Iglesia Diocesana

Las misioneras que visten de colores

Las misioneras de Cristo Jesús, congregación fundada por tres pamplonesas en 1944, cumplen 80 años. Iniciaron su andadura en Javier, ahora retiro para 38 hermanas mayores, y llegan a los cinco continentes con su labor de ayuda a los necesitados

Varias de las misioneras de la casa de Javier y sus hermanas de Pamplona, en una imagen tomada este 14 de marzo.
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Varias de las misioneras de la casa de Javier y sus hermanas de Pamplona, en una imagen tomada este 14 de marzo.
Varias de las misioneras de la casa de Javier y sus hermanas de Pamplona, en una imagen tomada este 14 de marzo.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 16/03/2024 a las 05:00

La fotografía superior está cargada de matices de color, como lo es la casa de las Misioneras de Cristo Jesús en Javier. Tantos colores como continentes y países en el mundo ha pisado esta congregación que este jueves cumplió 80 años. Y como sucede cada 14 de marzo desde entonces, lo celebraron con una eucaristía y con tortilla de patatas, lo mismo que comieron el día de la fundación “porque no había otra cosa que patatas y huevos”. La visita del nuevo arzobispo de Pamplona, Florencio Roselló, hizo especial el aniversario de 2024. Presidió la eucaristía junto a jesuitas de Javier y el abad de Leyre.

La andadura de las misioneras comenzó en Javier de manos de tres pamplonesas, Camino Sanz Orrio, Concha Arraiza y Teresa Unzu, “con ayuda del entonces obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea”. Unos meses después se unió a ellas Eugenia Nagore. Lo esencial, escribieron entonces, “el amor a Jesucristo y la consagración a la misión, marchar y servir a las misiones, todo lo demás debe estar al servicio de este ideal, las estructuras, horarios y normas serán mínimas, disponibilidad para el servicio, pronta respuesta a las necesidades más urgentes”. Con esta premisa, en noviembre de 1948 partió “la primera expedición a la India con cinco hermanas”. La congregación tenía entonces 50 misioneras. Establecieron el noviciado en Javier y contaban con una vivienda en la calle Navarrería de Pamplona. Japón en 1951; Congo y Venezuela en 1956; Bolivia y Chile en 1969, Filipinas, República Dominicana, Camerún, Chad, China... se van sumando a la lista de misiones de estas mujeres sencillas y dispuestas, la mayoría con estudios superiores, enfermeras, médicas y maestras, “acomodadas siempre a las necesidades de la misión, el ejemplo de San Francisco Javier y su espíritu emprendedor alimentaron el deseo de llevar el mensaje de Cristo a los pueblos más alejados y necesitados”.

Actualmente son unas 280 misioneras y en España mantienen la casa de Madrid, además de la de Javier y una comunidad en un piso de Pamplona. Y acaban de abrir una en Algeciras para atender a personas migrantes de manera urgente “porque ahora son ellas las que vienen aquí de otros países y precisan atención”. Trabajan en educación, desarrollo sostenible, sanidad, infraestructuras, acompañamiento a personas necesitadas, cumplimiento de los derechos humanos y formación de comunidades cristianas.

En Javier tienen el retiro para las hermanas mayores. Conviven 38, más de la mitad superan los 90 años. Y solo hay dos menores de 80. “La mayor, Pilar Pérez Bovillo, gallega, suma 101 años y Catalina Claverol, mallorquina, cumplirá 100 este año”, explica Milagros Salvador Otaduy, bilbaína de 84.

El arzobispo Florencio Roselló presidió la eucaristía. Bajo la mesa del altar, una fotografía con las tres fundadoras: Camino Sanz Orrio, Concha Arraiza y Teresa Unzu. Con él, el abad de Leyre y el rector de los jesuitas de Javier.
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El arzobispo Florencio Roselló presidió la eucaristía. Bajo la mesa del altar, una fotografía con las tres fundadoras: Camino Sanz Orrio, Concha Arraiza y Teresa Unzu. eduardo buxens
El arzobispo Florencio Roselló presidió la eucaristía. Bajo la mesa del altar, una fotografía con las tres fundadoras: Camino Sanz Orrio, Concha Arraiza y Teresa Unzu. Con él, el abad de Leyre y el rector de los jesuitas de Javier.

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“Nuestros pies han hecho camino al andar por otras tierras. Nuestras manos al estrechar otras manos se han abierto a compartir”, dicen las letras impresas en cristales del vestíbulo de la casa en que el 14 de marzo es día de recibir a familia y amigos. Cada saludo, cada abrazo al cruzar la puerta, refleja lo queridas que son las misioneras de Javier.

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