Tres recetas donde el foie gras es protagonista y héroe

Tenía pendientes chivarles la receta que presenté al concurso de pinchos de mi pueblo, un montadito de hojaldre, manzana, cebolla y foie. De propina: un timbal de patata cocida y una cocotte con huevos al horno. Todo con foie.

Imagen del pincho de foie con hojaldre, manzana y cebolla
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Imagen del pincho de foie con hojaldre, manzana y cebollaSara Nahum
Imagen del pincho de foie con hojaldre, manzana y cebolla

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Sara Nahum

Publicado el 22/09/2020 a las 12:08

Volvamos al concurso de pinchos del pueblo. Ese que estuvo medio verano rondándome la cabeza. Ese del que sólo tenía claro que quería que llevara foie. Porque sabía que cuando el duro e implacable jurado sintiera su sabor en la boca ya tendría muchos puntos ganados. Ése es el efecto que causa en nuestra vida y en nuestro corasssón esta maravilla. Ya saben ustedes, porque hay pocas cosas que no sepan ya a estas alturas, que el foie era de esos alimentos que yo comía siempre con absoluta felicidad, porque lo amo fuerte, peeeero con un pellizquito en el corazón porque pensaba en los patos y en esos mitos de que los maltrataban para que nosotros disfrutáramos de ese manjar bla, bla. Hasta que me llegó aquel correo maravilloso de Interpalm (Asociación Interprofesional de las Palmípedas Grasas) explicándomelo todo y aiiiiishhhh LA FELICHITÁ. También se lo conté a ustedes por aquí para tranquilidad de sus conciencias. Aquellas fueron unas maravillosas navidades. Porque descubrimos que los patos y las ocas almacenan grasa en sus hígados de manera natural, necesitan que sea así para las migraciones, nadie atrofia sus hígados cebándolos. Están preparados para ello así que no sufren. Conciencias sonriendo. Una condición indispensable para poder hacer foie gras es que el hígado este sano y su dueño también.Ya en el antiguo Egipto lo elaboraban y hay varias pinturas de aquella época que lo demuestran. Y eso que en tiempos de los faraones las ocas eran un animal sagrado. Muy merecido honor, todo sea dicho. De los egipcios a los romanos, de ahí a los visigodos, Al Andalus... y a la actualidad donde, por supuesto, por la propia evolución humana el compromiso con el bienestar animal nunca había sido tan profundo como lo es ahora. Las palmípedas grasas nos ofrecen lo mejor que tienen y a mí me vuelven locas ellas, y su nombre.

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