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Pamplona

Georges Méliès, el hombre que hizo volar al cine

Fundación La Caixa presenta una exposición en Pamplona sobre el padre de la ficción y los inicios del cine, en colaboración con la Cinémathèque Française y el Ayuntamiento de Pamplona

Ampliar LUMIERE
Presentación de la exposición ‘Empieza el espectáculo. George Méliès y el cine de 1900’, en el paseo Sarasate de PamplonaJESÚS GARZARON
  • Diario de Navarra
Actualizado el 06/09/2022 a las 20:24
Las molestias humanas para la Luna empezaron mucho antes de que Neil Armstrong la pinchase con su bandera. Casi siete décadas antes, en 1902, la primera protonave terrícola se le incrustó en el ojo derecho al alunizar. Aquel ficticio cohete no lo lanzó un país, fue la imaginación y los trucos de mago de un hombre, Georges Méliès, que de ese modo inventó la ficción en el cine, hasta entonces limitado a breves pasajes de valor documental como la salida de los obreros de la fábrica o las escenas familiares de los hermanos Lumière. Con 'Le voyage dans la Lune' (El viaje a la luna) y las demás películas de Méliès no sólo se abrió el camino a la ficción en el cine, también se creó el guion, la interpretación, la iluminación, los decorados o la narración.
La exposición 'Empieza el espectáculo. Georges Méliès y el cine de 1900' de la Fundación La Caixa, en colaboración con La Cinémathèque Française y el Ayuntamiento de Pamplona, le rinde homenaje desde este miércoles en el Paseo de Sarasate de Pamplona. Para ello se ha instalado un espacio expositivo de 200 metros cuadrados, organizado en su interior en barracas como las de las ferias de principios de siglo XX en las que se propagó el talento de Méliès, con aparatos, maquetas, objetos de época, copias de fotografías y vídeos en los que cineastas actuales como Juan Antonio Bayona, Javier Ruiz Caldera o Borja Cobeaga explican la importancia de esta figura.
Al traspasar el telón el tiempo se rebobina más de un siglo y se asienta en esa época de grandes transformaciones. El cine ya existía. Los inventores fueron los Lumière, pero ellos crearon el cinematógrafo, la máquina, y grababan sus vacaciones o escenas documentales que inmortalizaban con su invento. Méliès (1861-1938) fue más allá y aprovechó esas posibilidades para convertir la experiencia en espectáculo, abriendo la puerta del cine a la magia, la ilusión y el entretenimiento. “Con él el cine se convierte en espectáculo popular de masas, el público de entonces quería distraerse”, explica Sergi Martín, guionista, escritor y comisario de la muestra.
'Voyage dans la Lune' (Viaje a la Luna), 1902.
'Voyage dans la Lune' (Viaje a la Luna), 1902.la cinémathèque française
El día después de mostrar 'Le voyage dans la Lune' (1902), que disparaba la duración de las películas de los 2-3 minutos hasta sobrepasar los 15, una locura para los feriantes que las proyectaban, llovieron las peticiones a Méliès.
El cine como lenguaje aún tardó en desarrollarse. Hasta Griffith la cámara siguió permaneciendo estática, herencia de la experiencia teatral, pero algo cambió.“Viaje a la Luna supone un cambio de paradigma, las películas ya son más largas, se considera el primer largometraje de la historia aunque tuviera 14-16 minutos”.
Todo empezó en la época de las grandes exposiciones universales, finales del XIX, en la que mucha gente fue a París. En los barrios obreros, mientras, los trabajadores acudían los domingos a las plazas a ver espectáculos que les divertían, chistes y obras en las que se daba palos al jefe, un antecedente del slapstick. Méliès se dijo: “Vamos a hacer esto pero bien”, cuenta Sergi Martín. Dejó la fábrica de calzado que regentaba y se compró un pequeño teatro en París, el Robert-Houdin, para hacer números como mago e ilusionista.
El cine pasó a las ferias populares, donde convivía con el circo, con las estatuas de cera o las sombras chinescas, y Méliès fusionó todo en su experimentación, donde abundaban los trucos, la linterna mágica, pirotecnia o efectos ópticos de todo tipo.
Aquellas primeras películas, sin embargo, se quemaban con facilidad, lo que provocó desgracias como el incendio en el Bazar de la Charité, que acabó con 140 personas muertas. Las clases altas, temerosas, dejaron de ir, y el cine se refugio en las ferias, por pueblos y ciudades. Méliès producía películas y las vendía a los feriantes, que las fueron llevando cada vez más lejos, hasta llegar a Estados Unidos.
En la exposición se puede ver una maqueta del estudio que construyó en Montreuil, cerca de París, con las paredes enteramente de cristal para poder jugar con las lonas y emplear más o menos luz en sus rodajes. Hacía todo él, era dibujante, mago, constructor de artefactos, director de teatro, actor, decorador, técnico, productor, realizador y distribuidor.
Méliès en su tienda de juguetes de Montparnasse en una foto de La Cinémathèque française.
Méliès en su tienda de juguetes de Montparnasse en una foto de La Cinémathèque française.Stéphane Dabrowski
Pero en esta historia también hay nubarrones. Las dos principales productoras de cine francesas, Pathé y Gaumont, abrieron sus salas y les interesaba producir sus películas, al margen de los feriantes. Les interesaba apagar la estrella de Méliès. ¿Cómo? “Le encargaron grandes proyectos sabiendo que como él hacia todo en las películas no las iba a poder completar”, explica Sergi Martín. Acertaron. “Llegó a quemar algunas de las películas para rescatar pequeñas cantidades de nitrato de plata que pudiera haber”, relata el comisario. En 1912, Méliès estaba totalmente arruinado, además su esposa murió y tuvo que encargarse él de sus dos hijos, y poco después estalló la Primera Guerra Mundial.
Encontró refugio con su segunda mujer, Jehanne d’Alcy, que había sido actriz de sus películas y tenía una tienda de juguetes en la estación de Montparnasse, donde acabaron despachando juntos hasta que le reconoció el periodista Léon Druhot y poco a poco se empezó a recuperar su figura. Afortunadamente para la historia del cine, no era él quien guardaba sus películas, sino los feriantes, y así se han podido recuperar más de 300 de las 500 que rodó entre 1896 y 1912. Antes de morir recibió la máxima distinción de Francia, la Legión de Honor, de manos de Louis Lumière.
La muestra recalará en diciembre en Tudela.
Del 7 de septiembre al 4 de octubre de 2022
Paseo de Sarasate
Entrada gratuita con aforo limitado. Reserva las entradas en CaixaForum.org. Servicio de información de la Fundación “la Caixa”: 900 223040, https://fundacionlacaixa.org/es. Para facilitar la gestión, en el exterior del espacio expositivo hay un totem digital donde se puede realizar la operación de forma simple.
Horario de la exposición:
• De lunes a viernes, de 12.30 a 14 horas y de 17 a 21 horas
• Sábados, domingos y festivos, de 11 a 14 horas y de 17 a 21 horas
Visitas guiadas:
• De lunes a viernes, a las 19 horas
• Sábados, domingos y festivos: a las 12 y 19 horas
*En castellano, de lunes a miércoles laborables y sábados y domingos a las 12 horas/ En euskera, jueves y viernes laborables y sábados y domingos a las 19 horas
Visitas escolares:
• De lunes a viernes, de 9.30 a 12.30 horas y de 15 a 17 horas, previa cita al teléfono 900 80 11 37
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