Reconocimiento

Un pañuelo que aplaude la labor de custodiar la imagen de San Fermín

Mariví Esparza Mugueta, que coloca al Santo cada mañana en la hornacina antes de cada encierro, recibe el noveno Pañuelo de Pamplona. Un galardón que se entrega en los actos conmemorativos del Privilegio de la Unión

Mariví Esparza Mugueta recibe de Joseba Asiron el noveno Pañuelo de Pamplona
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Mariví Esparza Mugueta recibe de Joseba Asiron el noveno Pañuelo de Pamplona
Mariví Esparza Mugueta recibe de Joseba Asiron el noveno Pañuelo de Pamplona

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Noelia Gorbea

Publicado el 09/09/2024 a las 12:31

Custodia la imagen de San Fermín durante todo el año "con todo el cariño del mundo", además de colocar al Santo cada mañana de fiestas en la hornacina de la cuesta de Santo Domingo minutos antes de los encierros. Este hecho, que la califica como "mujer imprescindible en uno de los momentos más importantes y emotivos de las fiestas”, la ha convertido en la novena persona en recibir el premio 'Pañuelo de Pamplona – Iruñeko Zapia'. 

Mariví Esparza Mugueta encarna esa figura tan importante y ayuda a retrotraer la mirada hacia el punto de partida. Y es que la tradición, ya arraigada en la familia, arranca en 1978, cuando cuatro mozos de las peñas de Pamplona, entre ellos el marido de Mariví, Andoni Barba Pardo, se encargan de comprar una nueva estatua de San Fermín; así como de confeccionar un panel con el escudo de cada peña que rodeara al santo. 

En aquel momento, la figura la sacaban desde el Hospital Militar de la cuesta de Santo Domingo y no fue hasta 1981, con el edificio ya en malas condiciones, el año en el que se decidió crear la actual hornacina como zona permanente para ubicar la imagen.

Durante todas las mañanas de San Fermín, su marido se encargaba de poner la figura del santo en la hornacina. En esa época, ella era quien quitaba la imagen. Desde que falleció el esposo, ella y su hija son las responsables de colocar al Santo, entre todas las miradas y emoción de mozas y mozos. Después del encierro, se centran también en llevar la figura a la Casa Consistorial, donde descansa del 7 al 14 de julio.

El Pañuelo de Pamplona, según el Reglamento de Protocolo, “es una distinción honorífica que tiene por objeto premiar a las personas, físicas o jurídicas, y entidades que, por razón de su labor diaria, trayectoria personal o profesional, hayan contribuido de forma activa y notoria a la consolidación de la proyección de la ciudad de Pamplona”. Se concede desde 2016.

Ha sido el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, quien le ha colocado el pañuelo rojo con el escudo de la ciudad bordado y le ha entregado una escultura de pequeño formato de la alegoría de la Unión de los Burgos realizada por el escultor navarro Mikel Okiñena. 

El alcalde ha destacado que con el galardon “queremos reconocer tu trabajo, tu cariño y tu entrega. Sabemos que este pañuelo rojo que hoy te colocamos es más que un símbolo; es un agradecimiento de toda la ciudad por tantos años de dedicación”. 

El acto ha tenido lugar este lunes en el Salón de Recepciones de la Casa Consistorial con la presencia de todos los representantes de la corporación municipal. A la homenajeada le han acompañado su hija Goizargi, con quien mantiene la tradición, además de familiares y amistades. 

PAÑUELO DE PAMPLONA – IRUÑEKO ZAPIA

2016: Paulina Fernández, propietaria de la Churrería La Mañueta
2017: Javier Pagola, escritor y periodista
2018: Elisa Sesma, Pablo Sánchez Valverde y Mari Cruz Landa, ginecólogos de Andraize
2019: Alberto Undiano Mallenco, exárbitro internacional de futbol
2020: Colegio Oficial de Médicos (Vicente Estremera, médico) y Colegio Oficial de Enfermería (Belén Izcue, enfermera)
2021: Juan José Martinena, historiador
2022: Mai Garde Echalecu y Oier Sanjurjo Maté, capitanía de los primeros equipos femenino y masculino del C.A. Osasuna
2023: Pacto por la Persona Mayor de San Juan / Donibane
2024: Mariví Esparza Mugueta

"Me acuerdo de toda la gente que me ha ayudado"

​Con esa emoción que embarga hasta el habla, Mariví Esparza Mugueta apenas podía articular palabra para tratar de explicar todo lo que siente por dentro. Agradecida "hasta más no poder", quiso acordarse de familiares, amigos y, por supuesto, de los miembros de su peña, Donibane. "La gente que está, y la que no está, son los que realmente hacen posible la labor que desempeñamos, en la que llevo 46 años, y de la que me siento orgullosa". Con humildad, recibió el premio y bromeó con 'lo duro' de levantarse cada día para colocar la imagen de San Fermín antes del encierro. "Es una réplica muy delicada, que también hay que restaurar de vez en cuando, y una muy buena amiga se encarga de este trabajo. Estoy muy contenta por todas esas manos que nos apoyan y ayudan", afirmó, con los nervios aún a flor de piel. 

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