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Las elecciones que desencadenaron una guerra civil: contexto previo (1860)

Las elecciones que desencadenaron una guerra civil: contexto previo (1860)

La Guerra de Secesión (1861-1865) tuvo su preludio en las elecciones de 1860, pero las raíces del conflicto se hundían profundamente en la historia de Estados Unidos

21/09/2020 a las 06:00

Las elecciones presidenciales de 1860 son unas de las más trascendentales, si no las que más, de toda la historia de Estados Unidos: ninguna otra derivó en la secesión, en la ruptura del país, y, después, en la guerra civil. Teniendo esto en cuenta, se hace necesario prestarles una atención especial y, antes de abordarlas en profundidad, merece la pena repasar los hechos acaecidos en los años precedentes. Estos nos explicarán cómo se llegó al conflicto bélico, cuáles fueron sus raíces y, también, nos permitirán saber qué posturas sostenían los partidos políticos de la época y sus implicaciones.

El asunto sobre el que pivotaba el debate a principios de la década de los 60 del siglo XIX era la esclavitud, como lo venía siendo desde hacía varios lustros. La diferencia, a esas alturas, era que las posturas se habían enrocado hasta tal punto que solo los más optimistas podían soñar con una solución pacífica.

Desde el mismo momento en que Estados Unidos se fundó como nación, hubo ciudadanos que se sentían incómodos con el hecho de que algunos hombres pertenecieran a otros hombres. Al principio no eran muchos, pero poco a poco su número fue aumentando y también creció la fuerza con la que reivindicaban el fin de la esclavitud. Libros como La cabaña del Tío Tom acercaron al gran público las penosas condiciones en las que vivían los hombres privados de su libertad y contribuyeron a engrosar la lista de antiesclavistas. Además, otro fenómeno ayudó a la causa: los esclavos que conseguían escapar de sus amos, al refugiarse lejos de su lugar de origen, relataban sus vivencias y alimentaban esa conciencia humanitaria.

Con el tiempo llegó a extenderse la idea de que la esclavitud resultaba denigrante, pero no sólo para los esclavos, sino también para sus amos, sus vecinos, la sociedad y el país en general. Sobre todo se tuvo conciencia de ello en el Norte, donde la esclavitud ya estaba prohibida. En el Sur, en cambio, había reticencias: los propietarios de tierras pensaban que su modo de vida dependía de la mano de obra esclava y se oponían de manera contumaz a poner fin a aquella institución. Pero no eran los únicos. Ciudadanos sin tierras ni esclavos en propiedad sentían que gentes ajenas -del Norte- querían tomar decisiones en su nombre y, por tanto, pensaban que estaban coartando su libertad, la cual era -irónicamente- el bien más preciado por los estadounidenses desde los tiempos de la Guerra de Independencia.

De todas maneras, debido a la descentralización inherente al país no había demasiado margen para que se produjeran injerencias ajenas. Los antiesclavistas, de los cuales los más radicales eran los abolicionistas, solo podían protestar y quejarse. Desde 1850, ni siquiera podían dar refugio a los esclavos huidos, ya que la Ley del Esclavo Fugitivo les obligaba a colaborar en su devolución. A lo único a lo que realmente podían aspirar era a que la esclavitud no se extendiera a las tierras que Estados Unidos estaba colonizando o había arrebatado a México por la fuerza de las armas.

No se trataba de una cuestión menor. Entre 1845 y 1860, el país creció espectacularmente, alcanzando el Pacífico, y volvió a duplicar su extensión como en los tiempos de la Compra de la Luisiana (1803). Sin embargo, tampoco en este campo había muchas posibilidades: décadas antes ya se había establecido un mecanismo para arbitrar qué nuevas tierras serían libres o esclavistas, el Compromiso de Missouri de 1820. Este había delimitado una frontera virtual al sur de la cual los territorios serían esclavistas; al norte, libres.

Tras la Guerra Estados Unidos-México (1846-48), la aplicación del Compromiso de Missouri se complicó. La inmensa extensión de tierra conquistada estaba demasiado lejos de los viejos estados del Este y, por tanto, sin la influencia directa de estos, generaron su propia personalidad. Así, por ejemplo, California, sureña por latitud, tenía una mayoría de población antiesclavista.

De repente, había surgido un problema con el que nadie había contado y no sobraba tiempo para resolverlo: había prisa por admitir a California en la Unión ya que allí se había encontrado oro, su población crecía exponencialmente y prometía convertirse muy pronto en uno de los enclaves más ricos del país. En 1850, solo dos años después de desgajarla de México, se aceptó su incorporación como estado libre a cambio de matizar el viejo Compromiso de Missouri de 1820. Surgió así un nuevo acuerdo, el Compromiso de Missouri de 1850, que incluía dos contraprestaciones para contentar a los esclavistas: la aprobación de la ya mencionada Ley del Esclavo Fugitivo y el hecho de que los nuevos territorios conquistados deberían decidir por sí mismos su condición de esclavistas o libres, sin importar si se encontraban al sur, al norte o en el centro. En la terminología de la época se denominaba a aquello ejercer la soberanía popular.

El parche no evitó que el conflicto se complicara, ya que la aplicación de la soberanía popular abrió la puerta a los problemas. La Ley de Nebraska-Kansas (1854) los desencadenó. Esta ley estableció que en Nebraska y en Kansas debía aplicarse la nueva doctrina. Y mientras en Nebraska, alejada de los centros de influencia esclavistas y con un clima poco propicio para el cultivo de algodón, los abolicionistas obtuvieron la mayoría sin ser molestados; en el territorio de Kansas sí hubo competición y fue de todo menos limpia: se desató un conflicto civil caracterizado por la profusión de amenazas, saqueos, venganzas y fraudes electorales. Y aquello puso de manifesto que la soberanía popular tampoco era la solución.

Por el camino, las posturas se habían alejado. Los estados esclavistas veían amenazada su forma de vida y se sentían juzgados con superioridad desde el Norte. Los antiesclavistas habían encadenado una larga serie de derrotas electorales, la Ley del Esclavo Fugitivo les horrorizaba y entendían que la Administración no hacía lo suficiente por situar al país en sintonía con Europa (de la que muchos acababan de inmigrar), donde se había abolido la esclavitud en casi todos los lados.

En 1857, cayó la gota que colmó el vaso. Y no fue una decisión política, sino una sentencia de la Corte Suprema la que llevó el conflicto a un punto de no retorno. En el Caso Dred Scott contra Sanford (ver "La lupa"), siete jueces votaron a favor -dos en contra- de que los negros no eran ciudadanos de Estados Unidos, ni siquiera en los estados libres, y por tanto carecían de derechos. Además, añadieron que el Congreso se había excedido en sus funciones al aprobar el Compromiso de 1820, que según ellos era inconstitucional. Como consecuencia de esto se concedió la libertad a cada estado de decidir su propia condición respecto de la esclavitud.

Los antiesclavistas se convencieron de que el Tribunal Supremo estaba en manos enemigas, y ni siquiera podían aliviar su sensación de desamparo pensando que la Administración estaba de su parte. Los Demócratas habían ganado elección tras elección en las últimas décadas gracias a su fiel vivero de votos en el Sur y, en mayor o menor medida, todos esos presidentes habían favorecido a los esclavistas.

El máximo mandatario del momento, James Buchanan, no se mostró conciliador: con nulo tacto, presionó para que Kansas fuera admitido por el Congreso como estado esclavista, pero los votantes de aquel territorio -entre acusaciones mutuas de fraude- votaron en contra. Esto desprestigió al presidente, enfureció a los antiesclavistas, dio argumentos al Partido Republicano -que se había fundado en 1854 con el objetivo de acabar con la esclavitud- e incluso dividió al Partido Demócrata.

Algunos miembros Demócratas apoyaban al senador Stephen Douglas, el impulsor de la Ley Nebraska-Kansas y principal mentor de la "soberanía popular". Estos se pusieron en contra de Buchanan y por momentos se llegó a especular con una gran coalición entre ellos y los Republicanos. Sin embargo, para el Partido Republicano ese pacto hubiera supuesto dar un paso atrás y volver de algún modo a los tiempos del extinto Partido Whig. Así lo entendió, y se mantuvo firme en sus convicciones antiesclavistas sin concesiones, ni atajos, ni medias tintas, rechazando el acuerdo.

No obstante, este amago de coalición alertó a los esclavistas más radicales. Sus victorias electorales encarnadas por el Partido Demócrata se habían revelado insuficientes para asegurar que la esclavitud se extendiera a nuevos territorios. Por si esto no fuera suficientemente grave, mientras tanto se había roto el histórico equilibrio entre el número de estados esclavistas y libres en la Unión con el ingreso reciente de tres estados libres: California (1850), Minnesota (1858) y Oregón (1859). El dominio político del sur esclavista, y su visión del mundo, parecían estar caminando hacia su final.

Carolina del Sur avisó: si los Republicanos ganaban las elecciones de 1860, abandonaría la Unión. Las consecuencias de esta decisión eran incalculables, ya que de hecho ningún estado había llegado tan lejos en los casi cien años de vida del país. Simplemente, no había precedentes. Solo uno se le parecía y no resultaba halagüeño. La única vez en que se había amenazado con una decisión de tal calibre -la propia Carolina del Sur, a cuenta de la anulación de los Aranceles de 1828 y 1832-, el presidente de turno, Andrew Jackson, había amenazado con emplear la fuerza para impedir la secesión.

Así, con el ultimátum de Carolina del Sur sobre la mesa -del que muchos opinaban que era un simple farol-, los partidos procedieron a elegir a sus candidatos. Lo que ocurrió durante la decisiva segunda mitad del año 1860, incluida la celebración de las elecciones y sus dramáticas consecuencias, será tratado en profundidad en el próximo reportaje: "Abraham Lincoln, presidente: es la guerra (1860)".

La lupa: El Caso Dred Scott contra Sandford

Una decisión tomada por el Tribunal Supremo en 1857 se convirtió en un hito destacado de la creciente tensión entre partidarios y contrarios de la esclavitud en Estados Unidos. El fallo provocó reacciones encontradas y, además, convirtió en papel mojado el Compromiso de 1820. ¿Pero cómo se llegó a eso?

El camino había resultado tortuoso. Se inició cuando un esclavo llamado Dred Scott, que se había mudado con su amo a un estado libre, reclamó que no podía ser retenido en esa condición en unas tierras en las que la esclavitud no estaba permitida. Su dueño original, John Emerson, había fallecido, pero legalmente seguía perteneciendo a su esposa, Irene Emerson, y esta se negó a liberarle. A lo largo de una década, la cuestión fue ascendiendo peldaños en el laberinto judicial, entre apelaciones mutuas (al fallecer Irene Emerson recogió el testigo su hermano John F.A. Sanford, que por error pasó a la historia como Sandford), hasta que alcanzó la cúspide: el Tribunal Supremo.

La sentencia de la Corte Suprema fue contraria a la demanda del esclavo por siete votos a dos, pero fueron los términos de la propia sentencia los que indignaron a buena parte de la nación. Según los jueces, “cualquier persona desciendente de africanos, ya sea esclava o libre, no es ciudadana de los Estados Unidos de acuerdo con la Constitución”. Es decir, los negros de cualquier punto del país no tenían derechos.

Por si esto no fuera suficientemente escandaloso, la sentencia precisaba en su tercer punto que el Congreso se había excedido en sus funciones al determinar por el Compromiso de Missouri de 1820 si un territorio debía ser esclavista o no. De facto, esta determinación equivalía a una declaración de inconstitucionalidad de la que había sido la herramienta clave para el entendimiento entre las dos facciones contrarias durante más de 30 años.

La falta absoluta de derechos de los negros en Estados Unidos se mantuvo hasta que, superada la Guerra de Secesión, se aprobó la Decimocuarta Enmienda en 1868, la cual vino a concederles la ciudadana estadounidense. Por desgracia, tras la fallida "Reconstrucción", de la que se hablará largamente en próximos reportajes, en casi todos los estados del Sur se aprobaron medidas legales para contrarrestar la Decimocuarta enmienda y cercenar los derechos de la antigua población esclava durante un siglo más.

Glosario:

“CONSTITUCIÓN DE LECOMPTON”: Durante el período de la semiguerra civil en Kansas, el “Bleeding Kansas” que protagonizó "La lupa" en el reportaje anterior, la legislatura proesclavista del territorio se reunió en la ciudad de Lecompton, el año 1857, y aprobó la conocida como “Constitución de Lecompton”. El documento tenía una validez muy discutible, ya que en paralelo existía otra legislatura antiesclavista y no se había producido una votación popular para aprobar ninguna de las dos. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos, James Buchanan, aceptó la legislatura y la constitución esclavista, incluso en contra del criterio del gobernador Demócrata de Kansas, Robert John Walker, y pidió que fuera sometida a votación por el Congreso en Washington. En el caso de que fuera aprobada, Kansas sería admitida en la Unión como estado esclavista.

El senador Stephen Douglas, el impulsor de la Ley Nebraska-Kansas y firme creyente en el concepto de que la soberanía popular de cada territorio debía decidir su propia condición de libertad o esclavitud, se opuso a Buchanan, aunque ambos eran compañeros en el Partido Demócrata. Esa formación se dividió entre partidarios del senador y del presidente, y los Republicanos, mientras, protestaron y pusieron el grito en el cielo en contra de la decisión de Buchanan.

El Senado aprobó la admisión de Kansas, pero la Cámara de Representantes la rechazó, enviándola de nuevo a Kansas para que se sometiera a votación. Entonces, la soberanía popular del territorio se pronunció por fin y lo hizo en contra, de manera que la Constitución de Lecompton fue apartada para siempre, si bien quedó grabada en la historia como un mojón más en el camino hacía la guerra civil en Estados Unidos.

 

Puedes escuchar un breve resumen de las elecciones entre 1824 y 1844 en Cope Navarra, con Alberto Sanz, Jordi Rodríguez-Virgili (Unav) y Javier Iborra.
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