Curiosidades

Un castillo de Navarra, una princesa encerrada y el amor imposible de un bandolero

La curiosa leyenda del cautiverio de la princesa Blanca de Navarra en el castillo de Peñaflor en las Bardenas Reales y las visitas nocturnas del bandido más temido de la zona, Sanchicorrota

Este arruinado castillo, que algunos denominan de doña Blanca, fue mandado levantar hacia 1220 por Sancho VII el Fuerte, junto con unos cuantos más repartidos por otros cabezos de las Bardenas, con objeto de vigilar y defender la línea fronteriza con Aragón, y a la vez poner coto a las numerosas partidas de bandoleros que tenían atemorizadas a las gentes de la comarca.

El castillo está situado sobre un escarpado cerro de difícil acceso, cada vez más dañado por la erosión, que con el tiempo posiblemente acabará por hacer desaparecer estas evocadoras ruinas.
Un incendio en 2021 asoló el entorno del castillo de Peñaflor
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Las llamas asolaron el entorno del castillo de Peñaflor el verano de 2021, en el corazón de las Bardenas Reales
Este arruinado castillo, que algunos denominan de doña Blanca, fue mandado levantar hacia 1220 por Sancho VII el Fuerte, junto con unos cuantos más repartidos por otros cabezos de las Bardenas, con objeto de vigilar y defender la línea fronteriza con Aragón, y a la vez poner coto a las numerosas partidas de bandoleros que tenían atemorizadas a las gentes de la comarca.

El castillo está situado sobre un escarpado cerro de difícil acceso, cada vez más dañado por la erosión, que con el tiempo posiblemente acabará por hacer desaparecer estas evocadoras ruinas.
Un incendio en 2021 asoló el entorno del castillo de Peñaflor

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Iñigo Alzueta

Actualizado el 19/09/2024 a las 13:55

En la Edad Media, los castigos reales por indisciplina eran mayúsculos. Buceando en la historia de Navarra, hay un ejemplo singular sobre esto. Cuenta la leyenda que en el siglo XV, la princesa Blanca II de Navarra habría sido encerrada a pan y agua por su padre, Juan II de Aragón, en el Castillo de Peñaflor, en el corazón de las Bardenas Reales. El motivo: la oposición frontal que la hija hizo a su padre por los problemas en el derecho de sucesión al trono de Navarra. Ella entendía que era la heredera poco antes de la muerte de su hermano, el Príncipe de Viana, al que también habían negado la corona. Pero Juan II no estaba dispuesto a ello.

En pleno cautiverio, dicen que cada noche se acercaba al castillo el hombre más temido de la zona, el bandolero Sanchicorrota, perdidamente enamorado de la joven. Para granjearse su amor, le entregaba en cada visita leche y queso para sobrellevar la estricta dieta de su padre. Unos regalos que no iban a abrir las puertas del corazón de la princesa. ¿Cómo iba a casarse un malhechor con esta joven de sangre azul?

El escritor Navarro Villoslada fantasea en su novela histórica ‘Doña Blanca de Navarra’ con esta leyenda-historia, que la ubica en este lugar pero con un baile de personajes. Nunca sabremos realmente si el visitante nocturno al castillo era este famoso bandolero (incluso pudo ser su captor), o un simple pastor de la zona o incluso otro maleante enamoradizo llamado Jimeno que habría combatido contra Sanchicorrota, como se cuenta en el libro. Incluso Blanca quizá nunca habría pisado el castillo. Lo que sí es cierto es que Sanchicorrota se suicidó ante el acoso del ejército del rey Juan II, padre de Blanca. El monarca estaba harto de los saqueos de este escurridizo bandido, que colocaba los herrajes de su caballo al revés para confundir a las autoridades en su búsqueda.

El caso es que la princesa, una vez liberada de su cautiverio, habría regalado las tierras lindantes al castillo al hombre que curó sus penas “digestivas” entre rejas. Hoy solo se mantiene de la fortaleza, del siglo XIII, el torreón donde dicen estaba la princesa presa. Está expuesto al deterioro y a la erosión sobre un peñasco, en el Vedado de Eguaras, en la localidad bardenera de Valtierra. Al menos mantiene viva la llama del recuerdo de la princesa: el castillo también se denomina Blanca de Navarra.

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