Historia

Qué mensaje esconde un cilindro entre campos en la Zona Media de Navarra

Una escultura en el parque eólico de Moncayuelo (Falces) recuerda una cruenta campaña musulmana de la historia de Navarra

Monumento Falces Abderramán
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El monumento, con forma cilíndrica, recoge el paso de Abderramán III por el término de Falces. En tres idiomas, castellano, euskera y árabe, describe las razzias del emir por tierras navarras
Monumento Falces Abderramán

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Iñigo Alzueta

Actualizado el 26/11/2024 a las 09:21

¿Qué hace plantado un cilindro en mitad de la nada en la Zona Media de Navarra? El parque eólico de Moncayuelo, en el término de Falces, cuenta con algo más que molinos. Una escultura cilíndrica es la sorpresa de esta zona de vistas privilegiadas que fue testigo del paso de uno de los ejércitos más temidos por los navarros: el musulmán. Allá por el año 924 d.c., el mismo Abderramán III y sus huestes desfilaron por este punto camino de Pamplona para arrasar e incendiar todo lo que se encontraban a su paso, desde pueblos, elementos defensivos y hasta las cosechas que se estaban recogiendo en pleno verano. La población fue previamente evacuada de las aldeas. Es la llamada campaña musulmana de Pamplona, que recoge el historiador Alberto Cañada Yuste en su libro del mismo nombre (1976).

La escultura allí presente es obra de Vicente Galbete, y fue inaugurada en 2005. Recuerda el tránsito de los musulmanes por este lugar, un 14 de julio. La fecha se observa claramente en la fotografía. Figura en la parte superior del monumento, de 3,6 metros de alto y 1,2 metros de diámetro. Esta obra recoge las razzias de Abderramán III en un texto en tres idiomas: castellano, euskera y árabe. La expedición musulmana entró en Navarra durante ese verano de 924 desde Tudela, pasando por Cárcar, Peralta, Falces, Tafalla y Carcastillo. Siguió su ruta destructiva por otras localidades más al este de la Navarra actual, como Rocaforte-Sangüesa (posible lugar de origen del rey Sancho Garcés I) y Lumbier, por citar las más destacadas.

En su trayecto, cuentan los historiadores que llegó a introducirse por los desfiladeros de las montañas vasconas, atacando al rey cristiano Sancho Garcés I en sus reductos naturales y en el mismo corazón del todavía Reino de Pamplona: su capital Pamplona. La saqueó el 24 de julio. También destruyó varias fortalezas. Por ejemplo, el castillo de Leguín (Valle de Izagaondoa). Hoy en ruinas, entró en la historia gracias a la furia de Abderramán III, que lo arrasó el 23 de julio, un día antes de caer Pamplona. Las referencias documentales sitúan a este castillo como uno de los más antiguos de Navarra.

Alcanzada Pamplona, el rodillo de Adberramán III siguió su curso y se metió “hasta la cocina” de Navarra: Sajrat Qays (Arakil) o el castillo de Garaño, como apunta el historiador Iñaki Sagredo en su libro ‘De los vascones al Reino’ (2023). Allí el emir tomó el billete de vuelta de camino a Córdoba, dejando su huella por Tierra Estella (Mañeru, entre otros pueblos), Valtierra y Tudela antes de abandonar la Navarra que hoy conocemos. La campaña del emir no tuvo como objetivo conquistar nuevos territorios, sino fijar fronteras con los cristianos y castigar de paso a su enemigo Sancho Garcés. El rey navarro se negaba a pagar impuestos a los musulmanes y hostigaba frecuentemente la línea fronteriza. Una venganza cuyo recuerdo sigue vivo a través de esta escultura solitaria en la Zona Media de Navarra.

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Preciosa imagen original facilitada por Txarli Zudaire. El monumento emerge en una noche de marzo de 2023. La contaminación lumínica de Tafalla se filtra entre el texto del cilindroTXARLI ZUDAIRE
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