Las dos víctimas navarras: un celador tudelano jubilado de 68 años y un vecino de Ribaforada de 80, muy aficionado a la huerta
El detenido está acusado de las muertes violentas de Pedro Oyón Villahermosa y José Luis Aguado Martínez


Actualizado el 26/03/2025 a las 13:54
El miércoles 23 de noviembre de 2023 por la mañana, el celador jubilado Pedro Oyón Villahermosa, de 68 años, salió a pasear por las inmediaciones de Tudela. Sin embargo, no regresó a comer, lo que extrañó mucho en su casa. Su cadáver fue hallado horas después, acuchillado con violencia en un olivar del paraje de Gardachales, próximo a la Vía del Tarazonica. La hipótesis principal que se manejó entonces es la de que que el muerto fuera atacado en “un hecho aislado y aleatorio”, sin que su atacante le buscara de forma premeditada. Oyón lo sorprendió o fue agredido después de ser asaltado. Las agresiones se sucedieron en la finca donde fue encontrado el cadáver. El autor de su muerte, que usó gran violencia contra él (sufrió un importante número de heridas de arma blanca) huyó tras los hechos. El fallecido estaba casado y era padre de dos hijas. Había trabajado como ayudante de cocina en los primeros años de andadura del Hospital Reina Sofía de Tudela, que abrió sus puertas en 1986. Algunos de esos ayudantes de cocina fueron reconvertidos en celadores de hospital. Entre esos trabajadores estuvo Oyón, que desde entonces ejerció como celador, primero en el propio Reina Sofía para posteriormente, pasar a formar parte del equipo de celadores del servicio de Urgencias del centro de salud Tudela Este-Santa Ana de Tudela. Oyón se jubiló en el verano del 2020. También había formado parte en su juventud del Club Ciclista Muskaria de la ciudad, llegando a competir defendiendo los colores de la entidad durante la década de los años 80.
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Apenas un mes después, el 21 de diciembre, a las 16.37 horas, Sos Navarra recibía un aviso desde una huerta de Ribaforada: se solicitaba asistencias para un hombre de 80 años que presentaba unas heridas importantes en la cabeza. Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar (se movilizaron los bomberos de Tudela, una ambulancia de soporte vital básico y patrullas de Policía Local y Guardia Civil), el herido ya había fallecido. En apariencia, todo apuntaba a un accidente como los que en ocasiones ocurren, con heridas mortales a causa de un golpe con la motoazada que manejaba en el terreno. Pero había una pieza que no encajaba: el vehículo con el que el fallecido se habría desplazado hasta la parcela, un Opel Corsa, no estaba. Había desparecido. Ni sus familiares y los investigadores de la Guardia Civil tenían una respuesta para esa ausencia y la investigación determinó que su asesino había huido en el coche. José Luis Aguado Martínez tenía 80 años, estaba casado y tenía dos hijos. Había dedicado toda su vida a trabajar en el campo y el huerto era su mayor afición. Allí se había dirigido el día de su fallecimiento con su vehículo, que tiraba de un remolque sobre el que iba cargada la motoazada con la que iba a trabajar ese día. Al no regresar para comer, sus familiares acudieron a la huerta, donde lo encontraron. También estaban el apero agrícola y el remolque. Faltaba el coche.