"Víspera de Todos los Santos y de Santos Cerdán, sol del sanchismo"

Publicado el 01/11/2023 a las 05:00
Víspera de Todos los Santos y de Santos Cerdán, sol del sanchismo, que es lo que va de Pamplona a Waterloo. Del “No pactaremos con los independentistas” fuimos a pedir la investidura a cambio de la amnistía y lo que le cuelga. Dijimos que no iban a poner una mesa de partidos. Dijimos que no pactarían con Bildu. Dijimos que no indultarían a Junqueras, que no eliminarían el delito de sedición, que no rebajarían la malversación y nos equivocamos todas las veces. Los que no somos creíbles no es Sánchez somos los demás. Dijimos tantas cosas que a uno le entran ya los siete males cuando alguien dice que no habrá referéndum. Sabremos que no habrá independencia porque, si se fuera Cataluña, sin los diputados del PSC, el PSOE no gobernaría en España hasta el año 3.000. Yo al universo Waterloo le imaginaba cortinones y chimenea para sentarse a mirar cómo arde Madrid, pero Puigdemont recibió a Cerdán en las oficinas de Junts en el Parlamento, que por dentro tienen un punto como de saloncito de embajada de un país comunista, frío de neón casi de comisaría iraní. Puigdemont le ha puesto a Santos Cerdán una foto del 1-0 en la que una multitud pasea en impetuosas volandas una urna china como fuera la Virgen del Rocío. La foto es como el cuadro de Las lanzas, pero al revés. Como una foto en un patio de caballos con Curro Romero, pero al revés. Puigdemont aparece alborotado y contento, algo despeinado y jolgorioso como si viniera de comer. El conjunto retrata la perfecta humillación del Gobierno rendido a los pies de un prófugo del país al que gobiernan. El propio Puigdemont advirtió que no creía que España aceptaría lo que está aceptando “por cuatro votos”. ¡O sí! Dice Sánchez que la amnistía es el punto de partida de algo y que lo hace por España, esto es por él, porque para Sánchez, España es él y el futuro de un país queda unido al futuro suyo. Esta es una tentación que tienen todos los gobernantes y el quicio de todos los infiernos. Al que se sacrifica a sí mismo por salvar a su país se le llama estadista; al que sacrifica a su país para salvarse a sí mismo habrá que ponerle un nombre.