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Obituario

María Teresa Unzu, la mujer que logró que las aerolíneas le dieran la comida sobrante

La religiosa, cofundadora de las Misioneras de Javier, era osasunista y aficionada al críquet

Ampliar María Teresa Unzu, Camino Sanz Orrio y Concepción Arraiza Jaurrieta, las tres fundadoras de las Misioneras de Cristo Jesús en Javier
María Teresa Unzu, Camino Sanz Orrio y Concepción Arraiza Jaurrieta, las tres fundadoras de las Misioneras de Cristo Jesús en JavierEduardo Buxens
Actualizado el 26/01/2022 a las 12:33
La pamplonesa María Teresa Unzu, fallecida a los 97 años, en la India, supo moverse en una sociedad de castas para lograr ayudas para sus hospitales y colegios. En 1957, las Misioneras de Cristo Jesús abrieron en Bombay una casa para atender casos de cáncer en la cara. Es una enfermedad relativamente frecuente en la India debido al consumo de hojas de betel, una droga que lleva cal, tabaco y nuez moscada. “Le llaman pan, la meten en la boca, en el carrillo y les estimula y les quita el hambre, pero les va comiendo los tejidos del carrillo hasta que aparece cáncer de cara y garganta”, relataba a este periódico María Teresa Unzu, que atendía a estos enfermos. La congregación vivía de la providencia, así que las hermanas tenían que ser valientes y audaces para lograr ayudas públicas y privadas en una sociedad de castas. Entre otras cosas, esta misionera llegó a un acuerdo con las aerolíneas indias para recoger la comida sobrante.
María Teresa contó también con la ayuda de un piloto inglés que luchó contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Para evitar objetivos civiles cerraba el motor y reducía altura y así escapar de los radares. Le dieron la Cruz de la Victoria, se hizo católico, se casó con una polaca y se dedicaron a abrir casas para discapacitados. El hogar de Bombay acogió después a parapléjicos. “Había de todo. Uno se había caído del cocotero. A otro le dieron una paliza atado a un árbol para que luego se lo comieran millones de hormigas hasta que alguien lo soltó. Yo estaba encargada de la terapia ocupacional”, señala Unzu. También supo ganarse la confianza de médicos del país para que atendieran gratis a los pacientes que enviaban.
Era el “espíritu de caballería ligera, sin mucha estructura” que Camino Sanz Orrio les planteó a Conchita Arraiza Jaurrieta y María Teresa Unzu para fundar la congregación en 1944. Tres mujeres jóvenes, de buena familia y con estudios que lo dejaron todo para seguir los pasos del patrono de Navarra. “Una vez el patriarca de Goa nos abrió la tumba de San Francisco Javier a Concha Arraiza y a mí. Y allí estábamos ante el cuerpo, solicas. Me entusiasmó que nuestro paisano había salido de ese rinconcico de Javier donde tenemos la casa fundacional”, relataba María Teresa.
Luz Juanmartiñena, sobrina de Conchita Arraiza, destaca la “vitalidad y alegría” de las tres fundadoras. “Es la fe en Dios y el amor a Jesucristo lo que les llevó a la India”, señala. A pesar de estar prohibido el proselitismo cristiano, María Teresa logró la conversión de muchas personas, entre ellas un preso poco antes de que fuera ahorcado: “Me dejaron entrar en su celda en la que estaba aislado. Antes de morir me hizo un dibujo de una cruz hermosa”. A pesar de la distancia, María Teresa Unzu se mantenía “muy bien informada” de lo que pasaba en Navarra. Asidua lectora de Diario de Navarra, era gran aficionada osasunista. También se enganchó al críquet, deporte oficial de la India, que le gustaba practicar.
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