Nombramiento
La navarra Esther Erice será miembro del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)
Ha sido la primera mujer presidenta de la Audiencia Provincial de Navarra y representa la lucha contra el maltrato a la mujer


Actualizado el 25/06/2024 a las 22:21
A Esther Erice Martínez (Pamplona, 12 de agosto de 1958), magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Navarra (TSJN) desde 2021, no le habrá sorprendido formar parte de los 20 vocales que integrarán el Consejo General del Poder Judicial. Su nombre ya figuraba en la lista contemplada en 2018 (por parte del PSOE) para acceder al órgano del gobierno de los jueces. Esta vez, sí. Ahora suma este cargo a una trayectoria en la que ha destacado por haber sido la primera mujer en incorporarse a la Audiencia Provincial de Navarra (1989) y la primera en ser su presidenta (2010-2021). Sin saber que estaba haciendo historia en un mundo totalmente masculino, se convirtió también en la primera mujer en formar parte de las Salas de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Navarra (TSJN) cuando finalizó su manato en la APN (2021). En más de una ocasión, ha recordado, ya con el humor que concede el tiempo, cómo tuvo que reclamar la incorporación de servicios para mujeres en la APN, el cambio de sillas que rompían las medias porque hasta entonces solo se habían sentado hombres y cómo tuvo que mantenerse firme para que se le respetara su baja maternal con su primer hijo, un derecho que estrenaba ella en este órgano judicial.
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Su experiencia profesional le ha llevado a convertirse, sin habérselo propuesto, en adalid en la defensa de la mujer maltratada. La lucha contra la violencia de género es una de las preocupaciones que le han guiado casi desde sus comienzos profesionales, desde que en 1986, cuando estaba en la Escuela Judicial, asistió al primer juicio sobre violencia física contra las mujeres. El marido pegaba a su mujer y se le impuso la pena leve de arresto menor, que no cumplió por carecer de antecedentes penales, y el pago de 500 pesetas, una cantidad que, pensó esta jueza, no iba a disuadir a aquel hombre a seguir pegando a su mujer. Desde entonces, ha dedicado todo el tiempo y el esfuerzo del que ha dispuesto a luchar contra ello, hasta convertirse en un referente en esta materia.
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Este compromiso le ha llevado a formar parte de la Comisión Interdepartamental sobre Maltrato y Agresiones Sexuales en Navarra, constituida a instancias del Gobierno foral en 1997. Esta comisión, integrada por diferentes policías, los departamentos con competencias en Justicia y Salud, e instituciones, se encargó de elaborar el protocolo para la coordinación en la atención y prevención de la violencia contra las mujeres. A raíz de esta iniciativa, formó parte del Grupo de Expertos del Observatorio contra la violencia doméstica y de género del CGPJ (2010-2013).
Esta jueza, que quiso serlo porque “me interesaba la posición de quien debe fidelidad al resultado de la prueba y a la aplicación del Derecho”, accedió a la judicatura en 1986.
Su discreción no siempre ha sido posible cumplirla por los casos mediáticos en los que ha intervenido. Formó parte del tribunal que llevó al expresidente socialista de Navarra Gabriel Urralburu a la cárcel en 1998 y del que se encargó del caso de la Delegación del Gobierno en Navarra (1999), ambos ligados a la corrupción. Y más recientemente, suyo fue el voto particular e TSJN que se oponía a rebajar la condena impuesta a uno de los miembros de La Manada (violación múltiple en San Fermín de 2016). También se ha posicionado sobre la condena del crimen de Nagore Laffage, en San Fermín de 2008. “Cuando una sentencia provoca rechazo social, me preocupa”, ha dicho.
Miembro de la Asociación de Juezas y Jueces para la Democracia desde 1998 (“por la necesidad de poner en común problemas y propuestas para la mejora del servicio con otros jueces y juezas que realizan la misma función jurisdiccional en otros territorios”), no ha faltado en su trayectoria la actividad docente. Profesora de Derecho Penal en la UPNA, ha trabajado con Naciones Unidas y con el Consejo de Europa en iniciativas que han tenido como objetivo fortalecer el sistema judicial en lugares donde todavía es necesario, como en países de Centroamérica.
Casada y madre de dos hijos, Esther Erice, hermana de Araceli e hija de María Teresa Eustaquia Martínez Chivite (Taquia) y Alejandro Erice Monreal (ya fallecidos), fue de niña una lectora voraz influida por su padre, con quien compartía el gusto por la literatura. Decidió optar por una profesión que no le iba a permitir vivir de espaldas a la realidad ni al dolor humano. Lo sabía. Se lo había advertido su madre cuando Esther Erice decidió, al finalizar sus estudios de Derecho en la Universidad de Navarra, que quería prepararse para ser jueza. “Tendrás que estar toda la vida en medio de los conflictos”, le dijo con preocupación. Y tenía razón.