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Escapadas

Turismo rural en Navarra: Valle de Salazar

Un recorrido por los senderos, los pueblos y la gastronomía de otro de los grandes espectáculos naturales de la Comunidad foral

El río Anduña, a su paso por Ochagavía.
El río Anduña, a su paso por Ochagavía
Actualizada 17/09/2020 a las 12:40

Pese a ser una de las comunidades españolas de menor extensión (apenas unos 10.000 kilómetros cuadrados), la Comunidad foral de Navarra contiene entre sus fronteras un rico espectáculo para los sentidos enraizado en la potencia visual de sus paisajes, los sabrosos manjares de su gastronomía, la imponencia de sus incontables tesoros artísticos e históricos y la belleza de sus pueblos, ciudades y valles.

Tras recorrer los valles de Baztan y Esteríbar en busca de los mejores entornos naturales, la tercera parada nos lleva hasta otra de las regiones ideales de cara a planear una escapada perfecta de turismo rural en Navarra: Salazar, un valle situado en pleno corazón del Pirineo navarro, en la zona noreste de la comunidad, que debe su brillo, sobre todo, a los extensos bosques de hayedos, pino silvestre y a sus majestuosos robledales. Surcado por el río que le da nombre y en el que la localidad de Ochagavía ejerce de anfitriona para una enorme cantidad de pueblos pintorescos.

La otra joya de la corona de este valle es la Selva de Irati, un enorme bosque ideal para perderse entre sus senderos y respirar naturaleza en toda su plenitud. Se puede visitar en cualquier época del año y conviene buscar alguna ruta previamente, que son muchas y muy variadas, pero si hay una estación en la que merece especialmente la pena, esa es el otoño, sobre todo por el contraste de colores que se puede apreciar en su vegetación. No importa que no estemos acostumbrados a hacer deporte con regularidad, Irati es muy grande pero ofrece infinidad de posibilidades y basta llevar unos bocadillos en una mochila para disfrutar del senderismo y notar cómo el tiempo puede detenerse ante nuestros ojos.

Las poblaciones del valle, enclavadas en torno al río Salazar, son fiel reflejo del pasado y la historia, y en muchas de ellas podremos apreciar la singularidad de las casas blasonadas de piedra y madera, los tejados a dos o cuatro aguas de teja plana y fuerte pendiente, diseñados para evitar la acumulación de nieve durante el frío invierno. Si el visitante se pregunta previamente cómo es un pueblo pirenaico, sin duda Ochagavía es la opción perfecta para despejar todas sus dudas. Está ubicado en la confluencia de los ríos Anduña y Zatoia y su atractivo fundamental tiene que ver con la peculiaridad de su aspecto, marcado por un precioso puente medieval y sus calles estrechas y empedradas, y por edificaciones como el caserío, situado a ambos lados del río, y su iglesia-fortaleza, que custodia un curioso retablo renacentista de San Juan.

Más allá de Ochagavía, merece la pena seguir el curso del río Zatoia hasta llegar a la Sierra de Abodi, una cordillera montañosa de una altitud de 1.500 metros y cerca de veinte kilómetros de longitud que ofrece unas vistas impresionantes desde el conocido como Alto de Tapla. Al final de la sierra, llegaremos hasta la ermita de la Virgen de las Nieves, que nos dará la bienvenida al espectacular hayedo-abetal de la Selva de Irati.

Otro de los pueblos al que se puede llegar desde Ochagavía, siguiendo la cuenca del río Salazar, es Ezcároz, la capital del valle. También es una población con un marcado carácter pirenaico, al igual que Jaurrieta, el pueblo ubicado a mayor altitud de toda la zona, que fue reconstruido en el año 1880 tras un voraz incendio. Otros municipios dignos de una visita son Esparza y Oronz, en los que la arquitectura pirenaica se combina con la gótica, así como Gallués, Ibilcieta, Sarriés e Igal, donde se pueden contemplar las preciosas estelas discoidales en el atrio de la iglesia románica de San Vicente. En la localidad de Izal podremos ver el único hórreo pirenaico del valle de Salazar y en Uscarrés la iglesia románica, que alberga un llamativo sagrario. Otra localidad con mucho encanto es la villa señorial de Iciz.

A nivel etnográfico, Salazar es una zona llena de costumbres y folclore local, que además cuenta con citas destacadas en el calendario durante todo el año. Entre sus fiestas populares, sobresale la romería del 8 de septiembre a la ermita de Muskilda, una oportunidad de contemplar cómo los danzantes de la localidad representan bailes de tradición milenaria, como son los paloteados y la típica jota a la Virgen de Muskilda. El 'Axuri Beltza' es otro de los bailes que merece la pena contemplar, en este caso interpretado por las chicas de Jaurrieta en honor a la Virgen de la Blanca cada 15 de agosto.

Por último, el valle de Salazar ofrece al visitante también productos gastronómicos y sabrosos platos, como las migas, el plato pastoril por antonomasia, basado en el aprovechamiento del pan seco, que se saltea en sartén con la grasa de trozos de longaniza y tocino. La carne de ternera, el cordero lechal, la trucha frita con jamón, las setas de primavera (conocidas como 'perretxikos'), los hongos y los postres caseros elaborados con leche son también parada obligada durante una escapada.

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