Reportaje
Iñaki Guergué y Andrea Garraza: "Olivia nació sin romper la bolsa, en pleno confinamiento"
Ante la falta de información sobre el contagio entre la madre y el bebé, se encerraron en casa con un hijo de dos años... Y el 9 de abril de 2020 nació Olivia


Publicado el 14/03/2022 a las 06:00
DOS AÑOS DESPÚES
Durante este tiempo ha nacido Olivia, Lola y Miguel se han casado, María ha ayudado a contener el virus en la primera línea, José Antonio ha velado en soledad a muchos fallecidos...
Febrero de 2020, un mes antes del inicio del estado de alarma, Mª Dolores Barrera pidió matrimonio a Miguel París. Un mes después de la pedida de mano, en marzo, un equipo de 300 profesionales del Servicio de Emergencias Extrahospitalarias, entre ellas la enfermera María Adot, comenzaron una lucha de contención del coronavirus desde la primera línea. Y el 9 de abril de 2020 nació Olivia, en pleno confinamiento, sin romper la bolsa. La vida se abría paso en medio de un tsunami. Una época en la que los fallecidos se acumulaban en las cámaras frigoríficas y los funerarios eran los únicos que podían velarlos. Allí estaba José Antonio Goñi. Aún escucha los gritos por las noches.
“Fue desastroso. Recuerdo que dos días antes del confinamiento solicité permiso para no ir a trabajar porque en cada comunidad se atendían los partos de forma diferente. Era tal el miedo que sentíamos que decidimos encerrarnos en casa”. A Iñaki Guergué Corrales, operario de 32 años, aún le tiembla la voz al hablar del nacimiento de su hija Olivia. “Con los problemas que había para conseguir alimentos para celiacos y siendo Andrea celiaca... ¡Fue una locura! ¡Casa, casa y casa! Los tres, con nuestro hijo Lucas, de 2 años...”.
Andrea Garraza Michaus, publicista y maquilladora (33), no disimula una sonrisa cómplice al detectar que aquella experiencia le sigue provocando un nudo en la garganta a su marido. “Decidimos no tener contacto con nadie hasta dar a luz porque la información del contagio de la madre al feto era confusa al principio”, sigue explicando Andrea. “Tampoco sabíamos si a Iñaki le permitirían estar presente en el hospital y si podría dar el pecho si me infectaba”. A pesar de la oscuridad inicial, el 9 de abril de 2020 llegó la luz.
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La tarde anterior una amiga matrona, Miren, se presentó en su casa para supervisar el estado de gestación. Las contracciones se aceleraban y la ginecóloga les había aconsejado acudir al hospital para realizar una revisión si se producía esta situación. “Pero no sabíamos qué hacer, porque entonces los coches no se podían compartir con personas ajenas a la familia”, aclaran. Finalmente, viendo que todo se precipitaba, Miren la llevó en su coche. Mientras se dirigían al hospital a las once de la noche, Iñaki se encargaba de llevar su hijo Lucas a casa de sus abuelos, en la comarca de Pamplona. De camino, la matrona orientaba a Andrea. “Dejar de hablar es un síntoma significativo”, adelantó. Y dejó de hablar. Y a las doce y media nació Olivia.
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Un poco antes, Iñaki recibió una llamada desde el paritorio. “Apresúrate porque esto va muy rápido. Aparca en la puerta porque no llegas...”. Pero Lucas no quería separarse de su padre. Estaba somnoliento y no sabía dónde se encontraba. El mes de confinamiento había hecho mella. Así que cuando pudo convencerle, Iñaki atravesó una Pamplona vacía. Lastrado por el pensamiento de su hijo, aparcó el coche en la explanada de Maternidad, avisó a la patrulla de la Policía Foral, que vigilaba las 24 horas el exterior, llevó a cabo un minucioso protocolo de acceso al paritorio, y una vez dentro se encontró a Andrea entre lágrimas y a su hija en brazos. “¡Encima, me dicen que me he perdido un parto velado!”, sonríe, con impotencia. Es decir, Olivia había nacido sin romper la bolsa. Un caso excepcional que se produce en 1 de cada 80.000 nacimientos. “¿Qué sentí? En ese momento te sientes culpable por no haber podido estar ahí y encima tienes que expresar algo que no has vivido”.
¿Dos años después cómo son sus hijos, Lucas y Olivia?
Se nota que son niños de pandemia. Olivia está acostumbrada a ver a todo el mundo con mascarilla y se la pone en casa jugando como si fuera un juguete más. Y Lucas también la tiene muy integrada. De hecho, no se acuerda de cuando no las llevaban. En el centro al que les llevamos nos han indicado que esta generación es diferente a la de antes, que demandan más estar en clase, que no tienen esa ansiedad por salir al patio.
En el postparto volvieron a encerrarse y los abuelos no pudieron conocer a su nieta hasta dos meses después de nacer.
