Entrevista a Esther Erice
Esther Erice: "He juzgado hechos horribles, pero no tiraría la toalla por un ser humano jamás"
La recién nombrada vocal del CGPJ ofreció a esta entrevista cuando renovó su mandato al frente de la Audiencia Provincial de Navarra en 2015


Actualizado el 25/06/2024 a las 22:05
La juez Esther Erice, nombrada vocal del renovado Consejo General del Poder Judicial, atesora a sus espaldas una larga trayectoria judicial en Navarra. A continuación, la entrevista que concedió a este periódico con ocasión de su renovación al frente de la Audiencia Provincial de Navarra en junio de 2021. Erice abordó temas de la actualidad de aquellas fechas, como el caso Osasuna, aunque no soslayó su presencia pasada en el tribunal que condenó a Urralburu y habló, entre otras cosas, de las 'etiquetas' de los jueces. Y, sobre todo, dio a concocer el lado más humano de una juez.
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A la Sección Primera de la Audiencia Provincial llegan algunos de los crímenes más graves que se cometen en Navarra: homicidios, asesinatos, violencia sexual, narcotráfico y delitos económicos y de corrupción para los que se piden más de cinco años de cárcel. Esther Erice se enfrenta a menudo con el lado oscuro de la condición humana. No olvida la primera sentencia que redactó, en la que el acusado era un drogodependiente que fue cazado literalmente en la ‘ratonera’ del edificio público de Madrid al que había entrado a robar. Tampoco olvida su primer levantamiento de cadáver. El contrapunto lo pone la sorprendente generosidad de los ciudadanos. Así, recuerda una tentativa de homicidio muy sangrienta y la actuación ejemplar que tuvo un grupo de personas que acudía a cenar a una sociedad gastronómica: “con la barra de pan ya debajo del brazo, dejaron todo de lado para atender a la víctima y permitir la localización del agresor”. Está casada, es madre de dos hijos de 23 y 21 años, y se confiesa tímida en las distancias cortas. Reconoce que no se identifica con los jueces de la ficción literaria de Dolores Redondo, aunque valora la virtud de esta escritora por acercar al público el trabajo policial y judicial desde el ámbito geográfico navarro. Esther Erice está adscrita a la Asociación de Jueces para la Democracia y acaba de ser renovada por otros cinco años como presidenta de la Audiencia Provincial de Navarra.
¿Tuvo que romper muchos tabúes por ser la primera juez de la Audiencia Navarra?
Es curioso porque el número de mujeres que ingresan hoy en la carrera judicial es superior al de hombres. En la época en la que yo ingresé era justo lo contrario. De hecho, como dice, fui la primera juez de la Audiencia. Eso hacía que hubiera un componente de sorpresa y que las personas se preocuparan más por aspectos como el corte de pelo o la ropa que no tienen ninguna importancia a la hora de juzgar.
No hemos progresado mucho a juzgar por los comentarios que levantan los trajes y maletas de la juez Alaya. ¿No cree?
Hay compañeros que también se visten muy bien, sin embargo, se mantiene esa tendencia, por los roles que todos jugamos, de analizar más a las mujeres que a los hombres esos aspectos.
¿El lenguaje judicial tampoco ayuda?
Es curioso, muchas magistradas siguen hablando hoy de sí mismas en masculino. Yo, desde el principio a las letradas las llamaba letradas y a mí misma, magistrada. Me parecía algo natural, incluso escribía a mano con el bolígrafo la letra ‘a’ detrás de la expresión ‘Sr.’ en los papeles oficiales. Pero no siempre las anécdotas fueron amables.
¿A qué se refiere?
Como fui la primera mujer nunca había habido bajas maternales en la Audiencia Provincial. Acababa de morir un compañero de Sala y los otros dos nos repartimos sus ponencias para no suspender juicios. Era un momento duro por la pérdida. Yo había pensado cogerme ese año las vacaciones en el último mes de embarazo para evitar la pesadez y después encadenarlo a la baja maternal, pero mi hijo se adelantó un mes. Así que me dijeron que, sintiéndolo mucho, me cogiera la baja maternal y me quedara sin vacaciones ese año. Interpuse un recurso, pensé que eso mismo le podía ocurrir a otra mujer más adelante, y lo gané. Aunque para cuando me dieron el mes de vacaciones el niño prematuro ya había crecido bastante.
¿Le guardó rencor alguien por aquello?
No, no , en absoluto. Lo hicieron en la creencia de que las cosas eran así y nunca había habido un precedente.
En la Sección Primera de la Audiencia le llegan casos difíciles. Esta misma mañana (la entrevista se realizó el martes) ha celebrado una vista por el abuso sexual a un menor. ¿Son estos los casos más duros?
Sí, son especialmente duros cuando la víctima es un menor o una persona con una discapacidad. Aunque en el proceso todo el mundo tiene derechos, por supuesto que los tiene la víctima, pero también la persona que viene acusada, que no es culpable. Siempre hay presunción de inocencia.
¿Se ha tenido que forjar una coraza para no implicarse con estos casos?
El hecho de que uno desarrolle determinados mecanismos para abordar situaciones duras humanamente, algo que debes hacer para tener la lejanía suficiente y no implicarte, no quiere decir que después de la resolución no reflexiones sobre ello y te vaya quedando algún poso. Cuando vives de cerca conflictos y ves el dolor de las personas es lógico que te influya. Espero que eso me haga más comprensiva y humana.
¿Cuál es la pena más alta que ha impuesto?
No lo recuerdo.
Después de 30 años de juicios ¿sigue creyendo en el ser humano?
Sí, en todos. Desde que llegué no admito que me digan con este no hay remedio. Todos tenemos remedio. He juzgado hechos horribles, pero no tiraría la toalla con un ser humano jamás.
¿Y cree en la reinserción que posibilita el sistema penitenciario español?
La Ley Orgánica General Penitenciaria es la primera de la democracia. Tiene unos principios perfectamente válidos, pero ha sido muy difícil su implementación porque requiere de medios económicos y del apoyo de toda la sociedad. La reinserción tiene dos polos: la persona que se va a reinsertar y la sociedad que va a recibir al reinsertado. Es difícil, por eso los centros penitenciarios deben continuar su labor para adaptarse en medios, funciones y presupuesto a la ley. Nos queda mucho por hacer.
¿Se ha encontrado alguna vez con uno de sus condenados por la calle?
Sí. Y recuerdo la primera vez que me ocurrió. En un pueblo, calle desierta, iba sola, vi que una persona bajaba y me dije ‘creo que es él’. Me giré, él se había girado, le saludé, él me saludó, y seguimos nuestro camino. Cuando alguien es honesto en la aplicación de la ley conforme a la prueba que se ha practicado, por grave que sea la condena, la mayoría de las personas que la han sufrido la entienden. Y entienden cuando hay respeto hacia ellos. Nunca he faltado el respeto a ninguna de las personas por muy grande que fuera la pena que le he impuesto.
¿Le ha pesado la duda de haberse equivocado con una sentencia?
Entre miles de juicios lo extraño en un ser humano sería no haber errado nunca, afortunadamente están los recursos para los casos más graves. Lo que sí he tenido a veces es la sensación de que una persona puede ser culpable pero que no voy a tener la prueba de ninguna manera y , por tanto, la resolución va a ser absolutoria.
Precisamente fue su sección la que entendió que había indicios para encausar a Cervera por el chantaje a Asiáin. Ahora, la magistrada que ha llevado el caso lo ha absuelto por falta de prueba. ¿Qué opina?
En este caso y en otros muchos hay que estar a la prueba practicada. El enjuiciamiento es el momento cumbre. La prueba reina es la que se practica en el juicio oral, este es el momento en el que de verdad se ve si hay material o no para desvirtuar la presunción de inocencia.
Esther Erice formó parte del tribunal que envió por primera vez a un ex presidente autonómico, Gabriel Urralburu, a la cárcel. ¿Se agarrotan los dedos a la hora de firmar una sentencia como esa?
No en cuanto que la valoración de la prueba debe ser igual que en cualquier otro caso. Lógicamente la cautela debe ser máxima, pero los jueces estamos para valorar hechos concretos y no ideologías ni trayectorias políticas. Siempre es triste que personas a las que se les ha dado la confianza incurran en delitos. Por desgracia nos tocó ser los primeros, ahora esos casos se han extendido mucho más.
IMPUTADOS, OSASUNA Y OTROS
¿Comparte la sensación de impunidad que existe en la calle al comprobar la demora que se produce en casos de corrupción como el de Iñaki Urdangarín?
Hay varias cuestiones. Se trata de delitos con investigaciones costosas en el tiempo y el número de recursos suele ser superior al de otras causas más sencillas. A veces también hay delitos conexos. Ahora va a entrar en vigor una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que intenta que esto no se produzca tanto. Si tenemos piezas separadas de los delitos será mucho más rápido juzgarlos y posiblemente las garantías penales estarán más aseguradas que en un proceso muy largo.
¿Comparte la decisión del Gobierno de la nación de modificar la Ley de Enjuiciamiento para evitar la difusión de las imágenes de los detenidos?
Los periodistas que trabajan en Pamplona saben que esa es una causa que en minoría he defendido. La Ley y también el Tribunal de Derechos Humanos Europeo nos dicen que debemos hacer las detenciones y los traslados de la manera menos gravosa posible para el detenido que, en principio, tiene presunción de inocencia. Creo que es acertada esa tutela. Para todo tipo de delito.
¿Por qué antes no y ahora sí? ¿No será porque se ven muchos políticos con grilletes?
Eso no se lo puedo decir yo (sonríe).
¿Le parecen bien los secretos de sumario?
No me gusta mucho la figura del secreto de sumario, creo que sólo debe decretarse en el tiempo imprescindible y que éste sea poco. Que el sumario sea secreto puede ser un riesgo para el conjunto de las garantías y el derecho de defensa.
¿Echaba de menos que se levantara el ‘largo’ secreto del sumario del caso Osasuna?
El juez instructor es quien debe ver qué proporcionalidad existe entre la medida y las diligencias. Indudablemente si lo ha acordado así es porque lo ha visto oportuno. Por mi parte, total respeto a las actuaciones del juez instructor.
¿Es aficionada a Osasuna? ¿Le interesa lo que ocupa a este caso?
Bueno, tengo el mismo interés que pueda tener cualquier otro ciudadano.
¿Y su experiencia de los juicios con jurado?
La mía no ha sido una experiencia negativa en cuanto a los resultados. El juicio es un poco más largo, pero los jurados suelen ser bastante responsables y les ves sentir una carga. En general, la mayoría de las decisiones en los juicios que yo he presidido han sido coincidentes con lo que hubiera dictado un tribunal profesional.
¿Cuáles son sus retos en la Audiencia Provincial para los próximos cuatro años?
Son varios. El fundamental es nuestra mejora. Tenemos que tener un número de asuntos pendientes pequeño, que el tiempo de tramitación se reduzca y que la calidad de las resoluciones sea buena.
¿Cómo se mide eso?
Con los números objetivos que utiliza el Consejo General del Poder Judicial para todo el país. En este sentido, la Audiencia Provincial de Navarra ha mejorado desde 2009. La pendencia se ha reducido, la duración de asuntos es igual o menor a la media estatal y en cuanto a la calidad de las resoluciones (medida por las revocaciones o confirmaciones del Supremo) ha mejorado notablemente. En materia civil, Navarra ha pasado de ser la decimocuarta a la cuarta que menos se revoca. Y en penal, de ser la más revocada a la menos revocada. Los datos son muy buenos, pero para que sean significativos deben consolidarse en un mayor período de tiempo.
A estas cifras ha debido contribuir la especialización de las secciones de la Audiencia, pero, ¿no se corre el riesgo de que si son siempre los mismos magistrados los que ven los casos, como en Mercantil, donde sólo hay una sección, las sentencias vayan siempre en una misma dirección?
Efectivamente es un riesgo, pero se puede hacer frente al mismo. Las personas que ven la materia mercantil son cinco, pero como la Sala sólo la forman tres estos van variando. Eso mitiga ese riesgo. Y en el momento en que el volumen de trabajo lo haga aconsejable, nuestra intención es crear una segunda sección, de modo que haya tres jueces en dos secciones, como en penal.
Un concejal de Podemos en Madrid ha dimitido “a medias” por ‘chistes’ ofensivos publicados en la red social Twitter hace cuatro años. ¿No prescriben los tuits?
La prescripción es sólo para los ilícitos penales. Creo que todos somos recientes en este mundo de las redes y tenemos que darle varias vueltas a la reflexión en torno a cómo las utilizamos, la entidad que tiene la información que proviene de las redes y la entidad que tiene o pude tener la información que nosotros volcamos.
¿Tiene usted perfil en Twitter?
No. Y no veo cercano el momento de tenerlo.
VENEZUELA Y JUSTICIA UNIVERSAL
¿Cree en la justicia universal?
Entendida como que existen delitos de una gravedad especial que afectan a derechos fundamentales y a ciudadanos de varios países, sí. Por ello, me gustaría que hubiera tribunales especializados en esta materia y aceptados por todos los países.
¿Y en el derecho de asistencia a un detenido? Recientemente Felipe González no ha podido asesorar a los opositores encarcelados en Venezuela.
Ignoro cuál es el mecanismo de esos procedimientos y de la legislación venezolana al respecto. Creo que cuando ciudadanos de un país acuden a asesorar a otro, si no es bajo los parámetros de un organismo internacional, pueden tener problemas para que se admita esa participación.
Esther Erice es miembro de la Asociación Jueces para la democracia. ¿Le gustan las etiquetas de progresista o conservador para los jueces?
Creo que es mucho más interesante que se nos conozca por el trabajo jurisdiccional de las resoluciones y por el trabajo gubernativo a quienes también ejercemos esas responsabilidades, que por una marca asociativa. Tampoco es conveniente exasperar el significado de una marca asociativa porque, al igual que en otras áreas de la vida, una etiqueta no lo dice todo.
¿Y en qué se nota que usted es progresista?
No sé si soy progresista. Esas calificaciones quienes debieran apreciarlas en todo caso son quienes reciben las resoluciones.
Si en el actual Consejo General del Poder Judicial hubiera existido una mayoría progresista, ¿habría presentado usted su candidatura al Tribunal Superior de Justicia de Navarra (TSJN) y competido con Joaquín Galve?
Probablemente no porque no he acabado del todo el programa con el que me presenté a la Audiencia Provincial de Navarra por primera vez en 2010. Por carácter, cuando empiezo algo me gusta acabarlo.
Si me permite las etiquetas, usted ‘progresista’ y Galve, el presidente del TSJN, ‘conservador’. ¿Qué tal se llevan?
Magníficamente porque cada uno tiene una misión diferente, supongo que un proyecto diferente y funciones diferentes. Los ciudadanos son plurales y a veces la mejor solución es la que también es fruto de propuestas plurales. Es bueno que entre los jueces también haya distintas visiones.
El presidente del TSJN fue, a su pesar, protagonista en la campaña electoral por los insultos que recibió del candidato de Ciudadanos en una conversación privada que trascendió. ¿Le sorprendió el asunto?
Fue algo sorprendente y desagradable, pero éste es un tema subjudice, hay unas diligencias abiertas. Y de la misma forma que antes decía que los políticos representan a un conjunto de ciudadanos, el presidente del Tribunal Superior de Justicia también representa a todos los jueces.