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¿Cuál es el valle conocido como la ‘pequeña Rusia’ de Navarra?

Cinco diminutos pueblos de Tierra Estella parecen estar encajonados en un agujero entre sierras

El lavadero de Ulibarri, una de las localidades del valle de Lana
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El lavadero de Ulibarri, una de las localidades del valle de Lana
El lavadero de Ulibarri, una de las localidades del valle de Lana

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Iñigo Alzueta

Actualizado el 14/02/2025 a las 14:49

Si miramos el mapa de Navarra en relieve, hay un valle que parece haber sido excavado a conciencia, una especie de cazuela encajonada entre sierras y crestas de más de mil metros de altitud. Es el Valle de Lana, en Tierra Estella, un diminuto rincón al oeste de Navarra, lindando con Álava. Está a más de 60 km de Pamplona, y a unos 50 de Vitoria, casi en tierra de nadie.

Gracias a esta depresión oradada dentro de la sierra de Lóquiz, la zona tiene la fama de ser uno de los congeladores de Navarra, la ‘pequeña Rusia’, como recuerdan en la merindad. Así se recoge en el portal oficial del valle (valledelana.com). Y así se refieren también a ese lugar en las visitas guiadas al Manantial de Arteta, en el Valle de Ollo. Ambas zonas comparten la característica piedra caliza que esculpe la orografía de las sierras de Urbasa y Andía.

Debido a su aislamiento geográfico, el Valle de Lana “es uno de los lugares más desconocidos de Navarra, no siendo un lugar de paso, sino al que hay que entrar específicamente para visitarlo”, señala la web municipal. Está formado por cinco localidades: Galbarra, Viloria, Ulibarri, Narcué y Gastiain, que suman algo menos de 200 habitantes.

El periodista Javier Iborra mostraba en la revista número 71 de Conocer Navarra el encanto de este calmado valle donde parece haberse detenido el tiempo. “El acceso por carretera es espectacular. La temida cuesta del Callejón, el puente sobre el río Ega, la chopera con sus eternos colores ocres, el abigarrado mar de encinas que envuelve todo el horizonte y un desfiladero que, como todas las puertas angostas, augura la entrada a un paraje singular, aquel al que llaman Rusia”, describía entonces. “Todos los pueblos del valle están tan cerca unos de otros que quedan a la vista, aprisionados por la sierra de Lóquiz. Son diminutos, apenas grupitos de casas alrededor de una iglesia, y encantadores”, recordaba Iborra. 

Un retrato de una zona que también cautivó al director Montxo Armendáriz, que la convirtió en un plató cinematográfico de la mano de la película 'Tasio' (1984). El cineasta navarro se convirtió en el embajador de este frío valle, poniendo en valor el trabajo de los antiguos carboneros, su seña de identidad. Ahora que el invierno aprieta, sé que mi próxima búsqueda en Google será ‘El tiempo en Lana’.

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