Tecnología
¿Adictos al móvil? No, conectados a sus amistades


Actualizado el 06/03/2017 a las 06:00
Nos dejamos el teléfono móvil y nos obsesionamos con recuperarlo, como si no pudiéramos pasar unas horas sin él. Realmente… ¿echamos de menos el teléfono o a quienes estamos conectados gracias a él? Puede existir un uso abusivo o mal uso de los dispositivos, y diferentes estudios hablan del “enganche” a la dopamina, pero lo que marca este uso es la relación con sus amistades.
Escribo al mismo tiempo que veo, escucho y leo sobre las novedades del Mobile World Congress. Ha vuelto el Nokia 3310, el teléfono de siempre con su “batería inagotable” para jugar al Snake; así como la Blackberry Keyone con teclado. Y nos lleva la nueva conexión a Internet 5G –todavía en pruebas- necesaria para el llamado Internet de las cosas, como por ejemplo, los vehículos conectados, y que promete mucha velocidad. Ya existe un teléfono preparado para esta conectividad, el chino ZTE Gigabit Phone. Por otro lado, además de nuevos materiales, mejores cámaras, sistemas y pantallas… una novedad que exploraremos será la llamada Cuarta plataforma de Telefónica y que pretende devolver el control sobre los datos a las personas usuarias a través de una aplicación llamada Aura.
Tengo el móvil al lado del teclado, la tableta está cerca, la televisión encendida de fondo –cuando no está la radio- y mis ojos frente al ordenador. ¿Soy adicta a la tecnología? No. Y por supuesto que no soy capaz de prestar la misma atención a todos los elementos, pero tengo la capacidad de elegir a qué hacer caso en cada momento. De hecho, mi móvil siempre suele estar en silencio, tengo desconectadas las notificaciones de aplicaciones y redes sociales, excepto las noticias de última hora y WhatsApp. Y de esta última no tengo los mensajes visibles a no ser que entre a la apli y tampoco las tengo de todos los grupos. Sí, es mi manera de entender mi relación con las personas que no están conmigo en este momento. Sé que si ocurre algo especialmente urgente no me escribirán por Twitter, a la vez que sé que lo que me digan en Facebook podrá esperar un tiempo. De igual modo, tengo identificadas personas a las que llegar mejor a través de una llamada de teléfono, un mensaje en WhatsApp, en LinkedIn o un email. ¡Seguro que tu también! Eso sí, diferenciando el tipo de información, ya que existen cosas que son mejor hablarlas en persona, si el otro lo permite, todo sea dicho.
Nuestras chicas y chicos adolescentes permanecen más horas frente a la pantalla que nosotros. Aunque los estudios son diversos y rondan desde más de 3 horas –llegando a 6 entre los menores de 24 años- según un estudio 2016 de Rastreator.com; hasta las 2,5 horas de media general del Estudio Mobile 2016 de IAB Spain. Y no me extrañan ninguno de los datos, ya que ambos son subjetivos (miden lo que dices hacer, no lo que haces, y quizá los adultos no siempre digamos el dato real), se debe tener en cuenta que el móvil se utiliza de forma simultánea a otros dispositivos y los usos de este aparato son diversos.
En Salvados: conectados se hablaba de adicción… y quizá pueda haberla, los especialistas nos lo explicarán, aunque, de entrada, creo que se está utilizando un término equivocado para hablar de cuestiones diversas. Se equipara usar mucho el teléfono a no hacer caso a las personas de nuestro alrededor o a utilizar continuamente las redes sociales, etc. Sin embargo, ninguna de las cosas tiene por qué significar adicción y, sobre todo, son cosas diferentes. Despiecemos estas ideas alrededor de nuestras y nuestros adolescentes:
- Por un lado, liberemos a una generación completa de la culpabilidad por ser como son. ¿Acaso no les hemos educado nosotros? ¿Les damos las herramientas necesarias para elegir y ser capaces de tomar decisiones? Este vídeo de Simon Sinek relata esta temática, si bien es cierto que habla de adicción cuando quizá se refiere a algunas de las cuestiones explicadas más abajo, y también ellos deben tomar las riendas de sus vidas.
- La desconexión de lo off para centrarse en lo online como en ocasiones parece ocurrir con los móviles tiene que ver con la educación en el respeto, la empatía o diferenciar entre lo urgente y aquello que no lo es y tomar decisiones. Con todo, si lo físico les interesa, se centrarán en lo físico. Y aquí, nosotros tenemos mucho que hacer y es que, no será la primera vez, que me encuentro con una niña que me dice “pues le he tenido que enviar un whatsapp a mi madre para que dejase de usar whatsapp y me hiciera caso”.
- El uso excesivo de los teléfono móviles tiene que ver sin duda con el aprendizaje de organización de tiempos y la impulsividad de conocer lo nuevo. Con todo, como mencionábamos antes también pensemos en el uso multitarea. Y no, no existe una edad específica para usar el teléfono móvil, quizá debamos pensar cuánto tener uno, pero debemos enseñarles a usarlo lo antes posible.
- La conexión permanente, la necesidad de estar al tanto de todo lo que ocurre no tiene tanto que ver con el teléfono sino con la conexión a las amistades. Se habla de la dopamina que se libera gracias a la conexión –no a la herramienta-, si bien los nuevos estudios hablan de que “la dopamina estimula nuestro instinto de buscar y consumir estímulos nuevos, una forma de impulsarnos a aprender y adaptarnos a los cambios”, según un interesante artículo de Rocío P. Benavente en El Confidencial. En este mismo artículo también se afirma que “una adicción causa un enorme trastorno en la vida de las personas que la sufren, y aquí parece que estamos equiparando la heroína al móvil” según el psicólogo Eparquio Delgado, coautor del libro que ya mencionamos Los nativos digitales no existen.
Por desgracia, muchos espacios sociales se limitan a transmitir y reafirmar estas ideas sobre lo mucho que estamos conectados –en mi infancia se hablaba de las horas que veíamos la televisión-, como bien explica Juan García, @blogoff, en una entrada de su blog al hilo del programa de Évole “El problema de la mayoría de charlas y conferencias que se dan sobre estos temas a familias es que se convierten en cámaras de eco. En sesiones donde los padres van a reafirmar lo que ya piensan gracias a escuchar cosas como “es que están todo el día con el móvil”, “parecen adictos porque se lo quitamos y no veas la que montan”, “es que se sientan en un banco y no hablan, se whatsappean”… y así salimos todos los de las charlas encantados de habernos conocido”.
No soy especialista en psicología, por lo que todo son ideas a contrastar, pero gracias a las conversaciones que puedo mantener con chicas y chicos, el teléfono o las redes sociales no emocionan, sino que lo que emociona son las amigas, amigos, novias, novios… lo que les engancha no es el uso de sus teléfonos inteligentes sino que pueden relacionarse con sus amistades. Si además se reafirman en el grupo, confirman sus decisiones y reciben buenas palabras, mejor que mejor. Igual que muchos adultos, vaya. ¿O no? Y es que no se trata de aprender a usar WhatsApp, sino aprender a comunicarnos. Volvemos a los valores.