Historia

El largo viaje de la reina Toda Aznárez de Pamplona hasta Córdoba para someter a su nieto a una extrema cura de adelgazamiento

Los 240 kilos de sobrepeso de Sancho I de León pasaron a la historia en una época donde los gimnasios y los centros de tratamientos estéticos no se estilaban como ahora

Toda Aznárez, tal y como se la pintó en el siglo XVI en la Genealogía de los Reyes de Portugal
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La reina Toda Aznárez, una alquimista de las alianzas para proteger el Reino de Pamplona
Toda Aznárez, tal y como se la pintó en el siglo XVI en la Genealogía de los Reyes de Portugal

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Iñigo Alzueta

Actualizado el 19/09/2024 a las 10:29

Imagínese una escapada turística desde Pamplona para descubrir los encantos de Córdoba. En tren, por ejemplo, costaría en torno a cinco-seis horas. Un viaje efímero en comparación al que tuvo que hacer una reina de Pamplona y su comitiva al corazón de la capital del califato en las raíces de la Edad Media: Toda Aznárez. Con nada menos que 80 años de edad, se adentró en territorio enemigo en un periplo de 700 kilómetros en el año 958 d.c. buscando el mejor centro de adelgazamiento de la época. No era otro que el del médico Hasday ibn Shaprut, a las órdenes del temido califa Abderramán III.

Un viaje no exento de peligros pero que la reina cristiana vivió con cierta calma gracias al acuerdo de no agresión que tenía firmado con el líder musulmán. No en vano, era su sobrino, y Toda jugó las bazas del parentesco para no ser atacada. Curiosamente, el tratamiento médico no era para ella, sino para su nieto Sancho I de León. El joven no podía opositar al trono del reino de León por una cuestión de sobrepeso y estaba mal visto entre la nobleza leonesa y castellana. Pesaba 240 kilos y tenía el sobrenombre de 'El Gordo'. De hecho fue destronado por este motivo, y Sancho pasaba los días en Pamplona con su abuela, que le daba protección.

Así que el doctor de Abderramán III, de origen judío, se puso manos a la obra, y sin medias tintas, impuso una estricta dieta al pobre Sancho en la sede de Al-Ándalus: infusiones durante 40 días, ni un alimento más en la primera fase del tratamiento. Perdió más de 100 kilos a lo largo de un año. El médico no tuvo piedad con el aspirante al trono. Dicen las crónicas musulmanas (cronista al-Makkari) que le llegó a atar de pies y manos para que no cayera en la tentación de comer otras alternativas. Incluso le cosió la boca, y Sancho bebía esas infusiones con una pajita. 

El blog cultural www.artencordoba.com todavía aporta más detalles. La terapia “le produjo vómitos y diarreas por lo que el proceso se aceleraba. De igual manera, la visita a la sala caliente de los baños era casi diaria con la finalidad de hacerlo sudar. En el hamman también le daban masajes para disminuir la flacidez de la piel. Todo se combinó con ejercicios físicos cada vez más exigentes”, señala este portal. Una dieta milagro por las bravas, sin duda.

Este salvaje método hoy estaría prohibido, pero en la Edad Media era el precio que había que pagar con tal de lucir una corona. Y así fue, porque el renacido Sancho, más refinado y esbelto tras el tratamiento, volvió a León y recuperó el trono con la ayuda del ejército de su abuela y también de las tropas musulmanas, aliadas inesperadas. Y sin un gimnasio de por medio. 

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