"La normalidad no llegará a estos lares corroídos por el odio hasta que dejen de reírle la gracias a Bixente"

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Manuel Sarobe

Publicado el 17/11/2024 a las 05:00

Son varios los artículos que he dedicado a glosar cuanto rodea el asesinato de Jesús Ulayar, el crimen más abominable de los muchos con los que ETA castigó a Navarra. El último de ellos, titulado El sufrimiento infinito de los Ulayar, enumeraba la inacabable sucesión de ignominias que, desde aquel aciago 27 de enero de 1979 en el que Bixente Nazabal Auzmendi ejecutó al exalcalde etxarriarra, han ido ahondando el dolor de una familia a la que únicamente la muerte traerá la paz. El reciente nombramiento de este asesino como consejero de la empresa Sunsundegui, financiada con fondos públicos, es una infamia más.

Habrá quien argumente que Nazabal, que apenas cumplió 17 de los 32 años de prisión a los que fue condenado, ya purgó su pecado. Pero, si bien es cierto que los antecedentes penales de este verdugo están ya cancelados, no lo es menos que, lejos de mostrar el menor arrepentimiento, su maldad para con los Ulayar continúa intacta, como recientemente denunciaba uno de los hijos de la víctima, también víctima.

Resulta incomprensible que los trabajadores de una empresa en una situación crítica, urgida de inversores, confíen su representación a un consejero con las manos manchadas de sangre. Si quieren entender esta decisión tan torpe, acérquense a Etxarri Aranatz, donde podrán comprobar que el reloj de esta decadente zona se paró en los años de plomo.

En la rotonda sita a su entrada, junto a la bandera de Navarra, ondean la de Euskadi y la de Palestina, que ha desbancado a la estelada catalana.

La casa de los Ulayar, que bien podría acoger un centro en memoria de las víctimas del terrorismo, está inusualmente libre de las habituales pintadas enaltecedoras de ETA, que sí son visibles en el abandonado pórtico de una iglesia parroquial dejada de la mano de Dios … y del arzobispado. También se lee Gora ETA en la calle Mayor y en las paredes aledañas al patio de la Ikastola, para que los txikis mamen odio desde pequeñitos.

Hay caducos lemas que todavía llaman a la lucha armada, y una profusión de carteles y pancartas convocando a mil y una manifestaciones. La palabra más repetida es “borroka”. Se clama contra todo: el Estado, las “fuerzas de ocupación”, los jueces, los empresarios, el tren… Etxarri Aranatz vive en un estado de cabreo permanente.

La oficina de Caixabank está vandalizada. Quienes quieran acceder a su interior se topan con la foto de seis gudaris mártires pegada a la puerta. Supongo que la entidad bancaria se ha resignado a ser un escaparate del terror. Las paredes del centro de salud, el frontón municipal o la parada de autobuses están hechas un asco. El Gobierno de Navarra tampoco cuida de sus inmuebles. Las calles y plazas, sembradas de postes de los que cuelgan cubos de basura, acumulan suciedad. Se inhala desolación.

Etxarri Aranatz, 10 de cuyos 11 concejales son afines a los terroristas, representa la quintaesencia de Bildu. Todos sus votantes deberían acercarse a esta localidad para decidir si el opresivo ambiente que se respira es aquel en el que desearían criar a sus hijos.

Una atmósfera tóxica extensiva a toda la Sakana, como lo evidencian las tristemente famosas palizas a novias de guardiaciviles en Alsasua, el Ospa Eguna o el Día del Inútil. También podrían pasarse esos socialistas que trabajan incansablemente para convertir a Bildu en la primera fuerza “progresista” de Navarra.

La normalidad no llegará a estos lares corroídos por el odio hasta que dejen de reírle las gracias a Bixente. Hasta que los etxarriarras asuman que quien mató a tiros a un vecino que dedicó su vida a trabajar por los demás no merece ser premiado con el título de hijo predilecto de la villa. Hasta que a este enclave cuyo control se disputan Aske, Jarki, Ernai, Jardun, Sortu, Bildu y demás organizaciones que compiten en radicalidad llegue la democracia, lo cual pasa por que ese PSN que pervierte la realidad para justificar sus traicioneros pactos, o el nacionalismo vasco pijo, más interesado en ocupar cargos de postín en Madrid que en picar piedra en la Barranca, presenten candidaturas en este valle.

Bastantes problemas tiene ya Navarra con las nefastas políticas de los gobiernos de Uxue Barkos y María Victoria Chivite, abiertamente hostiles al emprendimiento y a la inversión, como para añadir un clima político irrespirable.

Una eventual quiebra de Sunsundegui, además de ser ruinosa para Navarra -algún día habrá que contabilizar el pastizal que nos está costando la ineptitud de los consejeros de Geroa Bai en materia empresarial- provocaría un drama humano.

Confieso, no obstante, que me resulta difícil empatizar con quienes han confiado su destino al asesino de Jesús. Anteponer las fantasías políticas radicales portadoras de miseria al propio pan augura un futuro de lo más sombrío. En el pecado llevan la penitencia.

Manuel Sarobe. Notario

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