El Rincón
La realidad es testaruda, también con los impuestos: ahora toca discutir con hechos
"Se equivoca el PSN achacando a los “bulos”, por supuesto todos de ultraderecha, lo que no le gusta escuchar. Esa no es la realidad"


Actualizado el 18/01/2025 a las 23:26
La realidad se abre paso, testaruda, y el Gobierno de Navarra parece que comienza a abrir los ojos. Muy lentamente, eso sí. Y piensan que casi mejor que no se note. Pero algo se mueve. Esta semana, por ejemplo, el Ejecutivo foral anunciaba reformas en la Renta Garantizada, tras un informe varapalo de la Cámara de Comptos, y asumía que hay que mejorar la fiscalidad de las familias. Dos temas relevantes que hasta hace muy poco parecían vetados desde la cerrazón del “todo va muy bien” o el “ahora no toca” en el que se escudan todos los Gobiernos cuando un debate les incomoda. Está por ver si las tímidas intenciones se concretan, por supuesto.
Pero el Gobierno ha pasado de negar la existencia de problemas a estimar que ya los tiene en el radar. Por algo se empieza. Ahora toca discutir con hechos. Se equivoca el PSN achacando a los “bulos”, por supuesto todos de ultraderecha, lo que no le gusta escuchar. Esa no es la realidad.
Los impuestos y las familias. Ahí tenemos abierto en canal el debate sobre la fiscalidad. Que no va de no pagar impuestos, porque los servicios públicos hay que costearlos. Va de hacerlo mirando alrededor. Los impuestos a las familias y a las empresas. Lo de las familias viene de lejos. Navarra tiene una fiscalidad alta en el IRPF desde el gobierno de Uxue Barkos, luego mantenida por María Chivite.
Ha sido más sangrante con los ingresos más altos, con un tipo máximo del 52% en el IRPF para quienes ingresan más de 300.000 euros, cuando en Madrid es del 45% o en Euskadi del 49%. Pero una subida que también afectó a las clases medias. La propia Geroa Bai fue la primera en señalar que es necesario revisar esta situación y aliviar las cargas fiscales a las clases bajas y medias, aunque el PSN aplazó el debate que le pedían sus propios socios. Hoy, María Chivite ya lo tiene entre sus objetivos. De hecho, el PNV, que gobierna en Euskadi, ha activado una reforma fiscal que eleva el mínimo exento en el IRPF (lo que beneficia a las rentas bajas) y que mejora la fiscalidad del ahorro para la mayoría de los vascos. Dos temas donde Navarra, de nuevo, sale mucho peor parada que Euskadi.
Lo curioso es que allí el PSE, que está en el gobierno, apoya la propuesta. Y ahora buscan ambos (PNV-PSE) sumar a su reforma o al PP o a Bildu, ya que necesitan otros votos en Gipuzkoa y en Álava, donde ellos no tienen mayoría. Y, allí sí, el Ejecutivo está dispuesto a la geometría variable, es decir a pactar con unos y con otros y hacerlo con normalidad. Lo que en Navarra es imposible (por las ataduras del Gobierno con Bildu, que exige exclusividad y se la aceptan) al otro lado de la muga no lo es. Qué cosas toca ver.
La atracción de las empresas. Sobre la fiscalidad de las empresas, se vislumbran dos posiciones en el seno del Gobierno. El consejero Irujo (PNV-Geroa), responsable de la relación con las empresas, reconocía esta semana en el Parlamento que el cambio de domicilio social de grandes empresas (de Navarra en dirección a Madrid) es un indicador “que no es positivo” y que se está realizando una reflexión sobre la fiscalidad. Es un comienzo.
La presidenta Chivite (PSN), en cambio, niega la mayor. Insiste en que Navarra “es un territorio idóneo para invertir”. Lo que pasa es que es que la afirmación debe contrastarse con los hechos. Chivite recuerda que la mayoría de las empresas, las pequeñas, tienen un tipo del Impuesto de Sociedades mejor que el del resto de España. Y es cierto. La discusión no está ahí.
Está en las grandes empresas, las que pueden deslocalizarse fácilmente. Y esas tienen un impuesto del 28% en Navarra por sus beneficios, frente al 25% en el resto de España y del 24% en Euskadi. La realidad es obstinada. Y la carta de presentación que tiene Navarra no es competitiva. Lo dicen todos los expertos. Las empresas que cotizan al 28% son unas 2.000 (según los datos de la propia Hacienda), es decir “sólo” un 18% de todas. Sí. Pero las grandes empresas son claves. Son las que aportan dos de cada tres euros del impuesto (el 66% de todo lo recaudado). Las que generan empleo y las que tiran de la economía de una zona entera. Ahí tenemos el dato de BSH. Su cierre anunciado (y este caso no tiene que ver con los impuestos) afectará a 650 trabajadores directos y a otros 400 como proveedores, incluidos un centenar de Tasubinsa, por ejemplo. Ese es el efecto tractor de una gran empresa. Y verlo desde ahí es centrar el debate.