A tiro de piedra: el templo de la anchoa en San Sebastián con un legado familiar de cien años, y visita obligada de los mejores cocineros y actores internacionales
Recién reconocido como el mejor bar de pinchos en el campeonato de Euskadi y Navarra, el Txepetxa suma este galardón al hecho insólito de que en el primer certamen celebrado en la capital guipuzcoana en 1997 obtuvo los tres primeros premios


Actualizado el 07/11/2024 a las 15:59
El Txepetxa de la Parte Vieja de San Sebastián, situado en la calle Arrandegi, es uno de los bares de pinchos con más solera y tradición de la capital Guipuzcoana. Por su historia de dedicación familiar centenaria, y, muy especialmente, por estar considerado como el templo de la anchoa, y donde se pueden degustar distintas variantes y elaboraciones con este producto.


Recientemente ha sido reconocido con el premio al Mejor bar de Pinchos en el contexto del XIX Campeonato de Pintxos 18/70 Euskadi y Navarra, celebrado en Hondarribia la última semana de octubre, y donde también fue reconocido el bar de Pamplona Ayres del Soto, con el segundo puesto en la general y el premio del jurado popular.
A los múltiples galardones que acumula el Txepetxa, suma un hecho excepcional y único. En 1997 se realizó el primer concurso de pinchos que hubo en San Sebastián, y el bar copo el podio total, haciéndose con el primer, segundo y tercer puesto. Desde entonces, cambiaron las reglas, y los bares solo pueden presentar un pincho por concurso.
Las paredes de este pequeño local están adornadas por murales de fotografías que deján constancia de las referencias gastronómicas en algunos de los medios más importantes del mundo, como The New York Times, o las múltiples celebridades que han pasado por el bar: desde actores internacionales como Ethan Hawke, Glen Close, a los mejores cocineros como Ferrán Adrián, Andoni Luis Aduriz o Martín Berasategui.
El bar Txepetxa acumula una historia de más de 100 años que comenzó en Zarautz, en donde Felisa Gómez, desmalladora de anchoas y su esposo Valentín Marañón, que inició su andadura hostelera en la Bodega Donostiarra, conformaron la primera generación que inició la obsesión en la búsqueda del marinado perfecto.
Esa dedicación continuó con el trabajo de Josetxo Marañón y Mari Carmen Ramos, segunda generación y padres del actual regente, Manu Marañón, que centra sus ideas en conservar el legado y mantener una tradición y forma de hacer que hacen del Txepetxa un lugar único. Una expansión que no descuida un ápice la esencia del bar, en donde la experiencia gastronómica forma parte de una manera de entender la gastronomía, que caracteriza a los guipuzcoanos. Un camino que parece en el que ya aparece el protagonismo de la cuarta generación, Hodei Marañón, hijo de Manu Marañón.
