Vino
Un vecino de Los Arcos, elegido el mejor enólogo del año en el International Wine Challenge
Afincado en la localidad navarra desde hace tres décadas, en 1998 se incorporó al Grupo Olarra, dueño de la bodega Ondarre (en Viana) donde ha ejercicio de enólogo y director técnico


Actualizado el 11/09/2026 a las 23:09
El mejor enólogo del año en el International Wine Challenge es vecino de la localidad navarra de Los Arcos desde hace más de tres décadas. Javier Martínez de Salinas Manso de Zúñiga recogió el pasado 8 de septiembre el galardón durante la cena anual de premios del International Wine Challenge, celebrada en el Guildhall de Londres y que reúne cada año a productores, enólogos, compradores y profesionales del sector vinícola internacional.
Javier Martínez de Salinas nació el 6 de enero de 1960 en San Sebastián. De abuela navarra, Ventura Guirior, estudió Ciencias Biológicas en la Universidad de Navarra. Posteriormente, estudió un máster en enología y viticultura en la universidad politécnica de Madrid. Tras un año trabajando en una empresa de productos vitivinícolas en La Mancha, se incorporó a la bodega riojana El Coto, en Ollón, donde trabajó durante nueve años. En 1998 se incorporó al Grupo Olarra, donde ha ejercido como enólogo y director técnico. El grupo posee desde 1984 en Viana Bodega Ondarre.
El reconocimiento llega precisamente cuando Martínez de Salinas acaba de cerrar una etapa laboral de casi tres décadas en el Grupo Bodegas Olarra y adquiere por ello un significado especialmente personal. Tras recibir el galardón en Londres recordó una antigua definición del vino que, en buena medida, resume su manera de entender el oficio: «El fruto de la vid y el trabajo de las manos humanas».
"Soy un losarqueño más", afirma Javier Martínez de Salinas mientras hace un alto en su paseo en la localidad navarra junto a su perro Larrún. Es la primera vendimia que ve como espectador, como enólogo jubilado. "Se me hace un poco raro. He empezado una nueva etapa y me estoy dando mi tiempo porque tengo cosas en la cabeza que quiero hacer, como retomar el aprendizaje de chino o acudir al festival de cine de San Sebastián que, al ser en septiembre, no podía asistir, pero iré viendo. Y es cierto que tengo la vecindad navarra, pero también me siento vasco y riojano", comenta sentado en un banco en un paraje del Camino de Santiago.
Martínez de Salinas llegó a Los Arcos de la mano de su pareja en 1997 y asegura que en la localidad navarra se ha sentido siempre muy bien acogido. "Estoy a gusto aquí, tranquilo", afirma. Desde Los Arcos iba cada día a trabajar a la bodega, para lo que se levantaba a las 6 de la mañana.
Martínez de Salinas ha dirigido el área técnica de la compañía y participado en una profunda evolución de su forma de trabajar, desde la selección cada vez más precisa de parcelas y zonas hasta el desarrollo de nuevas elaboraciones, siempre manteniendo el ensamblaje, la cata y la búsqueda del equilibrio como elementos fundamentales de la identidad de la casa. "¿Qué vinos me quedaría? Cerro Añón crianza de Bodega Olarra, un tinto clásico de Rioja, y el Ondarre Valdebarón tinto, que es un vino más fresco y jugoso", apunta.
Sobre la situación actual de crisis en el sector del vino, el enólogo se muestra optimista. "No sé cómo pero esto cambiará. Rioja tiene un gran nombre y grandes vinos. Me gusta ser optimista y esto levantará", apunta.
EL DISCURSO DE LA RECOGIDA DEL PREMIO ÍNTEGRO
A continuación se expone el discurso íntegro dado por Javier Martínez de Salinas en Londres:
Este premio significa muchísimo para mí, especialmente en el año de mi jubilación, después de casi cuatro décadas entre viñas y vinos. Hay una antigua expresión, de raíz bíblica, que define el vino como "fruto de la vid y del trabajo del hombre". Ahí está todo. La naturaleza hace su parte y nosotros hacemos la nuestra.
En Rioja, la naturaleza nos ha brindado un punto de partida extraordinario: el clima, los suelos, la topografía y el río Ebro recorriendo el valle. Pocos lugares ofrecen unas condiciones tan excepcionales para elaborar vinos tintos destinados a la crianza. Pero la vid, por sí sola, no sabe hacer vino. Lo hacen las personas.
Tengo una enorme deuda con un hombre que ya no está entre nosotros: Pedro Guasch Mitjans, mi padre enológico. De él aprendí, sin ninguna duda, a guiarme por la intuición en la vinificación y a ser decidido cuando el momento lo exigía. Me enseñó a confiar en mis sentidos. Cualquier instinto en el que me haya apoyado a lo largo de estos últimos cuarenta años se lo debo a él.
Este premio lleva mi nombre, pero también pertenece a todos los que han trabajado a mi lado: los viticultores, mis compañeros y la dirección de Bodegas Olarra y Ondarre, que confiaron en algo fundamental: que es con paciencia, vendimia tras vendimia, como se hace un buen vino.
Jacques Puisais dijo una vez que la elaboración del vino es una ciencia, porque el vino debe hacerse con precisión, y un arte, porque su propósito es emocionar nuestros sentidos. Creo que esas palabras expresan de forma maravillosa lo que tantos de nosotros hemos intentado conseguir a lo largo de nuestra vida.
Así que muchas gracias por este gran honor. Recibo este premio con verdadera alegría y gratitud, pero también siendo consciente de que, a lo largo de mi carrera, he tenido el privilegio de caminar a hombros de gigantes.