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"Mujeres iraníes: activas y rebeldes"

"El artículo 638 del Código penal condena mostrarse en público sin hiyab, enseñar los cabellos e ir con pantalones ceñidos y rotos"

Avatar del Javier Aisa Javier Aisa15/10/2022
Con el aumento de la represión en Irán, los partidarios de la línea dura en el régimen están demostrando la naturaleza del Estado: totalitario, retrógrado e intolerante. Ganaron las elecciones presidenciales y parlamentarias y dominan las instituciones, pero sin legitimidad popular, porque la abstención alcanzó un 53% del censo.
El artículo 638 del Código penal condena mostrarse en público sin hiyab, enseñar los cabellos e ir con pantalones ceñidos y rotos. En consecuencia, las denuncias adquieren una dimensión política, que desborda las libertades morales, contraria.
La lucha en Irán contra la obligación de llevar una vestimenta islámica nos remite al debate que existe entre los estudiosos - incluidas mujeres intelectuales y activistas - sobre el uso del pañuelo islámico. Según la práctica de la libre interpretación (iytihad), unos señalan que en el Corán solo se recomienda que las mujeres se cubran en la calle con un manto. El hiyab sería una cortina que separa al califa de su población o los espacios diferentes entre hombres y mujeres. Su generalización procede más de algunos hadices (relatos sobre la vida del Profeta, escritos posteriormente), que la tradición conservadora valida para imponer el velo.
Mujeres creyentes críticas reclaman una relectura de la jurisprudencia islámica, secuestrada por los juristas islámicos. Muchas no van cubiertas, salvo en algunas celebraciones religiosas. La espiritualidad no se puede reducir a una manera de vestir.
No obstante, el hiyab puede tener una doble interpretación. Mujeres musulmanas, especialmente jóvenes, llevan diversos tipos de hiyab, por ejemplo en Europa, como una señal de identidad y convicción de fe ante la uniformización ideológica neocolonial y como reacción a un ambiente hostil e islamófobo, expresado en obligaciones legales, laborales y en la vida cotidiana, que pueden limitar las libertades individuales.
Sin embargo, otro amplio sector de mujeres de procedencia musulmana, ahora laicas, señalan rotundamente que el hiyab representa la subordinación al hombre, intrínseca en el Islam. La decisión de cubrirse nunca es libre, sino que responde a la presión familiar, social y religiosa.
Por su empobrecimiento, las clases populares -en su día más conservadoras porque dependían de la economía rentista favorecida por el Estado- se han sumado a los profesionales (abogados, universitarios, periodistas…) que han reclamado en Irán reformas y libertades durante muchos años. En 2017 y 2018 confluyeron en las revueltas contra el aumento del coste de la vida, la devaluación del rial y el precio de los carburantes, reivindicaciones transformadas en exigencia de libertades colectivas, políticas y de justicia social.
Existe un componente clasista en la represión: la nefasta policía de la moralidad detiene a mujeres de los sectores más populares, especialmente en los distritos más pobres de Teherán y otras ciudades iraníes, mientras es más permisiva con los sectores acomodados o relacionados con clérigos poderosos.
Las mujeres han sido una de las fuerzas sociales que más ha impulsado el cambio político y social en Irán, a pesar de las restricciones gubernamentales. Ellas mismas han impuesto su visibilidad. Han roto el cerco rural y de la tradición y se han incorporado al espacio público: son mayoría en las universidades y las redes sociales y ocupan puestos en los consejos municipales de algunos pueblos. Intentan saltarse la obstinación moral en los hábitos sociales: se pintan los labios y se maquillan; se colocan pañuelos y gabanes de colores; deciden sobre su maternidad.
En los últimos años, muchas mujeres iraníes –musulmanas y laicas– han manifestado su oposición al régimen. Nombrar algunas significa reconocer su protagonismo. Shahla Sherkat fundó la revista mensual Zanan (Mujer) en 1992. Fue clausurada en 2008, después de 152 números. En sus páginas destacaban temas de política, violencia doméstica, sexualidad e incluso la estética personal.
La abogada Shirin Ebadi logró prestigio internacional con el Premio Nobel de la Paz en 2003. Ha promovido varias ONGS en defensa de los derechos humanos, de las mujeres y de la infancia. En 2009, las mujeres también encabezaron las protestas contra el fraude electoral, exhibiendo sus pañuelos verdes, que apenas cubrían parte de sus cabellos.
En los últimos años, la abogada Nasrin Sotoudeh fue encarcelada por defender a mujeres detenidas. Yasaman Aryani y Vida Mohamed acabaron en prisión por desprenderse del pañuelo y difundir sus imágenes. Las “chicas de la calle Enghelab” animaban a las mujeres a ponerse pañuelos claros, sin cubrirse completamente. Marcaron un camino al que los estudiantes se han sumado en estos días.
Que mujeres musulmanas lleven el hiyab en las sociedades occidentales puede representar el ejercicio de sus libertades personales, garantizadas por la libertad religiosa en los Estados de derecho. Pero, paralelamente, desde la misma defensa de los derechos individuales y colectivos, es necesario reclamar la libertad de no llevar el hiyab cuando se impone en cualquier país musulmán, con coacción y violencia, ahora en Irán. Esta presión es condenable sin que valga ningún relativismo cultural y religioso.
Javier Aisa Periodista especializado en actualidad internacional. Co-fundador de Espacio REDO

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