San Fermín, amigos y familia

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Alicia Burdaspar

Actualizado el 08/07/2018 a las 20:20

¿Cuántos Sanfermines existen? Tantos como personas los viven. Para mí, son fiestas que se vertebran en dos elementos: amigos y familia. Es con ellos con quien cada uno descubre sus propios 'momenticos' y encuentra los Sanfermines que le hacen vibrar.


Los Sanfermines son una evolución de estos 'momenticos'. Recuerdos que atesorar en la memoria y grabarlos ahí de manera indeleble. Ir por primera vez al Baile de la Alpargata, un almuerzo en la calle Mayor después de ver el encierro desde un balcón o contemplar los fuegos artificiales desde lejos porque el ruido asusta. Son recuerdos que evocan siempre a la familia, a hermanos, padres, primos, tíos...


Es en la adolescencia donde amigos y fiesta convergen. Los Sanfermines pasan a convertirse en nueve días en los que se vive al revés: vivir de noche para morir de día. Horas en las que falta tiempo para disfrutar de los pequeños detalles. 204 horas en las que solo ves el encierro si has llegado despierta a las ocho de la mañana. El único plan diurno que una se plantea es ir a los 'puesticos' o darse una vuelta por las barracas.


Llega un día en el que te descubres en YouTube buscando vídeos de jotas a San Fermín. Suele coincidir con la edad en la que el día 6 te vas a una hora prudente para estar en condiciones en la procesión. Con nuevas incorporaciones a la familia. Padres, hermanos, tíos y, ahora, sobrinos. Y es entonces cuando le encuentras otra vez el encanto a eso de correr delante de Caravinagre, cuando te emocionas al ver pasar al santo con un niño de 20 kilos en los hombros, cuando se te van los pies al escuchar 'La Polonesa'.


Los años hacen que la forma de vivir la fiesta se transforme. Los Sanfermines tienen ahora sabor a un aperitivo que se convierte en comida, a un bocata sobre una manta compartida por cinco personas para ver los fuegos en la Ciudadela, a apurar la comida para llegar a tiempo a ver las mulillas en el Ayuntamiento, a un abrazo grupal después del chupinazo. Son estos 'momenticos' los que a una le hacen sentir orgullo de participar en las mejores fiestas del mundo. Los que hacen que el día 14 anudarse el pañuelo a la muñeca no sea tan triste, porque queda la sensación de haber saboreado y exprimido cada instante. Otro año más de recuerdos.

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