Historia

Las bolas de piedra que lanzaban en catapultas desde la Navarrería de Pamplona en la Edad Media y que puedes tocar

La Belena de Portalapea o San Cernin, un estrecho rincón histórico de Pamplona, acoge nueve bolardos de piedra, testigos de la guerra de la Navarrería (1276) entre los tres burgos de la ciudad

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Los bolardos de piedra descansan en el corazón de la belena, junto a los restos de la muralla del burgo de San Cernin de Pamplona: un viaje al medievo pamplonés
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Iñigo Alzueta

Actualizado el 18/07/2024 a las 13:44

¿Sabías que la ubicación del Ayuntamiento de Pamplona no es casual? Se levantó en el siglo XV en un lugar intermedio entre los tres burgos de la ciudad: Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Fue la zona elegida por el rey Carlos III como símbolo de paz entre estos tres ‘vecinos’ mal avenidos, que pusieron fin a las frecuentes disputas siglos atrás. Se unificó así la capital medieval en 1423.

Tan mal se llevaban estos tres burgos que tenían sus propias murallas, banderas y ‘alcaldes’. El burgo de la Navarrería, el originario de la ciudad, estaba formado por agricultores de origen navarro, frente a los otros dos, más prósperos y dedicados al comercio y los negocios, habitados mayoritariamente por franceses y centroeuropeos. El momento más trágico se vivió con la Guerra de la Navarrería o de Los Burgos (1276). El ‘barrio’ navarro quedó arrasado durante más de 50 años. San Cernin y San Nicolás, con el apoyo de tropas francesas, no tuvieron piedad. En la Edad Media, las reuniones de las comunidades de vecinos se zanjaban de aquella manera, nada que ver con la actualidad.

Y la mejor prueba de ese enfrentamiento está en un lugar que pasa inadvertido para turistas y para más de un pamplonés. Una brecha entre dos edificios da paso a un callejón sin salida: la estrecha Belena de Portalapea, en la calle San Saturnino, número 12. Allí descansa parte de la muralla interna del burgo de San Cernin, del siglo XII, y que hoy permanece inadvertida en este paso angosto y sombrío, un refugio climático contra el azote del calor veraniego. También destaca la torre de Johan Caritat, uno de los emblemas defensivos de la muralla, actualmente un edificio de viviendas pero antes la atalaya para observar a los belicosos paisanos de la Navarrería.

Y allí, dispuesta en una plataforma como una bolera, nueve bolardos de piedra parecen buscar el protagonismo perdido. Fueron lanzados en catapultas por los enemigos navarros hacia las posiciones francesas y se precipitaron en el entorno de esta muralla. Se recuperaron en excavaciones en 2008, junto a 7 arcos medievales que sustentan la muralla, y ahora puedes tocar con tus propias manos, no sin antes imaginar que podrían haber caído junto a ti en el medievo pamplonés.

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