Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Seísmo

El día después del enésimo terremoto en Lizoáin

Las sacudidas de la tierra volvieron a turbar el lunes el sosiego del valle de Lizoáin-Arriasgoiti, 292 habitantes en catorce pueblos, que cuentan amables cómo vivieron otro sismo que queda en susto

Julián Lizarraga explica cómo sintió el terremoto, ayer frente a su casa en Lizoáin.
Julián Lizarraga explica cómo sintió el terremoto, ayer frente a su casa en Lizoáin.EDUARDO BUXENS
Actualizado el 13/10/2021 a las 12:17
"Hasta la próxima" se despide Julián Lizarraga Araiz. Hasta la próxima vez que la tierra tiemble, quiere decir. Se están habituando en Lizoáin-Arriasgoiti a la visita de los periodistas tras un terremoto. Van ya unos cuantos, el último este lunes, desde las 22.45 horas, con el primer temblor de 3,9 grados y dos réplicas menores a los pocos minutos, y epicentro en el valle. Las personas que habitan este entorno de horizontes apaisados mugante con otros ocho valles, parecen imbuirse del discurrir sosegado de los días. Las sacudidas de la tierra no les retiran la sonrisa. Y hasta les da para alguna que otra broma.
Julian Lizarraga, 73 años, durmió “perfectamente” la noche del lunes. “Estaba viendo la tele, el primer temblor lo sentí mucho, se movió el sillón. Fue como una explosión; luego otra, una tercera, y se fue. Es como un ruido que viene y revienta y el segundo también; el otro fue bastante más suave. Luego ya me fui a dormir, y hasta las ocho de la mañana”, sonreía ayer frente a su casa, a la sombra de un martes que parecía domingo de un otoño al sol. Le acompañaba su perro Anko, un boxer de 6 años. Él sí se asustó con el temblor. “Se esconden, siempre”, le acariciaba y mostraba Julián la última escultura sobre la que trabaja. “A ver si antes del próximo terremoto la he acabado”, reparaba Julián en el buen ambiente del valle que le enamoró hasta el punto de dejar Pamplona. Sus dos hijas viven también allí. Una en Lizoáin, otra en Uroz. Y los tres nietos. “Parece que hemos ocupado el pueblo”, recrea. La sismicidad da para algunas bromas, pero la inquietud, en dosis inciertas, se queda. Al menos para una familia de Zaragoza que se alojaba en una casa rural. Se llevaron descanso, paisajes y un buen susto.
Patxi Laborda no vive en Lizoáin, pero pasa muchos días allí, también el lunes.
Patxi Laborda no vive en Lizoáin, pero pasa muchos días allí, también el lunes.EDUARDO BUXENS
En Lizoáin viven todo el año 58 personas y entre los catorce pueblos del valle suman cerca de 300. Pero el puente del Pilar había reunido a muchas familias, de modo que el terremoto llegó con el censo engrosado. Patxi Laborda es una de estas personas de paso. También en 2020 estaba en Lizoáin cuando la tierra tembló a final de agosto, en las no fiestas del pueblo. Este lunes cenaban “en la casa de abajo, varias personas” cuando sintieron “un golpe fuerte”. “El del año pasado fue más largo, esta vez algún crío se puso a llorar, se asustó... Normal. Supimos que era un terremoto sí, no podía ser otra cosa”, explicaba recién llegado de recoger unas endrinas, “las últimas ya..”. “¿Dormir? Muy bien, tenemos la conciencia tranquila”, atendía amable Patxi con su cesta de frutos, dispuesto, como el resto de vecinos, a pasar página una vez más. En Lizoáin los vecinos comparten un grupo de WhatsApp y nada más temblar la tierra también vibraron los teléfonos. No había duda. Fue un terremoto y todos lo sintieron. Algunos, incluso, salieron a la calle.
Mónica Timoneda sintió el terremoto en casa de su suegra, Ana Mª Sancho.
Mónica Timoneda sintió el terremoto en casa de su suegra, Ana Mª Sancho.EDUARDO BUXENS
Al principio, Mónica Timoneda Company, 48 años, pensó que en la planta superior “habría caído algún mueble”. “Pero si no hay nadie, no puede ser”, enseguida llegó la primera réplica y le vino a la cabeza el terremoto. Estaba con su marido y con su suegra, tres personas en casa, en Lizoáin. Lo recuerda también como una explosión y describe las réplicas como “una sacudida y un temblor del suelo”. “No ha habido daños, no hemos estado mirando con detalle, pero creemos que no. El susto, sustico, pero no de alertar”, contaba en la entrada con Hori, el husky que esperaba su paseo vespertino. “Nosotros venimos fines de semana, vacaciones... ella vive aquí todo el año”, explicaba de la madre de su marido, Ana María Sancho.
Itziar Peña Colás, en el balcón de su casa, ayer en Lizoáin.
Itziar Peña Colás, en el balcón de su casa, ayer en Lizoáin.EDUARDO BUXENS
Itziar Peña Colás, 19 años, vive con sus padres en la primera casa de Lizoáin, la que lleva en la pared la plaquita con el nombre del pueblo. “Uf, esta mañana ya han estado televisiones y otros medios. Pero no tantos como el año pasado. Si venís hasta aquí solo para esto, qué menos que atender”, habla con fruición. Ella sí, vivió con miedo el terremoto. “Siento que no me voy a acostumbrar nunca”, reflexionaba. “Estábamos en casa viendo una película, fue como una bomba y luego se empezó a mover todo, me da la sensación de que se va a caer la casa encima, pasé muchísimo miedo, bajé a donde mis padres y me quedé con ellos en el sofá. Las dos réplicas llegaron pronto y fueron más suaves. Pero ya no pude dormir, temía que cayera la estantería que tengo sobre la cama”, apuntaba. “Ahora sabemos que estos días puede haber más movimientos. Pero bueno, al margen de alguna pequeña grieta en casa, no ha habido daños”, se resignaba Itziar, estudiante de un grado superior en Lumbier: “Mañana en clase me preguntarán”.
volver arriba

Activar Notificaciones