Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Selva de Irati

Rutas por Navarra: Errekaidorra, un camino entre fronteras por la Selva de Irati

Nexo de unión entre el valle navarro de Salazar y el francés de Soule, la senda Errekaidorra sumerge al caminante en el corazón de la Selva de Irati. Un viaje inolvidable en el que el bosque nos va mostrando, paso a paso, como ha sido su relación con el hombre a lo largo de los siglos. Un recorrido para disfrutar y, sobre todo, para aprender.

Vídeo Errekaidorra
Vídeo Errekaidorra
Caminando entre fronteras por la Selva de Irati
alt
Vídeo Errekaidorra
  • Conocer Navarra
Actualizada 21/05/2021 a las 15:21

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 35  con fecha junio de 2014. Textos y fotografías de JULIO ASUNCIÓN)

 

Visitar la Selva de Irati es una experiencia única para cualquier amante de la naturaleza. Sus 17.195 ha de extensión hacen de este bosque el mayor hayedo-abetal de la península Ibérica y uno de los mayores de Europa. Cuando se camina entre las hayas, haciendo crujir las hojas caídas del último otoño, podemos llegar a pensar que somos intrusos, que el hombre no tiene lugar entre tanta naturaleza, que nunca dominó este espacio. Pero la relación entre el hombre y la Selva de Irati es muy antigua, ancestral. Afortunadamente, se ha preservado el lugar, al contrario de lo ocurrido en otros rincones, donde la huella del hombre ha sido aplastante y ha hecho desaparecer paraísos naturales como este que hoy visitamos.

Para comprender la relación que el hombre ha tenido con la Selva de Irati a lo largo de la historia de una manera amena e instructiva, nada mejor que recorrer el sendero Errekaidorra, recientemente habilitado en pleno corazón de este enclave natural. Al tiempo que disfrutamos del hayedo, entenderemos la importancia que tuvo este bosque para nuestros antepasados. Esta ruta es parte del proyecto transfronterizo Irati, que une el valle navarro de Salazar con el francés de Soule en una interesante iniciativa que tiene como fin potenciar la Selva de Irati y estrechar las relaciones entre los vecinos de ambos lados de la frontera. Mientras recorremos la ruta, diferentes paneles informativos van a llevarnos a tiempos donde este paraje era un ir y venir de hombres y caballerías y donde el sonido rítmico del hacha golpeando la madera se extendía por el valle como un eco que hoy ha quedado muy lejano.

Aunque todavía continúa la explotación maderera, lo hace de una manera controlada, respetando y saneando el bosque. Esta explotación sostenible augura un prometedor futuro a la Selva de Irati. Los vecinos de los valles de Salazar, Aezkoa, Garazi y Zuberoa se esmeran cada día en preservar este bosque que es, nada más y nada menos, que uno de los espacios naturales emblemáticos de nuestro continente.

El sendero Errekaidorra es una ruta apta para todo tipo de público. Está perfectamente balizado y los paneles informativos nos permiten hacer una visita autoguiada de manera muy sencilla.

Empezamos la ruta en las Casas de Irati. Aquí nace el río que da nombre a esta masa forestal. El Irati comienza su curso en la unión de dos regatas de sugerente nombre: Urbeltza (agua negra) y Urtxuria (agua blanca). Se dice que este viene del diferente color del fondo de las regatas, más oscuro en el primero por lo umbroso del barranco por donde discurre y más claro en el segundo por la mayor luminosidad del valle al seguir una disposición este–oeste, siguiendo el recorrido del sol.

El sendero Errakaidorra remonta el Urbeltza hasta cruzar la frontera con Francia. Para seguirlo sólo tenemos que descubrir las marcas amarillas con una flecha negra en su interior. El sendero tiene 9,9 kilómetros de longitud, un desnivel acumulado de 390 metros y tardaremos unas dos horas y media en recorrerlo.

Vamos a sumergirnos en la historia más humana de la Selva de Irati.

 

Km. 0,00– Dejamos el coche en Casas de Irati. En el siglo XVIII el valle de Salazar cedió al rey Carlos III todos los árboles que necesitara para la Marina. El origen de las Casas de Irati, conocidas también como Casas del Rey, son aquellas serrerías, almacenes y talleres que se levantaron aquí para confeccionar tablones, mástiles y remos para la Armada. En 1.776 se construyó un fuerte para defender los establecimientos de la Marina Real. Todavía podemos ver las ruinas de este fuerte justo detrás de las Casas de Irati. Es difícil imaginar los avatares del fuerte a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Fue atacado y tomado por los franceses de la Convención, por las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia, por los liberales del general Torrijos y por los realistas de Fernando VII. Parece mentira que un lugar tan tranquilo como este retumbara antaño con el sonido de cañonazos, explosiones y disparos. Hoy, afortunadamente, en el fuerte no asoman las escopetas de los soldados y los muros derruidos se cubren poco a poco de vegetación. Es como si la naturaleza de Irati quisiera guardar para sí los episodios más dramáticos de su historia.

En el aparcamiento junto al punto de información comenzamos la ruta. No tenemos más que seguir las marcas amarillas. La mayor parte del recorrido transita por una pista ancha y cómoda, que comienza internándonos en el hayedo.

 

Km. 1,10– Tras pasar un panel informativo sobre la fauna de Irati llegamos a un refugio de montaña junto al río. Está abierto pero sólo se permite su utilización a las personas que estén haciendo una travesía a pie o en BTT y hayan accedido a este enclave natural sin vehículo a motor.

 

Km. 1,35– A la derecha de la pista sale un desvío a la cascada del Cubo. Nos acercamos al salto de agua, es uno de los lugares más hermosos de la Selva de Irati.

 

Km. 1,50– Llegamos a la cascada del Cubo, también conocida como de Itsuosin (pozo ciego en euskera). El nombre hace referencia a las pozas que hay río abajo de la cascada. El sonido del agua golpeando contra la piedra es uno de los lenguajes de la naturaleza. Si lo entendiéramos, quizás podríamos escuchar a la cascada contarnos que antiguamente era más modesta, pero en los años cuarenta del siglo XX se dinamitó parte de la orilla derecha para que el caudal fuera mayor y permitiera el paso de los troncos sin que se atascaran en este punto. Muchos árboles de la Selva de Irati comenzaban en el río Urbeltza un largo viaje que podía acabar en América, formando su madera parte de algún galeón. Los árboles cortados en el bosque eran trasladados por el Urtbeltza y el Urtxuria y luego por el río Irati para obtener la madera que abastecía a la construcción naval. Tras visitar la cascada del Cubo volvemos a la pista y continuamos nuestro recorrido.

 

Km. 1,88– Llegamos a la primera de las instalaciones que nos van a recordar los usos antiguos que tuvo el bosque. Aquí encontramos dos remos que recuerdan los muchos que se fabricaron con las hayas del bosque de Irati. Ya en el siglo XVI se fabricaban largos remos de más de doce metros en Irati para dotar a las galeras que se construían en las atarazanas de Barcelona. Desde entonces y a lo largo de los siglos, barcas, chalupas y todo tipo de embarcaciones han utilizado remos de la Selva de Irati. Se fabricaban con las hayas más rectas, sin nudos o defectos.

 

Km. 3,40– Tras pasar junto a paneles informativos que nos hablan de la flora y de la geología de Irati, llegamos al siguiente hito etnográfico que vuelve a recordarnos la importancia de este bosque en la industria naval. En el lugar podemos ver el tronco cortado de un gran abeto de 20 metros de longitud. El abeto de Irati no sólo es grande por naturaleza, lo es también por su relación con el mar. Durante siglos este bosque proporcionó mástiles a los astilleros de Cartagena, Cádiz y La Rochelle. Muchos barcos de los siglos XVII y XVIII sostenían sus velas con madera de los grandes abetos de Irati. Se aprovechaba su tamaño y la rectitud de sus troncos. En este bosque, hay abetos que llegan a los 40 metros de altura. Esta conformación, que les hace parecer verdaderas columnas naturales, y la calidad de la madera, les convertía en la materia prima ideal para fabricar los largos mástiles de los barcos.

Los abetos se cortaban y se llevaban hasta la orilla del río arrastrados con cuerdas y animales. Los troncos, luego, viajaban aguas abajo para su aprovechamiento en los talleres y serrerías que había en Casas de Irati. De abetos cortados en estas laderas se fabricaron, por ejemplo, los mástiles del conocido buque escuela español Juan Sebastián Elcano, el barco más conocido de la Armada Española.

De la Selva de Irati van a salir también próximamente los mástiles del ballenero San Juan. Este ballenero del siglo XVI va a ser reconstruido y se convertirá en el embajador móvil de Donostia/SanSebastián Capital Europea de la Cultura. El pecio del ballenero San Juan ha sido nombrado símbolo del Patrimonio Cultural Subacuático por la Unesco. Josetxo Izal, presidente de la Junta del valle de Salazar, comenta que los abetos se cortarán el año que viene y que, para una ocasión tan especial, lo harán según el método tradicional, con hacha o sierra.

Muchos abetos de Irati se usaron también como grandes vigas en la construcción de iglesias y palacios.

 

Km. 3,50– Poco más adelante llegamos al lugar donde se unen las regatas Urbeltza y Errekaidorra, regata que da nombre al sendero. Aquí encontramos las ruinas de una esclusa, que fue usada para el transporte de la madera por el río. Desde la Edad Media hasta 1940, el río fue la principal salida de las maderas de Irati. Cuando se iniciaron las grandes explotaciones de mástiles a finales del siglo XVIII el caudal no era suficiente para mover los grandes y pesados troncos. Fue necesario crear un sistema de presas para así aumentar el caudal del agua y hacer posible el transporte. Era la técnica conocida como “barranqueo”. En esta presa, hoy en ruinas, se embalsaba el agua que posteriormente se soltaba de golpe, provocando una ola que empujaba a los troncos río abajo. En el Irati llegó a haber una docena de esclusas que estuvieron funcionando más de un siglo.

El responsable de la esclusa debía saber perfectamente dónde colocar los maderos y cómo desembalsarlos para que llegaran lo más lejos posible. Otros trabajadores, río abajo, se ayudaban de pértigas para evitar que los troncos encallaran. El agua soltada en torrentera y los pesados troncos que flotaban sobre ella podían provocar accidentes que ponían en peligro la vida de esos duros trabajadores del bosque.

En la instalación se ha reproducido un tramo de la esclusa. Estaba fabricada principalmente de madera, por lo que era necesario repararla muy a menudo.

Km. 5,20– Tras un tramo donde pondremos a prueba las piernas, ya que hay que superar un desnivel, llegamos al punto más alejado del comienzo de la ruta. Aquí el bosque se abre y nos deja disfrutar de unas amplias panorámicas de este mar de árboles que es la Selva de Irati. En las laderas podemos ver el contraste del verde intenso de las hayas con el verde mucho más oscuro de los abetos. Los abetos, aunque son minoría, destacan sobre las hayas por su mayor altura.

Sin darnos cuenta, pues no hay nada que lo indique, hemos cruzado la frontera y entrado en territorio francés. De hecho, el recorrido que estamos haciendo también fue utilizado para pasar la frontera de manera discreta. Así, el sendero de Errekaidorra fue uno de los muchos caminos del contrabando en esta parte del Pirineo. Pero no fueron los contrabandistas los únicos que atravesaban la frontera por aquí amparándose en lo retirado del lugar y en la oscuridad de la noche. En alguna ocasión, el paso por estos lugares retirados de Irati fue usado por el maquis, la milicia armada antifranquista que incursionaba en la frontera tras el fin de la Guerra Civil. El ejemplo más reciente de la actuación del maquis por estos lares fue el 8 de agosto de 1961, cuando Valentín González y un grupo de guerrilleros republicanos mataron a dos guardias civiles en las inmediaciones del pantano de Irabia. Fueron detenidos por la policía francesa y deportados a una isla bretona.

Para los más montañeros existe la posibilidad de ampliar la ruta subiendo al monte Okabe, la cima más alta de la Baja Navarra. El desvío duplica el recorrido de la excursión, ya que la cima de Okabe está a 5,5 kilómetros y supone alargar la ruta a todo el día. Un poste indicador señala el comienzo de la ruta. Hay que estar preparado para superar algo más de 500 metros de desnivel. Cerca de la cima de Okabe está el que se considera el mejor conjunto de crómlechs de todo el Pirineo. Se encuentran en los prados de altura que fueron hogar de los primeros pobladores de estas tierras, pastores prehistóricos que hace miles de años ya sabían cómo vivir entre montañas, hayas y abetos.

 

Km. 5,74– Si decidimos dejar el Okabe para otra ocasión bajamos hacia el río y lo cruzamos por un puente. Volvemos a internarnos en el bosque, pero esta vez recorremos la orilla izquierda. Ahora caminamos en sentido de la corriente y acompañamos al agua en su bajada hacia Casas de Irati.

 

Km. 6,15– Llegamos a otra de las instalaciones etnográficas. En ella podemos ver una carbonera en fase de construcción. El carbón fue hasta hace no muchas décadas la principal fuente de energía. Además de dar calor y alimentar las cocinas de las casas, el carboneo en Irati surtía a las ferrerías de Aezkoa, Larrau y Mendibe y a la fábrica de armas de Orbaizeta. Pero una curiosidad que pocos conocen es que también en Irati se utilizaron las carboneras entre 1824 y 1835 para elaborar ceniza, que se usaba para la fabricación de vidrio. Y es que unos pocos kilómetros aguas arriba, en territorio francés, se construyó una pequeña industria de este material, en las cercanías del actual chalet de Pedro. Al contrario que con el carbón, donde la combustión se limitaba a evaporar la humedad de la madera pero conservando la mayor parte de su energía, cuando se fabricaba ceniza la madera debía arder hasta el final. Del resto obtenido de la combustión se extraía la potasa, que era usada en la fabricación del vidrio. El trabajo del carbonero era una labor dura y que a veces no daba fruto. En ocasiones, la combustión de la carbonera no era la adecuada y el carbón obtenido no era bueno. En cuanto a la ceniza, una tormenta a destiempo o un viento inoportuno podía llevar al traste el trabajo de muchos días.

 

Km. 6,75– El transporte por el río no fue la única manera de sacar del bosque la madera. En la siguiente instalación etnográfica se reproduce el sistema de cables. El Urbeltza fluye hacia territorio navarro. En la parte francesa no podían usar la fuerza de las aguas de este río para transportar los troncos, así que se solucionó el problema con la instalación de un gran cable en 1927, momento en que se iniciaron las grandes explotaciones madereras modernas. Desde su origen, en la misma frontera, hasta la serrería de Mendibe, los troncos recorrían 19 kilómetros.

No fue este el único uso del sistema de cables. Sobre ellos, se cuenta una historia digna de ser llevada al cine. Durante la II Guera Mundial, Charles Schepens y un pastor llamado Jean Sarocher utilizaron el sistema de transporte de los cables para crear una red de evasión de partisanos y de transmisión de información útil a la resistencia sin levantar sospechas entre los nazis. Más de un centenar de personas lograron salvar la vida gracias a ellos.

También fue usado por los contrabandistas. Donde viajaban troncos de cientos de kilos de peso se podía pasar también mucha mercadería de contrabando.

En la parte de Salazar y Aezkoa, los cables se utilizaron entre 1940 y 1970. En total se llegaron a instalar en la Selva de Irati casi cien kilómetros de cable. En esta instalación etnográfica se ha reconstruido una estación “terminus”, nombre con el que se conocía a las que se encontraban en uno de los extremos del cableado, en medio del bosque. Se ha construido a mitad de tamaño de lo que era originalmente.

 

Km. 7,10– Atravesamos la regata Errekaidorra por un puente de madera. En este puente de madera se han querido simbolizar los lazos que se han tendido desde hace generaciones entre los habitantes de Salazar y Soule. Precisamente, a un lado del puente, es territorio francés y, al otro lado, navarro. Esta es la razón por la que el sendero se llama Errekaidorra y no Urbeltza. Se quiere representar la unión de los dos valles en el nombre de esta modesta regata que marca aquí la línea de frontera.

Tras el puente ganamos altura en una subida en zig-zag bastante pronunciada. Más adelante vamos a encontrar el primero de los paneles que nos hablan de la diversidad ecológica de la Selva de Irati, según las estaciones del año.

Km. 8,55– Llegamos a la última instalación etnográfica. Trata sobre las vías férreas que se utilizaban para transportar los troncos cuando el caudal del río no era suficiente para arrastrarlos. Se aprovechaba el mismo peso de los troncos para deslizarlos por los raíles o, en el caso de ser necesario, se recurría a la ayuda de las bestias de carga.

 

Km. 8,65– Poco más adelante, nos salimos de la pista por la derecha y tomamos un sendero que nos va a llevar hacia el río. Como siempre, las marcas amarillas nos guían. En esta parte del recorrido el sendero Errekaidorra coincide con el sendero local SL NA-62a. Este es uno de los tramos más bonitos de la ruta. El sendero avanza cercano a la orilla del Urbeltza y acompañamos al río en un entorno umbroso de hayas que parece sacado de un cuento.

 

Km. 9,90– Volvemos a enlazar con la pista principal. Seguimos a la derecha y en cinco minutos llegamos a Casas de Irati, donde finalizamos el recorrido del día.

Uno tiene la sensación de que al salir del bosque se deja algo atrás. El sonido tranquilizador del agua, el armonioso canto de los pájaros y el relajante verde del hayedo han penetrado en el caminante estableciendo una comunión entre hombre y naturaleza.

El bosque de Irati siempre ha sido generoso. En el pasado, dio su carbón y su leña para calentar los hogares de nuestros antepasados. Dio su madera para que acompañara a marinos, exploradores y conquistadores por los confines del mundo, formando parte de los barcos que cruzaron los océanos. Hoy nos regala días especiales mientras paseamos entre esos miles y miles de árboles que nos hacen olvidar las preocupaciones, la ciudad, los ruidos, el tráfico y el estrés. Gracias Irati.

 

CASAS DE IRATI, AL SERVICIO DEL VISITANTE

Juantxo Izal, presidente de la Junta del Valle de Salazar, nos explica que hoy las Casas de Irati se han convertido en un funcional centro de servicios al visitante. Es una de las muchas iniciativas que se están emprendiendo para potenciar la zona. Así, en las Casas de Irati encontramos un centro de BTT, un moderno restaurante, un punto de información, una sala de exposiciones y una sala multiusos.

El centro de BTT es el primero público que se inaugura en Navarra. Centenares de kilómetros de aventura esperan al ciclista de mountain bike entre los hayedos de Irati. Aquí también podemos alquilar bicicletas para recorrer el bosque sobre dos ruedas.

En el restaurante Casas de Irati podremos reponer fuerzas antes o después de los paseos. Su horario es de 10:00 a 18:00 horas. En verano y en los puentes, hasta las 20:00 horas. En los pueblos del valle de Salazar se completa la oferta de restauración que satisfará hasta a los paladares de los más exigentes.

En el piso superior del edificio donde se encuentra el restaurante podemos visitar la sala de exposiciones. En ella hay una muestra permanente donde documentarnos de la historia, los usos tradicionales, la flora, la fauna, curiosidades y muchos más aspectos interesantes de la Selva de Irati. Una opción muy recomendable antes de internarnos por los muchos senderos que recorren el bosque.

En la sala multiusos, equipada con modernos medios audiovisuales, se pueden celebrar reuniones, seminarios, congresos y aulas de la naturaleza para colegios.

Para los amigos de comer al aire libre hay habilitada un área de picnic y barbacoa junto al punto de información. En esta área recreativa se permite encender barbacoas todo el año.

Para los peques, hay una zona de juegos junto al edificio principal de Casas de Irati. Es muy original. En vez de ser los típicos toboganes de metal o plástico se ha fabricado con troncos para que quede más integrada en el paisaje y para que los chavales se puedan sentir como pequeños tarzanes en medio de la selva.

En Casas de Irati no se puede pernoctar. Pero la amplia oferta de casas rurales de los valles de Salazar y Aezkoa cubre perfectamente la demanda de alojamiento del visitante.

En Ochagavía está la Oficina de Turismo más cercana. En ella, además de informarnos de los atractivos de los pueblos del valle de Salazar, encontramos un área de interpretación de la naturaleza donde aprenderemos más sobre la selva de Irati y el Pirineo navarro.

En Irati es obligatorio aparcar en los lugares habilitados para ello. Los días de mayor afluencia son en otoño, cuando las hojas de las hayas se cubren de multitud de tonos. En esta estación se ha llegado a alcanzar la cifra de 400 coches y 11 autobuses. El aparcamiento está regulado y hay que abonar una tasa para el mantenimiento de la selva de Irati.

 

 

 

Te puede interesar

Te puede interesar

Te puede interesar

Te puede interesar


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Más información
volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE