Javier Sarasa Gurpegui, industrial y exalcalde de Andosilla

Javier Sarasa Gurpegui
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Juan Cruz Alli Aranguren

Actualizado el 27/09/2024 a las 11:43

El pasado 24 de septiembre falleció a los 88 años de edad Javier Sarasa Gurpegui. A sus hijos Claire, Antonio, José María, Francisco, Eva, once nietos y cinco biznietos, la condolencia de un viejo amigo y compañero.

La vida de Javier ha sido la de una persona vitalista con muchas facetas propias de una personalidad dotada de una asombrosa inteligencia natural, activa y enérgica, abierta y generosa, consciente de que nadie es más que otro y que la vida es esfuerzo y afán de superación. La primera y principal lo identifica como una persona amorosa que formó con Rosario una familia de la que siempre estuvo muy orgulloso de hijos, nietos y biznietos, a los que tuvo la suerte de ver progresar siguiendo el camino de iniciativa y trabajo que les había marcado. Predicó con el ejemplo, la generosidad y el cariño. Se entregó siempre al progreso personal, familiar y colectivo.

Javier fue uno de los muchos ejemplos de las gentes hechas a sí mismas y emprendedoras, cuyas iniciativas han favorecido a una comunidad y han hecho posible el progreso y la mejora colectivos. Fue frutero, transportista y trabajador por cuenta ajena, creó una pequeña empresa con cuatro amigos, desde la que pasó con Rosario y los cinco hijos a la empresa familiar de procesado de fruto secos que lo convertirían en el “emperador de las pipas” y “Javier Plis-Plas”, como le nombraba cada vez que nos encontrábamos. En Isabel encontró la colaboradora y compañera. Ponía entusiasmo en las iniciativas empresariales y era muy agudo y original en las comerciales del márquetin personal y directo que practicaba en todo tiempo y lugar. Recuerdo la importación y venta de las bayas de goji, un fruto del Tíbet con propiedades antioxidantes, que le hicieron un promotor de la terapia oriental y de los frutos secos. Apoyó el trabajo de sus hijos dentro y fuera de la empresa y estaba muy satisfecho de su progreso y expansión en los últimos tiempos de la mano de su nieto David como Frutos Secos de Navarra.

Otra faceta destacable de su personalidad fue la de andolense entusiasta de su pueblo, gentes, culturas y tradiciones, entregado a su servicio. Creía que todos debíamos esforzarnos por todos, sobre todo por los más próximos que, además de la familia, eran los convecinos, fuesen o no amigos. Por su actitud de servicio se presentó y fue acalde en dos legislaturas (1983-1987 con UPN y 1995-1999 con CDN). Dentro de ayuntamiento y en su propio grupo buscó el acuerdo, aunque, a veces, antes había dado una respuesta brusca, que terminaba matizando. Se preocupó en mejorar la urbanización, el suelo industrial, el hogar del jubilado y los servicios, gestionando ante el Gobierno de Navarra las ayudas, comprando a todos con su simpatía directa y una bolsa de pipas Plis-Plas. Era tan de su pueblo que disfrutaba de las fiestas y su sentido populista de la gestión municipal le llevaban a relacionarse con todo el mundo haciendo de la calle el despacho municipal, promocionando la alegría con vacas y espectáculos que todavía se recuerdan. Una de las tradiciones de la localidad es el ‘robo’ de los Santos (S. Cosme y S. Damián) el 27 de septiembre en Arnedo, aunque no logró traerlos a Navarra y lo dejaron “p’a utro año”, fomentó el hermanamiento y las relaciones con la localidad riojana, lo mismo que con todos los pueblos vecinos.

Javier Sarasa ha sido una persona que ha pasado por la vida dejando huella en su familia, su pueblo y su comunidad. Con su entrega y trabajo ha mejorado la vida personal y colectiva, demostrando que son la base de la promoción social y del progreso colectivos. Personas como él han hecho grande a Navarra. La suya ha sido una historia de amor y generosidad para cuantos le rodearon.

Tras el fallecimiento de Rosario e Isabel, Javier sabía que, como todos, era un ser para la muerte que le llegó en el silencio del sueño y de la noche. Su actitud, fue la del poeta: “Ahora que estoy solo puedo morir. Tú sabes / que a la muerte hay que ir sin que nadie nos llore, / ocultando las rosas del amor que encendimos / y el que sólo fue sombra que soñamos de noche.” (Hidalgo, Los muertos, 1947). Descansa en paz.

*El autor es amigo del fallecido.

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