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Turismo

Rutas por Navarra: Oroz Betelu y Olaldea, viaje por el curso medio del río Irati

Hierro, papel y electricidad. Al abrigo de sus recursos naturales –minerales, agua y bosque– los habitantes de Orotz Betelu y Olaldea han ido construyendo un pasado común que nos remonta a la primera industrialización. Tras los cambios sociales de los años 60 que conllevaron un importante despoblamiento, estas bellas poblaciones –que conforman un único ayuntamiento– se muestran como un enclave tranquilo, rodeado de naturaleza. Ubicadas entre los valles de Arce y Aezkoa, el río Irati sigue siendo principal protagonista de su identidad.

Vídeo Oroz Betelu
Vídeo Oroz Betelu
Rutas por Navarra: Oroz Betelu y Olaldea
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Vídeo Oroz Betelu
  • Conocer Navarra
Actualizada 09/04/2021 a las 14:22

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 52 con fecha septiembre de 2018. Textos de VÍCTOR MANUEL EGIA y fotografías de SANTIAGO BAÑÓN)

 

Iniciamos nuestro recorrido en Nagore, capital del valle de Arce al que perteneció Orotz Betelu hasta mitades del siglo XIX, tomando la carretera que junto al curso del río Urrobi lleva hasta Auritz–Burguete. Apenas un kilómetro después la abandonamos tomando un desvío a mano derecha, en las cercanías del pequeño caserío de Arce que da nombre al valle y su magnífica iglesia románica de Santa María. La carretera, de reciente construcción, debe atravesar la sierra que separa los valles del Urrobi y del Irati y lo hace ascendiendo y salvando el último tramo por un túnel llamado de Karrobide. Debe tenerse en cuenta que hasta 1925 no se construyó la carretera que unía Itoitz con Orotz siguiendo el curso del Irati. Hasta entonces Orotz Betelu no tenía carreteras y tan solo contaba con un camino carretero (karrobide) que le unía a Nagore, a través de las pequeñas poblaciones de Gorraitz y Lakabe y otro con el barrio de Olaldea. Cuando, a principios de este siglo, el nuevo embalse de Itoitz inundó la carretera citada, hubo de realizarse la actual, que fue inaugurada en 2005.

Tras el túnel, un corto descenso por las cercanías de Lakabe nos lleva hasta la orilla del embalse, cuya cola más oriental llegará prácticamente hasta Orotz. También aquí hubo que elevar la cota de la nueva carretera, ya que la antigua quedaba inundada por las aguas del controvertido pantano. Este tramo, literalmente colgado sobre las aguas del embalse, atraviesa la foz de Iñarbe, con sus grandes paredones rocosos que asoman entre un tupido encinar y que son el hábitat de especies que gustan de anidar en los roquedos. La presencia de buitres es casi constante sobrevolando el estrecho desfiladero en donde el carrascal montano tiene aquí una de sus avanzadillas más norteñas, combinándose las propias encinas carrascas con algunas hayas y pinos royos, lo que da al conjunto un bonito mosaico de colores, especialmente patente en el otoño. Si coincidimos en época de cotas bajas de llenado del pantano observaremos en el cauce del río, a nuestra derecha, los restos de la presa que, construida en 1907, alimentaba la central hidroeléctrica de Artozki y poco más arriba la gran tubería que igualmente lo hacía con la de Iñarbe, ambas construidas por la sociedad El Irati. Precisamente, ya a la vista del núcleo urbano de Orotz Betelu, en una campa junto a la presa de cola del embalse, se exhibe uno de los motores originales de dicha central de Iñarbe.

 

RODEADO DE MONTAÑAS

Orotz Betelu se encuentra a 610 metros de altitud enclavado en el fondo de una depresión en la orilla derecha del río Irati y rodeado de montañas: Biskasun, Menyurru o la peña Urrizkain. Esta última, situada al oeste de la población, tiene un significado especial para sus habitantes. Cuenta el gran geógrafo Leoncio Urabayen en su monografía sobre Orotz Betelu publicada en 1916, que para los oroztarres era su reloj natural en los días soleados, ya que es justo a mediodía cuando el lienzo de roca de Urrizkain se ilumina en su totalidad.

La primera noticia escrita que tenemos de Orotz Betelu es del siglo XIV en el rolde que Carlos II, rey de Navarra, realizó en 1366 y en donde se constata la presencia de dieciséis fuegos con un total aproximado de 80 habitantes. Dedicado toda su historia a la agricultura y ganadería, tiene además un rico pasado industrial. Ya desde entonces, se destaca la presencia de varios trabajadores del hierro en sus cercanías, a algo más de media legua de distancia de su núcleo, aguas arriba del río. A expensas de esta antigua ferrería la población fue creciendo con algunos altibajos hasta llegar a los 334 habitantes que refleja el autor Madoz en su Diccionario Geo­gráfico de 1845. Es precisamente en ese año cuando Orotz Betelu considera que su población es suficiente para constituir ayuntamiento propio y se segrega del ayuntamiento de Arce al que pertenecía administrativamente hasta entonces. La población, como veremos, alcanzó los novecientos habitantes en 1910 como consecuencia del de­sarrollo industrial de su barrio de Olaldea. El terrible declive demográfico ocurrido en todo el Pirineo navarro, especialmente patente a partir de los años setenta del pasado siglo, hace que en la actualidad apenas alcance los 155 habitantes, además con un bajo porcentaje de población activa.

 

UN PUEBLO, CINCO BARRIOS

El núcleo urbano de Orotz Betelu está formado por algo más de cien edificaciones, entre casas, bordas y almacenes y conforma un abigarrado conjunto en torno a la estrecha carretera que lo atraviesa. Sus alrededores están bastante deforestados ya que como decíamos la mayoría de sus pobladores se han dedicado a la agricultura y sobre todo a la ganadería, fundamentalmente de vacuno, con lo cual muchas zonas se fueron deforestando para conseguir campos de cultivo de cereales o simplemente de heno para el ganado. Hoy día la mayor parte de estas parcelas están abandonadas puesto que la ya muy disminuida población apenas se dedica a estas labores excepto en pequeñas huertas. Conforme entramos en el pueblo nos iremos dando cuenta de la belleza de sus construcciones, con sus piedras esquineras de sillería, sus rojos tejados, balcones floridos y sus cuidados encalados, fruto del exquisito gusto y cuidado que tienen sus habitantes en el mantenimiento de sus viviendas. Apenas un ensanchamiento de la estrecha carretera en su centro conforma la plaza, plaza precisamente dedicada al geógrafo anteriormente citado Leoncio Urabayen, en donde se encuentra la nueva casa consistorial construida en 1955, cuyo porche y escalinata de acceso es siempre el punto de encuentro de sus vecinos. Con la bonita fuente de piedra en su centro, cuyas aguas emanan del manantial Iturriotz, varias viviendas, la sociedad Denak Bat y un pequeño y familiar establecimiento hostelero completan el conjunto. Partiendo de la plaza hacia el oeste, antes de llegar al gran puente de piedra que atraviesa el río Irati para dar paso a la carretera que conduce al vecino pueblo de Azparren, existe un manantial de agua mineral, recogida en un aska, agua siempre templada, de propiedades diuréticas y laxantes. Cuando en 1958 se levantó el magnífico frontón cubierto en sus cercanías, se le llamó precisamente Iturri Aldea. La gran afición pelotazale existente en Orotz Betelu desde antaño, cuyos pelotaris utilizaban la fachada lateral del antiguo ayuntamiento para su juego, se potenció de tal forma con el flamante frontón que sus pelotaris han conseguido, y lo siguen haciendo, grandes éxitos en prestigiosos torneos pelotazales como el Inter–pueblos o el Bost Kirol.

Un pausado y silencioso paseo por las estrechas callejas de sus cinco barrios nos hará disfrutar de magníficos rincones y bonitas viviendas. Es quizás, como decíamos, la belleza y el cuidado de sus casas el mayor atractivo de Orotz Betelu. Ezkerra, Zertolo, Jabat, Mikelandi, Filipitxo, Garmendia son algunas de ellas, la mayoría datadas en los siglos diecisiete y dieciocho, observándose en sus fachadas frecuentes adornos en piedra y escudos. Probablemente la más antigua llamada Urniza, data del siglo XVI y conserva su puerta de arco apuntado, ventanas bigeminadas, un bonito palomar en su fachada y la chimenea troncocónica. En la parte alta de la población encontramos la iglesia parroquial dedicada a San Adrián. Con algunos muros conservados del siglo XII, la actual nave se construyó en 1550 aunque en 1953 fue totalmente restaurada y se le añadió un vistoso porche o aterpe. Su magnífico retablo con cuerpo central y dos laterales es una gran muestra del arte renacentista en su corriente grecorromana, realizado entre 1625 y 1648 por Juan de Huici de Lumbier y su yerno Gaspar Ramos. Precisamente de uno de sus grabados se tomó la muestra para la adopción del escudo del pueblo cuando este se constituyó en ayuntamiento en 1845: dos palmas cruzadas sobre fondo de gules. Algunas antiguas estelas funerarias de gran valor patrimonial encontradas en su base en la última reforma, se muestran en un pequeño jardín aledaño. Algo alejada del conjunto, en un alto, la restaurada ermita de Nuestra Señora de las Nieves o de los Milagros recorta su silueta blanca sobre el verde paisaje del monte.

 

LA CENTRAL HIDROELÉCTRICA

El núcleo urbano de Orotz Betelu siguiendo la carretera hacia el norte termina con la casa de máquinas de la central hidroeléctrica. Construida en 1901 por la pionera Electra Irati para dar energía a las fábricas que Papelera Navarra tenía en Villava–Atarrabia y Olaldea, es una de las más antiguas de Navarra, con casi 120 años de historia y todavía en activo. Precisamente para hacer llegar la electricidad en su largo camino hasta Villava–Atarrabia requirió la instalación de los entonces novedosos transformadores de aceite marca Shucker, primeros en instalarse en el estado, con el fin de elevar su voltaje. Su puesta en funcionamiento condicionó el alumbrado general del pueblo y sus viviendas, siendo de esta forma Orotz una de las primeras localidades de la Comunidad foral en contar con luz eléctrica. Muy cerca de la central, el edificio del antiguo molino harinero, convenientemente restaurado y transformado, es hoy día el restaurante Zaldu en donde podemos disfrutar de una buena comida.

Apenas unos cientos de metros después de las últimas edificaciones nos encontramos con las naves de lo que fue en el último tercio del pasado siglo una fábrica de muebles que dio empleo a muchos habitantes de Orotz Betelu. Hoy, unos pocos de ellos mantienen allí un pequeño taller de carpintería. Continuando en dirección norte por la estrecha y siempre ascendente carretera, que se hace hueco, a veces literalmente, entre la pared rocosa de su izquierda y el serpenteante río Irati a su derecha, el paisaje va cambiando progresivamente, con la aparición del bosque mixto de hayas y robles en sustitución de las encinas carrascas que dominaban la primera parte de nuestro recorrido. Entre su intenso verdor destacan unas grandes manchas de color grisáceo, las tzintzilak, pedregales o canchales. Producidas por disgregación de masas rocosas a consecuencia del aumento de presión producido por la congelación del agua de sus grietas o gelifracción, las tzintzilak son grandes agrupaciones de piedras de tamaño variable pero en general grande, algunas de hasta tres o cuatro metros cúbicos. Muy características de esta zona del Pirineo, tienen el aspecto de ríos de piedras que descienden por las laderas y algunas de ellas llegan a ocupar varias hectáreas de superficie. El color blanquecino de la roca caliza colonizada por pequeños líquenes da a los pedregales su característico tono grisáceo. Uno de los mayores y más reconocidos se encuentra, ya a la vista del caserío de Olaldea, a nuestra izquierda en la ladera, y se le conoce como Olarrizoko–Arrizabal.

 

LLEGAMOS A OLALDEA

Con la llegada a las primeras casas de Olaldea iremos descubriendo progresivamente su rico pasado industrial. El caserío de Olaldea es, a diferencia del de Orotz, mucho más diseminado, con sus viviendas en los aledaños de la carretera pero sin llegar a formar un núcleo tan compacto. Por otra parte, rápidamente nos daremos cuenta que sus viviendas son, en general, más humildes en su construcción, no por ello menos hermosas ni cuidadas, ni tienen la misma antigüedad ya que las más antiguas fueron construidas en la última década del XIX cuando se instaló en 1894 la fábrica de pasta de papel de la Papelera Navarra de Villava–Atarrabia.

En el documento comentado de 1366 en donde encontramos las primeras noticias de la población de Orotz Betelu, se constata, como decíamos, la presencia de dos individuos trabajadores del hierro en las cercanías del núcleo urbano. Aunque la presencia de instalaciones ferronas es poco habitual en la vertiente mediterránea de nuestra comunidad, a lo largo del tiempo son muchos los documentos en donde se hace constar la presencia de esta ferrería de Olaldea, también citada como Olarri o simplemente Ola. Allí se daban las tres circunstancias básicas para la presencia de una fábrica de hierro: grandes masas boscosas que facilitaran la presencia del carbón vegetal como combustible, el agua del curso de un río para transformar su energía hidráulica en mecánica y sobre todo la presencia en sus cercanías de mineral de hierro. Todo el macizo preirenaico que va desde Baztan hasta Irati, incluyendo la zona de Orotz Betelu, es rico en minerales de hierro, cobre, plomo y otros. De esta forma en las cercanías de Olaldea existían al menos dos minas de hierro, llamadas de San Miguel y Santa Lucía cuyo mineral no solo sirvió para su fundición en la propia ferrería sino que se llevaba a otras instalaciones relativamente cercanas como la Real Fábrica de Municiones de Orbaizeta.

 

DEL HIERRO A LA PASTA PARA PAPEL

La producción de la ferrería de Olaldea fue muy irregular a lo largo de los años, dependiendo de las distintas concesiones o arrendatarios, conflictos y demás avatares de la historia. Su época más brillante en la producción llegó en 1846 cuando el comerciante pamplonés Francisco Arizti tomó las riendas y construyó un novedoso, entonces, alto horno, uno de los primeros construidos en Navarra. La producción se incrementó de forma importante, fundamentalmente de hierro colado para la fabricación de barrotes para balcones, camas, distintos tipos y tamaños de clavos y planchas para fogones de las que se conservan algunos bellos ejemplares. Por diferentes motivos la ferrería dejo de trabajar tan solo cuatro décadas después, quedando sus instalaciones abandonadas.

Pocos años después el ayuntamiento sacó los terrenos e instalaciones a subasta pública y estos fueron adquiridos por la Papelera Navarra que desde mitades de siglo tenía su fábrica en Villava–Atarrabia. Necesitada de grandes cantidades de pasta para la fabricación de papel, Papelera Navarra decidió montar en Olaldea una gran instalación para la obtención de pasta a partir de madera, fundamentalmente de coníferas, pero también de otras especies. De la madera troceada, triturada y sometida a distintos procesos químicos se obtiene una pasta que convenientemente laminada y secada da origen a las resmas de papel. Por una parte Papelera rehabilitó y recreció la presa en el río Irati, formando un gran embalse que a través de un canal iba a suministrar agua a la fábrica, no solo como materia prima para la propia producción sino sobre todo para así poder mover toda su maquinaria. La instalación tenía alrededor de 1.800 metros cuadrados de superficie útil repartidos en doce grandes naves, situadas en dos niveles, una de ellas habilitada como capilla. Inaugurada en 1894, unos años después se instaló en ella una máquina de fabricación de papel continuo con lo cual ya no solo producía pasta sino también papel. En ella trabajaban casi doscientos empleados que junto a otros muchos trabajadores auxiliares en los montes cercanos hizo crecer la población de Olaldea de las apenas dos o tres familias que se habían empleado en la ferrería en los años anteriores a los más de cuatrocientos habitantes en 1910. Fue en este momento cuando la población de todo el municipio de Orotz Betelu alcanzó su pico demográfico en 896 habitantes de hecho. El barrio de Olaldea contaba con casi la mitad de dicha población e hizo, entonces, un intento de segregación para constituirse en ayuntamiento propio, iniciativa que finalmente no llegó a efecto. Con la presencia de la importante instalación fabril, Olaldea quedaba constituido en lo que en muchos lugares fue característico del desarrollo industrial, lo que se ha dado en llamar un “poblado industrial”.

 

POBLACIÓN EN TORNO A UNA FÁBRICA

Prácticamente toda su población dependía de la propia fábrica que, contaba con dotaciones como iglesia, escuela y economato, además de viviendas para una buena parte de los obreros empleados. Necesitada de energía eléctrica, la papelera había montado en 1901 la Central eléctrica de Orotz Betelu pero ante el importante incremento de sus necesidades, en 1913 construyó una nueva instalación de producción hidroeléctrica en la propia Olaldea para poder cubrirlas. Ambas instalaciones siguen funcionando en la actualidad. Cuando en la primera década del siglo XX se formó un gran trust papelero –Papelera Española– que incluía las instalaciones de Villava–Atarrabia y Orotz Betelu, se cerraron muchas de las instalaciones incluidas en la nueva gran empresa. Por distintos motivos, entre ellos el más importante que era la dificultad para el transporte del papel y pasta hasta Pamplona, ya que no existía la carretera que años después uniría Orotz Betelu con Aoiz, la gran fábrica de Olaldea cerró en 1914.

A partir de entonces su población fue disminuyendo lenta pero inexorablemente. El gran cambio social que se produjo en los años setenta del pasado siglo con el despoblamiento casi masivo de las zonas rurales ha llegado al extremo de que, hoy día apenas dos docenas de habitantes constituyan la población estable de Olaldea.

Una vez sobrepasada una primera vivienda junto a la carretera, casa Luis (Astibia), observaremos a nuestra derecha en el río la pequeña presa de Arrepraiz desde donde parte el canal que tras tres kilómetros de recorrido suministrará el agua a la Central Hidroeléctrica de Orotz. Unos metros después y tras una gran curva que salva el meandro del río, llegamos a la Central Hidroeléctrica de Olaldea. Junto a ella, al borde de la carretera, un panel explicativo nos cuenta su historia y algunas fotografías detalles de su exquisita decoración interior. Esta casa de máquinas fue edificada por Melchor San Martín, cantero oriundo del valle Deierri, pero instalado en Olaldea a finales del XIX y fundador de la empresa, aún activa, Construcciones San Martín. Construida con todo lujo de materiales y detalles decorativos al estilo de la época, magnificas vidrieras, suelos entarimados, paredes de azulejo decorado junto con turbinas y alternadores, alguna de ellas originales, transformadores e instrumentos de medida y control, forman un fantástico conjunto de gran valor patrimonial que, además, se mantiene en magnífico estado de conservación. Esta central, como la de Orotz, está en activo y en la actualidad pertenecen ambas a Acciona. En 2013, en el centenario de su construcción, se colocó, por iniciativa popular, una placa conmemorativa que puede observarse en una de sus paredes laterales.

Continuamos la carretera y tras sobrepasar la siguiente vivienda, casa Cosme, que fue taberna, tienda y ultramarinos, la abandonamos para tomar una calle a su derecha. Allí encontraremos, sucesivamente, el frontón construido en los años 50 del pasado siglo y años después cubierto e inmediatamente después la casa de obreros. Como habíamos comentado, las grandes fábricas de finales del XIX o principios del XX acostumbraban a incluir dotaciones sociales como iglesia, escuela, economato y sobre todo viviendas para sus operarios. La magnífica casa de obreros, con su balconada y con la mayor parte de sus pequeñas estancias hoy restauradas y convertidas en pequeños apartamentos se conserva aceptablemente. Tras ella y para completar el conjunto, la que fue vivienda del administrador de la fábrica y después del encargado jefe de la central hidroeléctrica. Una gran explanada de topónimo Zumatze nos muestra el lugar donde estuvieron las naves de la fábrica de papel de la que apenas quedan algunos vestigios. A la derecha el puente de Pausandi, construido en 1912 fundamentalmente para dar paso a las partidas de madera sacadas de los montes cercanos, atraviesa el Irati. Allí dan comienzo una serie de pistas y caminos, algunos de ellos convenientemente balizados y señalados, por donde dar algún tranquilo y placentero paseo a través de las sombras del espeso bosque. Volviendo sobre nuestros pasos hasta el frontón o ascendiendo por una escalinata llegaremos a la iglesia de Olaldea. Fue construida en 1960 para sustituir a la antigua capilla que conformaba una de las naves de la fábrica y está dedicada a San Miguel Arcangel. Poco después nos encontramos con una serie de pequeñas viviendas construidas también en los años sesenta para vivienda de los entonces, más de una docena de empleados de la central hidroeléctrica. Hoy día las centrales funcionan de forma totalmente automática y apenas un solo empleado se encarga del mantenimiento de todas las que están activas en el río Irati. Poco más arriba, junto a una curva a la izquierda, la vivienda hoy cerrada del que fue constructor de muchas de las obras de la zona, y antes citado, Melchor San Martín.

 

LA PRESA DE OLALDEA

Frente a esa casa hacemos una parada y en un pequeño desvío a la derecha y tras apenas cien metros de recorrido podremos observar la gran presa sobre el río Irati que en su día dio servicio, primero a la ferrería, después a la fábrica de pasta y papel y en la actualidad a una pequeña central hidroeléctrica, construida hace pocos años y también de funcionamiento automático, Olaldea II. La presa constituye una magnífica obra de ingeniería de casi 10 metros de altura y 60 de anchura; es de piedra de sillería y su planta forma un suave arco cuya concavidad mira aguas abajo con objeto de darle más resistencia al muro. Fue construida en 1894 con un coste de 400.000 pesetas de la época. De su borde izquierdo parte una larga rampa, de poca inclinación y unos 5 metros de ancho, el pasalís, dedicado al paso de las almadías. Es de señalar que en aquella época en todas las presas realizadas en el río Irati se obligaba a hacer una rampa para las almadías. A lo largo de toda su longitud y en uno de sus laterales, el pasalís posee una larga escalinata que facilita el ascenso de las especies piscícolas que requieren remontar el río para desovar en su cabecera. La bonita presa de Olaldea es de las pocas de ese tamaño que aún existen en nuestros ríos realizadas en piedra de sillería. En el reciente Catálogo de presas anteriores a 1926 realizado por el Instituto del Patrimonio Cultural del Ministerio de Educación y Cultura, se la considera como de mucho interés histórico artístico, de excelente valor testimonial y buen estado de conservación.

En una explanada aledaña, que en su día se utilizó como era para la trilla de cereales, existe hoy día una pequeña nave industrial para la producción de pan. La panadería de la familia Espinal, antes en la trasera de la vivienda familiar, lleva más de cien años haciendo pan para suministrar a Olaldea, Orotz Betelu y muchos otros pueblos del valle de Aezkoa. Volviendo a la presa, en estos años en que cada vez están más en boga los deportes que conlleven un cierto riesgo y aventura, su base es el comienzo de un recorrido de casi tres mil metros hasta las cercanías de Orotz para practicar, en primavera cuando el caudal del río es grande, el piragüismo de aguas bravas.

 

UN ENTORNO NATURAL PRIVILEGIADO

Una vez abandonado el núcleo urbano de Olaldea cuya última edificación a mano derecha es la escuela, construida en los años veinte del pasado siglo y hoy en desuso, la carretera continúa ascendiendo por la ladera derecha del valle del Irati abriéndose paso entre un tupido bosque en donde ahora predominan los robles, las hayas y en menor cuantía castaños, cerezos silvestres y abedules. La especie más característica de esta zona es el roble albar o roble de invierno (quercus petrae) subespecie de las fagáceas que aunque presente en toda la cordillera cantábrica y pirenaica, forma aquí una espesa masa boscosa, una de las más importantes de Europa por su extensión y la altura de sus ejemplares y, sin duda, la mejor de la península ibérica. Los magníficos robles de tronco rectilíneo que alcanzan con frecuencia los 25–30 metros de altura predominan en las partes más bajas, cercanas al río, ya que sus raíces prefieren la humedad del fondo mientras que las copas buscan con avidez la luz y el calor del sol. Apuntar que en este robledal se ha observado la presencia de una rara especie avícola, el pico mediano (dendrocopos medius), propia de bosques antiguos con frecuente presencia de troncos podridos y madera muerta. Teniendo presente que casi la mitad de las 2.350 hectáreas que constituyen el término municipal son de bosque y que además un 85% de sus tierras son comunales (Orotz Betelu es uno de los municipios navarros con más porcentaje de superficie común) debemos darnos cuenta de la importancia que la explotación maderera ha tenido en su economía a lo largo de su historia, siendo el roble la especie más valorada. El robledal de Orotz Betelu, de esta forma, ha constituido desde antaño una parte sustancial de la economía de los municipios en donde se asienta, principalmente Orotz pero también Garralda, Garaioa y Aribe. La madera de estos magníficos robles, en general reservada a la construcción de viviendas y otros edificios, se utilizó también en siglos pasados por la marina estatal para la construcción de sus naves. La realización de duelas para las barricas destinadas a la industria vitivinícola, fue otro de sus usos comunes. La venta en subasta de lotes de madera de roble, u ocasionalmente directamente como moneda de pago, era básica para poder financiar las necesarias dotaciones y obras públicas, puentes, carreteras, lavaderos, saneamientos, iglesias, etc. y el propio ayuntamiento se cuidaba mucho de prohibir su tala para otros fines particulares. Además, al menos desde el siglo XVIII Orotz contaba con un vivero de plantones de roble para poder reponer y reforestar los lugares de tala. En la actualidad la iniciativa Iratiaritza, auspiciada por el propio ayuntamiento con el apoyo del Gobierno de Navarra y de fondos europeos, trata de dar su importante valor real al robledal mediante información en su web (iratiaritza.com) y la señalización de una serie de recorridos por el mismo.

Recorridos aproximadamente cuatro kilómetros desde Olaldea llegamos al punto final de nuestro periplo, el llamado popularmente como alto de Garralda. Allí una gran roca, Arrigorri, cuelga de la ladera asomándose al profundo barranco que forma el río. Un pequeño sendero por entre el roquedo nos permite acceder sin dificultad hasta el aéreo mirador de Ariztokia. Si miramos en dirección sur desde él, observaremos con nitidez y en todo su esplendor la grandeza y la belleza de la importante masa boscosa del robledal, con los rojos tejados de Olaldea asomando tímidamente al fondo del valle. A nuestros pies el viejo balneario de Aribe en la orilla izquierda del Irati y levantando la vista a nuestra izquierda toda la extensión del valle de Aezkoa, sus pueblos y sus cumbres pirenaicas, con el majestuoso y emblemático Orhi al fondo. Es especialmente recomendable la visita a Ariztokia en el mes de octubre cuando el otoño tiñe el paisaje de rojos y ocres, fantástica y contrastada paleta de brillantes colores, verdadero placer para la vista. En este punto damos por finalizado nuestro recorrido por el curso medio del río Irati y sus poblaciones de Orotz Betelu y Olaldea, lugares quizás menos conocidos de lo debido y merecido, no solo por su belleza paisajística sino, también, por su rico pasado histórico.

 

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