Opinión

"Desde que Educación compró el argumento el curso encoge. ¿Dejamos sin supervisión a chavales de 12 años ya en la primera semana de junio? Muy lógico no parece"

Hay que encontrar algo que armonice con el calendario laboral de unos padres que, de forma mayoritaria, no pueden coger vacaciones hasta julio

Mesas y sillas vacías en una de las aulas del Colegio San Ignacio de Pamplona durante los meses de confinamiento por el coronavirus.
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Mesas y sillas vacías en un aula de un centro académico de Navarradn
Mesas y sillas vacías en una de las aulas del Colegio San Ignacio de Pamplona durante los meses de confinamiento por el coronavirus.

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Íñigo González

Publicado el 19/06/2026 a las 05:00

Está visto que lo mío es meterme en charcos. O pisar callos. A diestra y siniestra. Porque uno se desahoga por estos lares con las incoherencias del calendario escolar y de repente tiene la fiesta montada en el Whatsapp, el mail, las redes sociales y demás espacios abiertos a comentarios. Cosas del tipo: “Si no quieres hijos para qué los tienes”, “papá estado no puede con todo”, “otra campaña más contra los profesores”… Y no, hombre, no. No es eso. Si es más sencillo. Que lo que miles de familias no entendemos es que el calendario académico se encoja como una camiseta del Primark al meterla en una secadora vieja. O más. 

Porque desde que Educación compró hace unos años el argumento de que se aprobaría más si las recuperaciones del instituto eran en junio y no en septiembre los centros se lanzaron con alegría a acortar las evaluaciones. En teoría todo cuadra: sube el porcentaje de aptos, los días lectivos son los mismos, ningún alumno estará desatendido y la medida no supone más vacaciones para los docentes… sí. El papel lo soporta todo. Pero la realidad es que, los que aprueban todo, se despiden de las aulas a finales de mayo o en cuanto asoma junio.

Es aquí donde la fotografía idílica estalla. Porque todas esas actividades extraordinarias que programan los institutos para los estudiantes limpios de polvo y paja al final se convierten en partidas de cartas sobre las mesas, sucesión de películas desfasadas con palomitas y malas caras por parte de los alumnos que sí deben repasar. Lógico. Y, en el mejor de los casos, en trabajos voluntarios para subir nota. Los menos. Porque lo que de verdad llega — y se lo dice alguien con experiencias propias y ajenas — son insinuaciones más o menos veladas para que los alumnos se queden en casa. “Uy, en junio hay muchos catarros, es normal que os pongáis malos” o “Me he dejado en casa el boli de apuntar faltas”. Eso, cuando no admoniciones directas: “¡Pero tú qué haces aquí si has aprobado todo. Molestas!”. Claro. Siempre de forma oral, nada por escrito.

Y uno es comprensivo. Acata. Cuando el susodicho está en 1º de Bachillerato o 4º de la ESO, pues hasta lo entiende. Que se quede en casa dormitando mientras todos trabajan y ya está. Mal menor. ¿Pero qué pasa con los de 1º de la ESO? ¿Dejamos sin supervisión a chavalas y chavales de 12 años desde la primera semana de junio? Muy lógico no parece. De hecho, apenas un curso antes, gente de prácticamente su misma edad, tiene colegio hasta finales de mes.

Así que sirva esto para dejar una reflexión sobre que igual hay que darle una vuelta a este periodo extra de clase/vacaciones y encontrar algo que armonice con el calendario laboral de unos padres que, de forma mayoritaria, no pueden coger vacaciones hasta julio. Y dicho esto, abro el paraguas y me retiro.

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