Curiosidades

El muro que esconde un secreto en el Soto de Lezkairu de Pamplona

Unas obras de remodelación de la zona en 2007 sacaron a la luz una infraestructura con un pasado floreciente en la historia de la ciudad. Unos restos que siguen en pie junto a la fuente de la Teja ajenos a la importancia que tuvieron

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Este muro, que brota de la nada, es un vestigio de la antigua canalización de la traída de aguas desde Subiza a Pamplona, de 1790. La actual fuente de la Teja descansa sobre esta infraestructura
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Iñigo Alzueta

Publicado el 14/10/2024 a las 05:00

Un muro solitario, junto a la fuente de la Teja, en el Soto de Lezkairu, es testigo mudo cada día del paso de cientos de pamploneses y pamplonesas. Se ubica junto a un estrecho camino asfaltado que conecta el barrio de Mendillorri y el Parque de las Pioneras, próximo a un puente. Este murete parece brotar de la zona ajardinada unos pocos metros más arriba. Va ganando altura conforme se acerca al camino peatonal, y está coronado en su parte central por una gran piedra circular a modo de losa que llama la atención. No es un muro cualquiera, pero los paseantes siguen caminando ajenos a esta particularidad. Parece que esta construcción tuviera vida propia y nos quisiera contar algo.

La gente desconoce quizá que se encuentra ante uno de los restos de una de las obras hidráulicas más importantes de la historia de la ciudad: la traída de aguas de Subiza hacia Pamplona. Fue un proyecto de gran envergadura para la época, en 1790. Por fin, los pamploneses de antaño podían beber agua de mayor calidad, procedente de las faldas del monte El Perdón hasta el corazón de la ciudad. Una conducción de 16 kilómetros lo hacía posible. Estaba mayormente soterrada, y salvaba obstáculos con al menos tres acueductos: el de Noáin, junto a la AP-15, y otros dos en las inmediaciones de la localidad de Tajonar. Su camino continuaba por el tramo que nos ocupa.

Esta canalización salió a la vista con la profunda reurbanización de la zona, en 2007, que mantuvo este pequeño fragmento del conducto pero no la fuente de la Teja original, de 1885. La actual es una reconstrucción, adosada al muro. Al menos se levantó con parte de las piedras originales que se guardaron en un almacén municipal durante las obras del barrio.

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Parte de la canalización asomaba en las obras del Soto de Lezkairu en 2007ARCHIVO
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La mencionada piedra del muro que se alza solitaria no es otra cosa que una tapa de registro de la canalización. Basta con levantar la vista desde allí y ver cómo el camino actual para peatones corta el trazado original de la canalización, amputado en este punto de paso. Pero en línea recta, el trazado original continúa más adelante, oculto por la vegetación durante unos pocos metros, hasta volver a sumergirse bajo la tierra y el olvido. Esta infraestructura hídrica entró en desuso en 1895 gracias al aprovechamiento del manantial de Arteta.

Bocamina del Soto de Lezkairu
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Esta bocamina, que daba acceso a la canalización, fue tapada junto a la gasolinera del Seminario. Los técnicos decían que la galería discurría a lo largo del subsuelo de la estación de servicioARCHIVO
Bocamina del Soto de Lezkairu

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Cuentan los técnicos municipales que acometieron las obras de transformación del entorno que el tramo soterrado de agua discurría también bajo la actual gasolinera junto al Seminario camino de los fosos. Los operarios decían que era transitable, aseguraba el arquitecto Javier Ayesa en Diario de Navarra en marzo de 2007. “Lo más curioso es que algunos de los unifamiliares de la carretera de Badostáin habían utilizado como cimientos la propia conducción. Pero también lo es que la galería apenas ha sufrido con la construcción de la gasolinera, que va justo encima. De hecho, nosotros mismos hemos accedido por la caseta y hemos recorrido unos 300 metros del túnel sin ningún problema», afirmaba Ayesa.

Esa caseta fue sepultada, y actualmente se ubicaría en las proximidades de un paso de cebra junto al perímetro de la gasolinera, en la zona de lavado de vehículos. La bocamina que sí se conserva perfectamente se encuentra a plena vista en el otro extremo del canal, en el inicio de la subida a Mendillorri. Una verja metálica impide acceder a su interior, pero se intuye la trayectoria que llevaba la conducción hacia la capital, un paseo de agua que emana lleno de curiosidades.  

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