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Arte

Mapamundistas se fija en lo que el ojo no ve


Los artistas vascos Oier Iruretagoiena y Raquel Asensi abren la programación de este año con sendas exposiciones en El Sario y en el Batán de Villava

Ampliar Raquel Asensi con una de sus obras en la exposición del Batán de Villava, visitabledel 10 de septiembre al 23 de octubre.
Raquel Asensi con una de sus obras en la exposición del Batán de Villava, visitabledel 10 de septiembre al 23 de octubre.Jesus Caso
Publicado el 10/09/2022 a las 06:00
Bajo el lema de 'Más allá de lo que pueda' ver, el ciclo Mapamundistas se propone salir del dominio actual de las imágenes y del ojo humano para indagar en las huellas, en los restos, en lo que está ahí pero no está. Es algo que expresa perfectamente la primera exposición, 'Paisajes sin mundo', de Oier Iruretagoiena, abierta en El Sario.
Iruretagoiena (Errenteria, 1988) vive y trabaja en Bilbao, pero antes pasó una temporada en Bélgica. Allí no tenía estudio, tenía que trabajar en casa, y encontró la manera de hacerlo limpiamente en su habitación: cosiendo telas pintadas que recogía de rastros. Los rastros están muy asentados en la cultura belga y le facilitaban las cosas. “Si quería un cielo grande y azulado, salía y lo encontraba”, resume.
Las propias pinturas que fue encontrando le marcaron el camino, al ser esos paisajes rurales los que predominaban. Así empezó a hacer sus Paisajes sin mundo, en los que aprecian vistas que no existen ya, o que vio el pintor en cuestión sin hacer caso a la vida que se desarrollaba ahí.
Las piezas que muestra en El Sario son la evolución de las que hizo en Bélgica. Éstas tienen un tamaño mayor y se nutren de lo que ha ido recogiendo en sus paseos por las afueras de Bilbao. “Aquí quise trabajar de una manera más sucia o más bruta, quise probar a trabajar con plásticos dibujados y las uniones hacerlas con grapas, hay una maraña de grapas”, explica. “Las grapas van más allá de lo que es funcional, es un material que toma sentido en la exageración, en el exceso”, añade.
El siguiente paso, también presente en Pamplona, fue quedarse con el plástico y las grapas y quitar las pinturas. “Empecé a trabajar con lo que tenía a mano, son embalajes de comidas y plantas secadas, materiales que encontramos en los descampados de los extrarradios de las ciudades”, expresa. En las obras se pueden distinguir hierbas malas, zarzas, ortigas, junto con embalajes de snacks, pipas o patatas fritas, muchos con los colores desgastados, después de que el viento los haya llevado de un sitio a otro durante mucho tiempo.
Oier Iruretagoiena posa ante los Paisajes sin mundo que muestra en el edificio de El Sario de la UPNA hasta el 21 de octubre.
Oier Iruretagoiena posa ante los Paisajes sin mundo que muestra en el edificio de El Sario de la UPNA hasta el 21 de octubreirati aizpurua
Raquel Asensi (Bilbao, 1989) tiene el estudio muy cerca de Oier Iruretagoiena, en el edificio de al lado. Este sábado inaugura en el Batán de Villava su exposición, Tentare, conectada estrechamente con el propósito mapamundista. Asensi trabaja básicamente la escultura en cerámica, aunque también se expande hacia otros formatos como la performance, el trabajo con el cuerpo o los procesos colaborativos. El contacto con el medio ambiente siempre tiene mucha importancia en su obra. En Villava ha planteado una serie de obras que tienen que ver con el tacto, incluido el de la luz que entra en contacto con la retina, explica, por lo que incluye fotografías. “Son una serie de huellas que he ido generando a lo largo del tiempo que les une eso, que son procesos íntimamente sensoriales y vinculados al tacto”, explica.
La artista las ha ido capturando de rostros o bustos humanos, flores secas y algas marinas, pero también de plásticos. Con esas huellas crea artefactos. “Me interesa reflexionar sobre los residuos que generamos que puede ser tanto plásticos como una semilla, en un caso cuestionamos su uso y en el otro es algo que deberíamos fomentar más”, apunta. El plástico está en su obra porque también está en su día a día. De hecho incluye una pieza, El nacimiento de Ideonella, en referencia a una bacteria que descompone el plástico. “Veo muchas resonancias con Oier, creo que tiene algo que ver con un síntoma contemporáneo, no es casualidad”, apunta.
El sábado impartirá un taller infantil con arcilla y por la tarde otro adulto que tendrá como objetivo experimentar la interacción entre cuerpo y materia. Concluirá con un paseo-vermut el domingo por la mañana, y cerrará así el círculo de una obra hecha a raíz de una máscara de belleza low cost. En el taller va a generar máscaras que tendrán huellas del entorno. “Cada persona decidirá a lo largo de un paseo junto al río dónde depositarlas, tendrá que ver con lo que experimenten”, explica. Esas máscaras estarán hechas a partir de un solo molde, con lo que se dará también una reflexión sobre la identidad. “Se trata de a partir de un solo molde ver en cada rostro cómo se suceden formas totalmente diferentes”, explica.
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