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Turismo

Rutas por Navarra: Villamayor de Monjardín, pueblo y castillo

Un pueblo y un castillo que forman parte de los orígenes del reino de Navarra

vídeo Villamayor de Monjardín
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Una villa y un castillo origen del reino de Navarra.
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  • Conocer Navarra
Actualizada 07/05/2021 a las 13:19

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 43 con fecha junio de 2016. Textos de JULIO ASUNCIÓN y fotografías de MONTXO A.G.)

 

El rey alzó la mirada con preocupación. Allí, en lo más alto del monte se levantaba la imponente fortaleza. Sus fuertes muros y la fiera guarnición musulmana que la defendía la hacían parecer inexpugnable. Miró a su alrededor. En la cara de sus hombres se reflejaba la ansiedad, la inquietud, y por qué no decirlo, el miedo. Había llegado el momento decisivo. Hoy tomarían el castillo de Deyo a los sarracenos o, de no ser así, el reino de Pamplona podría tener sus días contados.
Esta escena pudo haber ocurrido una mañana de hace más de 1.000 años. El rey de Pamplona Sancho Garcés I se aprestaba a arrebatar el castillo de Villamayor de Monjardín a los sarracenos.

Este episodio de la historia ha quedado congelado en el tiempo. Hoy, Sancho Garcés I sigue mirando al castillo de Monjardín. Lo hace a través de los ojos de bronce del busto a él dedicado que se encuentra en la plaza principal de Villamayor de Monjardín. Allí se le ha representado con casco de guerrero en vez de con corona de rey. Está presto a combatir por un reino que está naciendo, el antiguo reino de Pamplona, germen de lo que fue luego reino de Navarra. Hoy, la estatua de Sancho Garcés I no está rodeada de sus guerreros, sino por el caserío de la villa.

En el momento en que pudo suceder la escena arriba representada sólo estaría el gran castillo que hoy todavía domina altivo la comarca de Tierra Estella. Era el año 908 y Sancho Garcés I, rey de Pamplona, conquistó a los musulmanes el antiguo castillo de Deyo, hoy conocido como castillo de Monjardín. La Reconquista hacía casi dos siglos que había comenzado en Asturias. Pero fue a partir de Sancho Garcés I cuando el Reino de Pamplona se sumó a la ola reconquistadora y empezó a sacudirse el yugo musulmán. Los emires de Córdoba extendían su poder hasta estas tierras a través de los Banu Qasi, que desde su ciudad principal, Tudela, pretendían ejercer el dominio político y económico sobre todo el territorio de lo que hoy es Navarra. Sancho Garcés I fue el primer rey de Pamplona que presentó dura batalla a los musulmanes. De hecho más de un historiador considera a Sancho Garcés I, fundador de la dinastía Jimena, el primer rey de Navarra. Los que precedieron a Sancho no dejaron de estar bajo el dominio de los sarracenos a los cuales rendían vasallaje. Con Sancho Garcés I el reino de Pamplona se levantó orgulloso y empezó a hacerse respetar por sus vecinos. El rey guerrero pasó a tomar la iniciativa haciendo avanzar las fronteras del reino hacia el sur, aumentando sustancialmente el territorio dominado por el reino de Pamplona.

La toma del castillo de Monjardín fue uno de los episodios clave en los comienzos titubeantes del reino de Pamplona y la primera gran victoria conseguida por Sancho Garcés I. Era su tercer año de reinado y por poco superaba los 30 años de edad. El año anterior, en 907, Sancho había decidido pasar a la ofensiva tras haber dado muerte en un enfrentamiento al que era cabeza de los Banu Qasi: Lope Ibn Muhammad. Ibn Muhammad se había internado con sus hombres en la Cuenca de Pamplona en una más de las expediciones de castigo que realizaba desde Tudela, pero esta vez, con Sancho dispuesto a la resistencia, jamás volvería a ver el mahometano la ciudad del Ebro. La muerte de Ibn Muhammad es el comienzo de la descomposición de la hegemonia de los Banu Qasi sobre las tierras de Navarra.

 

UNA VILLA EN UN CORREDOR ESTRETÉGICO

Villamayor de Monjardín es uno de los pueblos principales de Tierra Estella. Se encuentra a 53 kilómetros de Pamplona, junto a la autovía A-12, la autovía del Camino, la que comunica la capital de Navarra con Logroño. El caserío se extiende a los pies del monte Monjardín, monte que corona el castillo que recuerda la conquista por Sancho Garcés I de una de las fortalezas más estratégicas en las que se apoyaba el dominio sarraceno en la zona.

El lugar donde se encuentra Villamayor de Monjardín no sólo fue clave en tiempos del dominio sarraceno. Es un corredor estratégico que comunica a Navarra con la meseta a través de La Rioja. El monte Monjardín forma un paso con Montejurra, la montaña sagrada de los carlistas. Monjardín y Montejurra son como dos fornidos guardianes que guardan la puerta histórica por la que no sólo pasa a día de hoy la autovía, sino también el Camino de Santiago.

De Villamayor de Monjardín las malas lenguas dicen que es el pueblo de las tres mentiras, que de villa sólo tiene el nombre, que de mayor nada y que tampoco tiene ningún jardín. Grave injusticia. Por un lado Villamayor de Monjardín tiene categoría histórica de villa. Por otro lado, mayor no será ni en población, ni en la grandeza y altura de sus edificios y casas. Pero si es mayor por su historia y por los monumentos que ofrece al visitante. Y jardín, aunque no lo tenga en el sentido habitual de la palabra, si podemos considerar un prolífico jardín los campos de vides que producen un excelente vino que deleita al estómago y al paladar y que se elabora en la bodega que hay en el pueblo.

Históricamente, hasta el siglo XIII, la localidad era conocida simplemente como Villamayor. Hay numerosas localidades en España con ese mismo nombre de ahí que para distinguirla de las demás la Real Sociedad Geográfica le añadió el nombre del monte que domina la población. Así, desde el año 1908 la localidad ostenta el nombre por el que hoy la conocemos: Villamayor de Monjardín. Aunque este no hubiera sido el único nombre posible. También podría haberse llamado Villamayor de Deyo, ya que Deyo era la antigua denominación del monte Monjardín. Sobre el cambio de denominación del monte hay varias teorías, siendo la más sugerente la que dice que el nombre viene del mismo rey Sancho Garcés y que Monjardín vendría de Mons Garcini, es decir, de monte de Garcés, haciendo alusión al rey que tomó el castillo y que, como luego veremos, se hizo enterrar en él. Probablemente esta teoría sea también la más correcta, pues la interpretación de que Monjardín viene de la unión de monte y jardín difícilmente explicaría el cambio de denominación de Deyo por Monjardín. De ser la alusión al jardín una referencia a la vegetación que hay en las laderas del monte habría otros muchos montes en España a los que también se les habría llamado Monjardín, lo que no es el caso.

Otra incógnita es la denominación coloquial que reciben los habitantes de Villamayor de Monjardín. Se les llama rusos tal como José María Iribarren recogió en su Vocabulario Navarro. Curioso mote de difícil explicación. Ni el paisaje, ni el origen de sus pobladores, ni ninguna otra cosa en este pueblo navarro hacen pensar en alguna familiaridad con las frías estepas rusas o los paisanos de Gorbachov o Putin. Parece ser un extraño capricho de la etnografía.

Villamayor de Monjardín era una de las poblaciones que dependían de la tenencia del castillo de San Esteban de Deyo. Sancho Garcés II donó castillo y parroquia al monasterio de Irache y posteriormente paso ser dominio de la catedral de Pamplona. La propiedad de la villa fue arrebatada al obispado de Pamplona por el rey Sancho el Fuerte a principios del siglo XIII, lo que originó numerosos pleitos entre la iglesia y la monarquía navarra hasta que la villa paso a pertenecer definitivamente a la corona mediante renuncia eclesiástica en el siglo XV.

Hoy queda lejos esta disputa entre monarquía e iglesia navarra por la propiedad de este enclave y sólo es una más de las huellas que ha dejado la historia en Villamayor de Monjardín. El castillo, las casas, los monumentos del pueblo, cuentan el tiempo por siglos. Convirtámonos por un momento en caballeros medievales, en peregrinos o en guerrilleros carlistas. Villamayor de Monjardín quiere contarnos sus historias.

 

VILLAMAYOR DE MONJARDÍN Y EL CAMINO DE SANTIAGO

Aunque la manera más habitual y cómoda de acercarnos a Villamayor de Monjardín es por carretera, los peregrinos tienen el privilegio de llegar al pueblo por el mejor camino posible, el que está declarado Patrimonio de la Humanidad e Itinerario Cultural Europeo: el Camino de Santiago. Como muchos otros pueblos de la ruta jacobea, Villamayor de Monjardín ha sido cruzado por millones de peregrinos a lo largo de la historia. En pleno siglo XXI este pequeño pueblo, que contaba con tan sólo 128 habitantes en el año 2015, recibe cada año a miles de peregrinos. Villamayor de Monjardín se encuentra en la etapa del Camino que une Estella con Los Arcos. Muchos de los peregrinos atraviesan el pueblo con demasiada prisa, en su afán de llegar al final de etapa. Mala idea es cruzar el pueblo sin detenerse. Algo parecido ocurre con los cientos de coches que cada día pasan raudos por la cercana autovía. Seguro que muchos vienen de visitar la monumental Estella o el emblemático Monasterio de Irache. No se dan cuenta de que al pasar de largo junto a Villamayor de Monjardín se están perdiendo una de las localidades más interesantes de Tierra Estella.

Los peregrinos se sorprenden antes de llegar al caserío de la población al encontrarse con la fuente medieval. Se encuentra a tan sólo 300 metros del pueblo. Esta fuente curiosamente es conocida como fuente de los moros cuando estos no tienen nada que ver con su construcción. Es una de las fuentes más bonitas y antiguas no solo de Navarra, sino de todo el camino de Santiago. Su origen se remonta al siglo XII, si bien fue modificada en siglos posteriores adquiriendo la apariencia gótica que hoy tiene. Se encuentra a la vera mismo del Camino de Santiago y es raro el peregrino que no se retrata junto a ella. ¿A cuántos peregrinos calmó la sed el agua de esta fuente antigua? ¿Cuántos pies cansados alivio con su frescor? El sol proyecta las sombras de los peregrinos en el interior de la misma, creando un escenario atemporal, casi mágico, enmarcado por la fachada de doble arco. Mañana la fuente de los moros recibirá a nuevos peregrinos que llegarán desde Estella. Quizás un día alguien decida cambiar su nombre y pase a llamarse fuente de los peregrinos. Aunque no ofrezca vino como la cercana fuente del vino del Monasterio de Irache, la fuente de Villamayor de Monjardín no sólo ofrece agua al sufrido caminante de Santiago. También da el disfrute de la contemplación de su traza equilibrada y hermosa.

Cuando estaba contemplando la fuente medieval un peregrino apareció en el camino. Por su aspecto se veía que era extranjero, del norte de Europa. Llegó junto a la fuente, bajó los escalones hasta el agua, sacó un par de fotos y cuando ya se iba, al pasar junto a mí, en un inglés que no parecía ser su lengua materna me dijo: “it’s beautiful”. Una buena descripción en dos palabras. Siguendo al peregrino nos adentramos en el caserío de Villamayor. Allí nos espera la iglesia de San Andrés Apóstol.

 

IGLESIA DE SAN ANDRÉS APÓSTOL

Una vez en el pueblo, nos dirigiremos a la iglesia de San Andrés Apóstol. Es la iglesia parroquial de Villamayor de Monjardín. Igual que la fuente de los moros, la iglesia también está junto al Camino de Santiago. Se encuentra en el centro del pueblo y su torre-campanario destaca entre el caserío desde la distancia. La torre, junto con la sacristía, es lo más moderno del templo. Fue construida originalmente en el siglo XVII pero fue muy reformada en el siglo XVIII siguiendo modelos muy difundidos en Navarra y la Rioja.

La iglesia es de estilo protogótico, es decir, fue construida a finales del siglo XII, cuando el estilo románico iba dejando paso poco a poco a las innovaciones constructivas y escultóricas del gótico, estilo que se acabó de imponer en Navarra en la primera mitad del siglo XIII. Del románico conserva su portada principal con arco de medio punto que se abre al oeste y en cuya clave podemos ver un crismón. Las cuatro arquivoltas de la portada se apoyan sobre columnas con capiteles adornados con decoración escultórica. Destacan los capiteles historiados que aunque no se encuentran en muy buen estado de conservación todavía nos dejan apreciar las escenas representadas. Así podremos ver a varias parejas de animales enfrentados en uno de los capiteles y a la Virgen con el Niño en otro. El más curioso es el que representa la lucha de dos caballeros, que nos puede recordar la historia del legendario duelo del caballero franco Roldán contra el gigante musulmán Ferragut, escena que está esculpida en uno de los capiteles del Palacio Real de Estella y cuya historia pudo influir también en el capitel de la iglesia de San Andrés.

La iglesia tiene en temporada alta un horario de visitas dentro del programa “monumentos jacobeos para visitar, patrimonio jacobeo abierto” que ha establecido el gobierno de Navarra en colaboración con el arzobispado de Pamplona y Tudela y que posibilita la visita de los principales monumentos del Camino de Santiago, sobre todo iglesias que solían estar cerradas como la de Villamayor de Monjardín. Gracias a esta iniciativa la iglesia de San Andrés permanece abierta entre abril y octubre de 8 de la mañana a 8 de la tarde.

Pero antes de acceder a la iglesia merece la pena echar un vistazo a los herrajes de las puertas de ingreso, herrajes originales de tiempos medievales con forma de flor de lis, la flor símbolo de Francia. Son un curioso ejemplo de como la influencia francesa se extendió siguiendo el Camino de Santiago.

El interior responde al modelo típico de iglesia del románico rural navarro de la segunda mitad del siglo XII, una iglesia de nave única con cabecera en semicírculo. Este modelo lo podemos ver también en las iglesias de San Adrián de Vadoluengo (Sangüesa), Aguilar de Codés, San Andrés de Learza, Santa María del Campo en Navascués y otras muchas iglesias repartidas por la geografía navarra. La nave principal de la iglesia es de bóveda de cañón apuntada, lo que ya es una característica de la arquitectura gótica.

En el interior hay varias imágenes de santos. Así podremos ver a San Andrés, San Antón, San Isidro y a San Francisco Javier. No podía faltar tampoco la de Santiago, habitual en casi todas las iglesias que, como esta, se encuentran en la ruta jacobea.
Como vemos, la iglesia de Villamayor no destaca por la originalidad de su arquitectura ni por la gran calidad de sus imágenes pero no podemos perdernos la visita a su interior porque allí se guarda una de las obras más importantes del arte románico de Navarra: la cruz de Villamayor de Monjardín.

 

UN TESORO ROMÁNICO

La cruz de Monjardín es una joya del románico. Es una pieza única de la orfebrería románica de Navarra y, curiosamente, una de las obras de arte más desconocidas por los que visitan Navarra y también para muchos navarros.

La cruz de Monjardín es una bellísima pieza de 78 cm de alto por 48 cm de ancho. Es bastante grande ya que su uso era como cruz procesional, portada en las grandes ocasiones. Se ha fechado a finales del siglo XII o principios del siglo XIII, lo que la convierte una de las piezas de platería más antiguas de Navarra, la más antigua junto con el Evangeliario de Roncesvalles.

Si hacemos caso a la tradición el origen de la cruz sería todavía más antiguo. De nuevo tendremos que recordar a Sancho Garcés I que parece estar omnipresente en cada rincón del pueblo. Dice la leyenda que el rey, antes de la crucial batalla en que se aprestaba a tomar al asalto el castillo de Deyo, mandó hacer con madera de roble una cruz que le acompañó en tan memorable victoria. Hoy se piensa que esta tradición es imposible, ya que la factura del trabajo en plata de la Cruz de Monjardín es al menos del siglo XII. Pero ¿qué hay de la cruz de madera que recubre ricamente el fino trabajo en plata? ¿No podría ser esta cruz de madera la que portó el rey Sancho Garcés en la batalla que acabó con la toma del castillo de Monjardín? Tras la victoria contra los musulmanes, la cruz de Monjardín podría haber sido tomada como sagrada, milagrosa y, posteriormente, a finales del siglo XII, se habría embellecido con el trabajo de platería quedando tal como la vemos hoy. Esto es sólo una hipótesis difícilmente comprobable, pero si esta hipótesis fuera cierta la cruz de Monjardín pasaría a formar parte de los mismos orígenes del reino de Pamplona y de Navarra.

Otra leyenda, mucho menos defendible, dice que la cruz se le apareció a García Jiménez en el año 717 sobre una encina cercada de maravillosos esplendores y que desde ese momento llevó la cruz como estandarte venciendo en todas las batallas.
Rosa, la amable vecina del pueblo que tuvo la amabilidad de abrirme la iglesia, comenta otra leyenda más popular relacionada con el origen de la cruz. Esta tradición habla de un pastor que encontró la cruz tras seguir a una de las ovejas de su rebaño que se había extraviado. Esta leyenda se asemeja a muchas otras de apariciones de imágenes sagradas y de vírgenes de otros pueblos. Me acuerdo de cuando comenté una vez estas tradiciones con un pastor de otro pueblo navarro. Su comentario no dejaba de tener cierta gracia: “Parece que los pastores en la Edad Media en vez de cuidar el ganado se dedicaban a encontrar vírgenes”. Y es que no es de extrañar que una pieza de tanta calidad, única dentro del patrimonio artístico de Navarra, haya inspirado a su alrededor leyendas o historias como estas.

La cruz de Monjardín presenta crucero oval y sus brazos planos están rematados en triples lóbulos. Está decorada con motivos vegetales en gran parte, sobretodo en su reverso. También aparecen apóstoles o santos sin identificar que la adornan en sus extremos, así como un pequeño Pantocrator. Pero lo que más llama la atención es el Cordero Místico de su reverso y sobretodo el Crucificado de su anverso.

El Cordero Místico es de una gran delicadeza. Sólo hay que fijarse en la representación de la lana que lo recubre o en el bonito estandarte con crismón que porta. También es curiosa su iconografía ya que si nos fijamos en su cabeza veremos que tiene cuernos lo cual es una rareza.

El Crucificado es excepcional. Un gran estudio de la anatomía que tiene rasgos románicos en la rigidez del cuerpo y brazos pero ya anunciando el gótico en la expresión más dramática de la cara y en el detalle de los tres clavos con las piernas cruzadas en vez de los cuatro clavos habituales de la época románica, lográndose así una menor frontalidad. Llama la atención la representación de las costillas muy marcadas, acentuando el dramatismo del sufrimiento de Cristo. Otra curiosidad del Crucificado de Monjardín es que la distancia de mano a mano es superior a la que hay de la cabeza a los pies.

La cabeza del Crucificado de Monjardín está separada de la cruz. Esto aporta expresividad y es otro detalle que aumenta el naturalismo de la imagen al huir del hieratismo. Cristo no está coronado con una corona de espinas sino con una enjoyada, aspecto típico del románico. La corona recuerda que Cristo ha dejado, con su muerte, de ser Jesús, el hombre, para convertirse en el Señor, en el Rey del Mundo, en el Salvador de la humanidad con su sacrificio. Este simbolismo lo confirma en el reverso el Cordero Místico, símbolo de sacrificio y al mismo tiempo vencedor, ya que porta el estandarte de la victoria.

Sobre esta correspondencia simbólica que se da en las dos caras de la cruz, entre el Cordero Místico y el Crucificado, llama la atención un detalle de la pieza que seguramente no es casual. El estandarte que porta el Cordero acaba en tres puntas igual que la cabellera del Crucificado.

La importancia de la Cruz de Monjardín ha sido reconocida desde antiguo. Importancia tanto artística como religiosa. Prueba de su calidad artística es que la pieza estuvo en las exposiciones universales de Sevilla de 1929 y 1992 y que recientemente se realizó una copia que se encuentra en una iglesia de la ciudad polaca de Torun. Otra copia de la cruz de Monjardín adorna el pectoral del cardenal Fernando Sebastián Aguilar, pectoral que recientemente fue donado por él a la Real Colegiata de Roncesvalles. Prueba de su importancia religiosa es la devoción que inspira la Cruz de Monjardín no sólo entre los vecinos del pueblo, sino la de pueblos cercanos que también se acercan en romería a visitarla.

Por todo esto la visita a Villamayor ya está justificada con la contemplación de la Cruz de Monjardín, obra que sería una de las principales joyas artísticas en cualquier museo de arte medieval.

 

EL CASTILLO DE SAN ESTEBAN DE DEYO

La próxima parada es el castillo de Monjardín, el antiguo castillo de San Esteban de Deyo. El castillo fue declarado Bien de Interés Cultural el 25 de junio de 1985.

El castillo corona el monte Monjardín, del que toma el nombre por el que actualmente se conoce. Hoy sus estructuras ocupan una superficie de 62 metros de largo por 30 metros en su parte más ancha.

En el siglo X el castillo era un baluarte fundamental en lo que era frontera entre el territorio dominado por los musulmanes y el todavía débil reino de Pamplona. Tras su toma por Sancho Garcés I, el castillo nunca volvió a ser dominado por los sarracenos. La conquista del castillo de Monjardín supuso el comienzo del declive de los Banu Qasi de Tudela, facilitó la toma de las tierras del Ega y el avance de la frontera hasta el Ebro.

Seguro que Sancho Garcés siempre fue consciente de la importancia de la toma del castillo de Monjardín para el futuro de su reino. Tal debió ser la querencia del rey navarro por este enclave que aquí se hizo enterrar. También lo hizo su sucesor García Sánchez I. Parece ser que posteriormente los sepulcros de la ermita fueron saqueados, quedando sólo pequeños restos de los reyes, que hoy en día se cree que están depositados en un arco moderno de la ermita de San Esteban de Deyo, en el interior del castillo. Otra versión dice que los restos de los dos reyes todavía están enterrados en el castillo pero en un lugar desconocido debido a las sucesivas transformaciones que sufrió la fortaleza a lo largo de los siglos.

El origen del castillo de Monjardín se remonta más allá del siglo X. Es posible, según la legendaria Historia de Turpin, que el castillo de Deyo fuera tomado por las tropas de Carlomagno durante la campaña del año 778 que acabó posteriormente con la humillante derrota de sus tropas en Roncesvalles a manos de los vascones.

Pero habrá que retroceder hasta tiempos prerromanos para llegar a los orígenes de la ocupación de la montaña de Monjardín. En lo más alto del monte, donde hoy se encuentra el castillo, existió un poblado fortificado de la Edad del Hierro. Hoy prácticamente nada queda de este castro protohistórico ya que sus estructuras fueron desmanteladas para ser aprovechadas en la construcción del castillo medieval, si bien en las laderas el monte todavía se encuentran trozos de cerámica de más de 2.000 años de antigüedad.

El castillo medieval tuvo traza pentagonal con gruesos muros almenados de más de quince metros de alto por dos de ancho. Tenía torre mayor y almenas, un pequeño palacio, cuadras, calabozos, cocinas y aljibes. Hoy de aquella época sólo quedan parte de los muros, un viejo aljibe y una potente torre cuadrada. Aun así es mucho, ya que el castillo de Monjardín se libró de la orden de demolición de las fortalezas navarras de los años 1516 y 1521, al pasar a ser propiedad del conde de Lerín, aliado de Castilla durante la guerra de Navarra.

El castillo fue reformado en varias ocasiones tras la conquista cristiana lo que ha modificado su aspecto medieval original. Una de las últimas modificaciones son las defensas fusileras de las guerras carlistas que recuerdan que el castillo de Monjardín también tuvo un papel estratégico en estas guerras del siglo XIX siendo ocupado tanto por los carlistas como por los realistas.

Dentro del recinto amurallado está la ermita de San Esteban, iglesia muy modificada de aspecto barroco y para cuya construcción se aprovecharon sillares del antiguo castillo medieval donde todavía podemos ver marcas de cantero. En el interior de la pequeña iglesia hay dos relieves modernos pero bastante rústicos con las imágenes de Sancho Garcés I y de García Sánchez I, que recuerdan a los reyes que fueron enterrados en el castillo y adornan el arco donde se dice que están enterrados los restos de los monarcas.

Pero seguramente lo que más llamará la atención de quien visite el castillo de Monjardín son las amplias panorámicas que se disfrutan desde sus 894 metros de altura. Oteando kilómetros y kilómetros uno se explica que la fortaleza haya sido a lo largo de la historia un lugar estratégico como pocos. De hecho el castillo de Monjardín es el mirador de Navarra desde donde más pueblos se pueden ver, un total de 60. Es tan extenso el horizonte que hay algún vecino que dice que en un día claro y con prismáticos se pueden ver las torres de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Habrá que comprobarlo...

 

DE VUELTA A VILLAMAYOR 

Desde el castillo podemos ver las amplias zonas de viñedos que rodean a Villamayor de Monjardín y junto a ellos el gran edificio de la bodega que ocupa por si sólo casi la tercera parte de todo el caserío de pueblo. Como no podía ser de otro modo las bodegas toman el nombre del castillo: Bodegas Castillo de Monjardín. Fue la primera bodega en Navarra que abrió sus puertas al público. La visita a la bodega es una buena oportunidad para conocer mejor las viñas y vinos de la zona y para probar los caldos que han sido premiados en numerosas ocasiones.

Descendemos los doscientos metros de altura que separan el castillo del pueblo y pasamos junto al ayuntamiento que está en el edificio de las antiguas escuelas que también fue cárcel. Allí, mirando la bandera de Villamayor surge otra pregunta de difícil respuesta. ¿Por qué el escudo de Villamayor es una cruz de Lorena sobre fondo rojo en vez de ser una cruz que semejara la cruz de Monjardín?

Vamos a seguir callejeando. Nos refrescamos en la fuente de la plaza y nos acercarnos a ver las casas señoriales de la calle San Andrés. Una conserva en la fachada un blasón barroco del siglo XVII donde podemos ver representados leones y una sirena. Cerca tenemos otra fachada con blasón de estilo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII en el que podemos ver, entre otros símbolos, la cruz de Calatrava. Algún otro blasón más encontraremos en el recorrido por el pueblo.

No podemos acabar la visita sin volver a despedirnos de nuestro anfitrión, Sancho Garcés I. Allí está, en la plaza, mirando el castillo que tras haberlo visitado ya es parte de nuestros recuerdos. Un monte, un castillo y un rey. Mientras pienso en esta trinidad histórica a pocos metros cruza la plaza raudo un peregrino que quiere ganar kilómetros al Camino de Santiago antes de que oscurezca. Ni siquiera ha reparado en el busto de Sancho.

Quizás algún día Sancho Garcés I sea reconocido dentro de la historia de Navarra a la altura de Sancho el Fuerte o Sancho III el Mayor. Quizás. Pero de momento el rey guerrero sigue mirando a su castillo. Una ráfaga de viento parece traer un antiguo rumor que crece en nuestra imaginación. Son los gritos de los soldados de Sancho Garcés dándose ánimos antes de entrar en batalla. El busto de Sancho parece sonreír: “Hoy empiezan otros tiempos para esta tierra”.

Dejamos Villamayor de Monjardín dando una última mirada al pueblo desde la autovía. Sancho Garcés nos ha enseñado que allí tenemos uno de los lugares clave para entender lo que es Navarra, que no sólo es una denominación geográfica, sino un concepto más profundo, difícil de definir, pero que está en el origen de un pueblo y que sólo la Historia y el sentimiento pueden crear.

 

TIERRA ESTELLA, MUCHO QUE OFRECER

Villamayor de Monjardín es uno de los pueblos de Tierra Estella y en esta páginas hemos visto que este pequeño pueblo bien merece una visita. Pero aquí no acaban, ni mucho menos, la multitud de atractivos que ofrece la comarca. La monumental Estella, la Villa romana de Arellano, la subida a Montejurra, las actividades naúticas en el pantano de Alloz, el parque natural Urbasa-Andía, los hitos de la ruta del carlismo, la sorprendente basílica de San Gregorio Ostiense y la no menos sorprendente iglesia de Torres del Río, los monasterios de Iranzu e Irache, las poblaciones de Los Arcos y Viana o las fiestas de la brujería de Bargota son sólo algunas de las muchas propuestas que ofrece esta zona occidental de Navarra. Todo ello con una infraestructura de alojamiento y restauración de gran calidad que hará que la visita a Tierra Estella quede en el recuerdo del visitante.

 

SUBIDA AL CASTILLO DE MONJARDÍN

Esta ruta sube al castillo de Monjardín desde el pueblo en un paseo bastante cómodo de 4,5 kilómetros de longitud pero que ha de superar 200 metros de desnivel.

El castillo está cerrado. Si lo queremos visitar por dentro tendremos que pedir la llave en el bar Ilarria de Villamayor de Monjardín antes de iniciar la ruta. Aunque hay una pista que permite con cuidado acceder al castillo en coche aquí se propone la saludable idea de subir a lo alto del Mons Garcini a pie, emulando al protagonista de este artículo, Sancho Garcés I, que así lo hizo en aquel día guerrero del año 908.

  • Km 0,00 Dejamos el coche junto a la iglesia. Desde aquí nos dirigimos al bar a pedir la llave para visitar el castillo. Ya desde el pueblo vemos la atrayente figura del castillo que despunta en lo alto del monte, sobresaliendo entre el bosque que cubre la ladera.
  • Km 0,15 Desde el bar vamos a la parte más alta del pueblo. Allí una indicación nos marca, hacia la derecha, la dirección hacia el castillo de Monjardín.
  • Km 0,24 Pocos metros más adelante hay una bifurcación de la pista, seguimos por la izquierda.
  • Km 0,36 Pasamos junto a una fuente. Seguimos por la pista que avanza en dirección Este al tiempo que asciende cómodamente por la falda sur del monte.
  • Km 1,38 En este punto hay que tener cuidado. Bifurcación, seguimos por la derecha, dando un giro de casi 180º.
  • Km 2,25 Llegamos al castillo. Nos recibe una espléndida torre que se levanta sobre la cima rocosa. Si nos fijamos bien, unos metros antes de la torre, y a ambos lados del camino, podremos apreciar los restos del foso que aumentaba la defensa de la fortaleza.
  • Km 4,50 Tras visitar el castillo y disfrutar de las panorámicas que ofrece volvemos por el mismo camino.

 

 

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