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Turismo Navarra

Lana, el encanto rural del valle de los carboneros

El valle de Lana es un pequeño espacio aislado, lleno de personalidad, que se ubica bajo la sierra de Lokiz en la muga con las tierras alavesas

Apoyado en un palo, Miguel Lander Asarta remueve las entrañas de la carbonera (ubicada en Viloria) en la práctica conocida como 'Betagarri'.
Apoyado en un palo, Miguel Lander Asarta remueve las entrañas de la carbonera (ubicada en Viloria) en la práctica conocida como 'Betagarri'.
Actualizada 02/09/2020 a las 10:39

En el valle de Lana, el tiempo ha quedado detenido. Sus cinco pequeñas localidades, atrapadas bajo las rocas de la sierra de Lokiz, conviven en un espacio aislado, propio, que les ha conferido una forma de ser única. Viloria, Narcué, Ulibarri, Galbarra y Gastiáin comparten este espacio conocido en la zona como La Rusia navarra, por la dureza de sus condiciones de vida en el invierno. Un valle pequeño, desconocido para muchos, hasta que desvelamos el nombre de uno de sus personajes más conocidos: Tasio, el carbonero inmortalizado en la película de Montxo Armendáriz.

Para descubrir el valle de Lana, debemos acercarnos hasta Acedo, casi en la muga con la provincia alavesa. Desde esta localidad, una carretera local de trazado sinuoso –la NA 7240– nos lleva hasta la primera de las localidades, Galbarra, y desde allí a las otras cuatro en sucesivos desvíos que nos van acercando a los cresteríos de Lokiz. Tanto sea por la misma carretera como por los caminos de parcelaria que abundan en el valle, merece la pena perderse en un paseo entre sus pequeños núcleos de población.

GALBARRA

Es la capital administrativa de Lana. Merece especial mención entre sus edificios la Casa Osés, junto al frontón, que cuenta con un gran escudo familiar. Este es el lugar de nacimiento de D. Joaquín Osés de Alzúa, que llegó a ser arzobispo de Cuba en 1803. También debemos conocer su iglesia, de origen románico, tal y como podemos observar en su puerta de entrada y en la torre que se eleva sobre el casco urbano.

VILORIA

Además de su iglesia, cuya torre del siglo XVI vigila a todo el pueblo, en Viloria podremos encontrar uno de los escenarios más recordados de la película Tasio, el frontón en el que bailaban los protagonistas al ritmo de los acordeones. En Viloria, la tradición del carboneo sigue presente. En la zona conocida como Las Eras se pueden seguir viendo, en la época estival, estas curiosas construcciones en las que se fabrica carbón vegetal como se ha venido haciendo desde tiempo inmemorial. Un paseo entre sus casas, algunas de ellas decoradas con escudos, nos permite descubrir además el trabajo del escultor inglés Paul Montague, que tiene en este pueblo instalada su forja.

ULIBARRI

Por el camino que llega de Viloria, se accede al antiguo lavadero hoy restaurado, un rincón lleno de encanto que se completa con una fuente de piedra. Es un pueblo muy cuidado, con caserones antiguos que lucen orgullosos las armas del valle. En la iglesia de Santa María podremos descubrir un antiguo crismón románico, único vestigio del antiguo templo en un edificio casi completamente datado en el siglo XVI.

NARCUÉ

Es el pueblo más pequeño y se sitúa casi bajo las peñas del cresterío de Lokiz. En lo alto del pueblo, aparece la iglesia de San Millán, que conserva un ábside y un crismón románico. En la zona más llana del pueblo se encuentra un bonito lavadero y su fuente. Y en la parte baja del pueblo destaca la Casa Juan Cruz, con sus ventanas enrejadas, su escudo rococó y una curiosa concha tallada sobre las ventanas del lado sur.

GASTIÁIN

Por último, llegamos a Gastiáin. Se trata de la localidad más grande y poblada. Merece la pena detenerse en un callejeo para descubrir en las casonas los escudos tanto del valle como de la familia García-Zuñiga. De este pueblo era originario el pintor Inocencio García Asarta, cuya extensa obra puede hoy disfrutarse tanto en el Museo de Bellas Artes de Bilbao como en el Museo de Navarra.

LOS CARBONEROS

Si por algo es conocido este valle es por haber mantenido vivo el recuerdo del antiguo oficio del carbonero. Un oficio que no ha cambiado durante siglos, desde la recogida de leña a la venta del carbón. Antaño, era la energía que movía las ferrerías, hoy este carbón vegetal alimenta los fogones de los asadores. Ya no se hacen en lugares escondidos del bosque, sino en las cercanías de los pueblos. Por ello, es fácil acercarse a verlas en verano, aunque ya sean muy pocas las personas que siguen este rito.

Resulta sorprendente ver la matemática disposición de los troncos en los inmensos círculos de tierra, los más gruesos en la base, los más finos arriba. Y en el centro, el espacio vacío que se rellena de paja, hojas y tierra y sobre la que se inicia el fuego. El sistema permite una cocción muy lenta, generando un carbón de gran calidad. Un proceso en el que la paciencia resulta compañera indispensable y que narran con sabiduría los pocos carboneros que siguen en pie con este arte. Una forma de vida que todavía es posible descubrir en este escondido y personal valle de Lana.

 

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