Hoy es el Día Internacional del Pulpo y estas son tres recetas deliciosas para celebrarlo
Tartares a gogó para degustar este maravilloso animal que además de ser muy listo y cinematográficamente monstruoso está delicioso


Publicado el 08/10/2024 a las 05:00
Había empezado esta columna hablando de lo maravilloso que es el pulpo, tan inteligente, con esa vista tan espectacular, esa capacidad para camuflarse tan mágica, esa vida tan efímera... Pero claro, no me siento bien alabando sus cualidades para luego terminar metiéndolo en la cazuela que es lo que vamos a hacer hoy. Diré a mi favor que solo viven dos años así que si nos organizamos podemos comer solo pulpos viejitos para dejarlos así disfrutar de esa vida curiosísima que tienen estos seres fantásticos. De hecho son muy cinematográficos, aunque aparecen siempre gigantes y destrozando barcos. El Kraken en la mitología nórdica, el Akkorokamui en la ainu, la gorgona de la griega... Bueno, una gorgona es una mujer guerrera con la cabellera viva y llena de serpientes, y una terrible mirada petrificante. No aceptamos este pulpo como animal de compañía, no. Tampoco el Leviatán de la tradición judeocristiana.
Pero nos estamos desviando del tema gastronómico con tanto monstruo marino. Los pulpos comen moluscos, berberechos, cangrejos... y nosotros nos los comemos a ellos (y a su dieta). Está claro que estar en lo alto de la cadena alimenticia tiene sus ventajas. Nos comemos a los pulpos (que no a las gorgonas) hervidos, asados, fritos... y es lógico que estén deliciosos con lo bien que se alimentan durante toda su vida.
El truco ya lo saben: además de meter y sacar el pulpo tres veces en el agua hirviendo antes de cocinarlo, es importante no echarle sal durante la cocción, ya que se endurecería. Por eso, los grandes expertos en pulpo (cómo suena eso, eh?) añaden la sal gruesa cuando ya está en el plato. Y otro dato más para que amen a estos seres (aunque se los coman después): a la hora de seleccionar a su pareja, son muy selectivos y solo fecundan una vez en la vida. Una vez que ponen los huevos, es habitual que dejen de comer y que mueran. Qué melodramáticos los colegas.
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