Curiosidades
Qué ver en Pamplona: las termas romanas que asoman semiocultas en el corazón del Casco Viejo
La calle Compañía de la ciudad esconde varios restos de estos baños públicos donde los romanos disfrutaban de la buena vida


Actualizado el 21/10/2025 a las 13:09
Pamplona toma el nombre de Pompeyo, el general romano que llegó a la ciudad en torno al año 75 a.C. y que puso las bases de la cultura de Roma en la ciudad. Un legado que sigue muy vivo, aunque oculto en el subsuelo del Casco Viejo de la ciudad. Si caminas por las calles Curia y Compañía, bajo tus pies tienes un tesoro: una de las termas romanas de Pamplona.
Hoy los pamploneses y pamplonesas soportamos el verano en piscinas o a orillas del río Arga, pero los romanos no se lo montaban nada mal. En el portal del número 3 de esta última calle (edificio de alquiler), bajo sus cimientos, asoma tímidamente un muro exterior de estas instalaciones públicas donde aquellos romanos disfrutaban de baños y conversaciones, una seña de identidad de esta civilización. Pamplona no fue una excepción. A través del cristal del exterior del edificio brota una parte minúscula del muro correspondiente al cierre noreste de las termas. Durante el día pasa inadvertido, pero a la noche, brilla con luz propia: este vestigio romano está iluminado.


Los romanos pasaban horas allí en esta sala calefactada, adornada de bellos mosaicos, columnas y mármoles. En ella se aseaban, relajaban, ejercitaban y socializaban, reza un panel informativo a pie de calle. En el propio plano se observa que gran parte de esta terma se ubica bajo el actual albergue de peregrinos ‘Jesús y María’ y los edificios aledaños hasta la confluencia con la calle Curia. A la vista de su superficie, este complejo termal de casi 2.000 años de antigüedad y que se encuentra documentado, presentaba unas dimensiones generosas.


Diversas excavaciones arqueológicas han sacado a la luz también en estas dos calles un fragmento de un mosaico y una basa de una columna, además de un gran arco de acceso a las instalaciones próximo al muro. Lástima no poder tomar allí un baño como nuestros antepasados. Al menos puedes descubrir un trozo de la Pamplona enterrada y dar un salto imaginario a la buena vida romana.
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