvo un sentido natural de la encarnación, de colocarse en el lugar del otro y de sus necesidades, poniendo su inteligencia, formación y trabajo a su servicio.
Germana fue una trabajadora social vocacional, porque estaban en su espíritu la entrega y el servicio, la aportación a la conciencia colectiva de que están entre nosotros, del deber caritativito o solidario con ellos por parte de todas las personas, estamentos sociales y poderes públicos para integrarlos y no marginarlos.
Con 86 años ingresó en la Casa de Misericordia, ‘La Meca’ pamplonesa, y ha fallecido con 88, tras una vida de servicio a cuantos vio con problemas que pudiera ayudar a resolver. Fue un ejemplo de la mujer fuerte bíblica, que “vale mucho más que las perlas. En ella confía el corazón de su marido. Proporciónale ventura, no desgracia, todo el tiempo de su vida. […] Tiende su mano al desvalido y alarga la mano al menesteroso. […] Alzase su hija y la clama bienaventurada […] Dadle del fruto de sus manos y alábenla sus obras en las puertas [de la ciudad]” (Proverbios, 31, 10-31). Descanse en paz.
* La autora es compañera de promoción de la fallecida.