Opinión
"Me lleva ocurriendo más de media vida y ahora descubro que no soy el único: soñar que falta una asignatura para terminar la carrera y que mi título ya no vale para nada"
El sueño se repite todos los años por estas fechas y la sensación es tan real que permanece vívida hasta bien entrado el día


Publicado el 07/05/2026 a las 08:51
Ya me ha llegado, solo que esta vez, un poco antes de tiempo. Pero por lo demás, ha seguido al pie de la letra las reglas marcadas. A saber: sudores fríos, desconcierto inicial, incredulidad, después frustración y, al final, alivio. Sí. Esta es la liturgia. Y ya pasó. Un año más. Yo lo llamo El Sueño.
Me lleva ocurriendo más de media vida y ahora descubro que no soy el único. Ni mucho menos. De hecho, debe ser algo recurrente entre profesionales, con diferentes matices claro, pero básicamente así: soñar que falta una asignatura para terminar la carrera y que el título de turno no vale para nada. Que toca volver a la casilla de salida. Y aún tengo una versión más heavy, una en la que me veo sentado de nuevo en la clase del instituto junto a chavalines ya que he suspendido alguna asignatura y toca repetir BUP. Generalmente, matemáticas. El horror.
Es en esos momentos oníricos donde uno lo pasa realmente mal, sin parar de dar vueltas en la cama, en un duermevela del que cuesta escapar. De hecho, muchas veces, ya despierto, la sensación de que lo soñado es real sigue tan vívida que la relajación de que sólo fue una pesadilla no llega hasta mucho más tarde. Al saborear ya el café del desayuno. Y claro, me pasaba siempre al llegar junio, el mes maldito para los estudiantes. Hasta ahora.
Los que controlan los asuntos freudianos dicen que una lectura de este tipo de sueños suele apuntar a anhelos incumplidos. O a personas que sufren el síndrome del impostor. Otras versiones más benévolas dibujan la pesadilla como un campo de pruebas seguro donde testar la resiliencia, una especie de simulador de amenazas que prepara para situaciones estresantes de la vida real. No lo sé. A mí, que nunca fui una persona enamorada del estudio precisamente, sólo me da canguelo. Y ya luego, felicidad por no tener que volver a ser examinado con nota.
Y que se me haya adelantado en esta ocasión lo asocio más a un acto de mimetismo con mis herederos, de empatía con ellos y su recta final del curso. De hecho, el mayor apura los últimos días en Secundaria y quizá me vea reflejado en su agobio y tensión. Y eso que él es brillante. Buf. Ya podíamos soñar con otra cosa periódicamente. Yo que sé, con ganar la lotería, por ejemplo. Ahí sí que me quedaría un rato remoloneando.