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Navarra en fiestas

La jubiloteca prende la mecha a la juventud en Burlada

Flori Pérez Pascual y Foncho Bengoetxea Garatea, usuarios de la jubiloteca municipal, lanzaron el Chupinazo ante una plaza con tintes reivindicativos contra el Ayuntamiento

Ampliar La comparsa, uno de tantos lugares de reencuentros, en el cohete de Burlada.
La comparsa, uno de tantos lugares de reencuentros, en el cohete de Burlada.Jesús M Garzaron
Publicado el 15/08/2022 a las 06:00
La palabra jubiloteca no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua española. Pero en Burlada conocen bien su significado. Saben que es un lugar de encuentro de personas mayores, un espacio para tejer un envejecimiento activo y prolongar la autonomía. Quedo claro este domingo, día 14, en el inicio de las fiestas de Burlada, de manos de Flori Pérez Pascual y Foncho Bengoetxea Garatea. Son dos de los usuarios de la jubiloteca municipal, encargados de lanzar el Chupinazo.
“¡A ver, a ver ¿Queréis callaos?!, Oye, que tengo una cosica para vosotros...”. Una frase le bastó a Foncho Bengoetxea Garatea para apaciguar los ánimos del mediodía en la plaza de Burlada, donde parte del público congregado antes del Chupinazo gritaba: “UPN, Kanpora!”. “Burladesas, burladesas, la jubiloteca municipal de Burlada os desea felices fiestas de la Asunción. Viva Burlada, gora Burlata”, se dirigió desde el micrófono del balcón consistorial Foncho. Con él, Flori Pérez Pascual, usuaria como él de la jubiloteca. Ambos prendieron la mecha junto a Olga Arcelus Bizkarrondo, monitora de la jubiloteca, quien pronunció unas palabras en euskera: “Gure aiton, amonak, Gora Burlatako jaiak!”. La fiesta estalló entonces en la tercera planta del Ayuntamiento, un espacio de oficinas con salida al balcón. Un lugar de trabajo ayer transformado en escenario festivo ya desde una hora antes, cuando un DJ con su mesa de sonido instalada en las mismas oficinas, comenzó a pinchar música. Por momentos parecía aquello un festival a orillas del Mediterráneo, más que la antesala de unas fiestas en Navarra. Solo un minuto antes de las 12 sonaron rancheras con tintes de música sanferminera.
En la plaza, pancartas reivindicativas y destacó entre todas por su tamaño una que pedía “Respeto al pueblo”. “Participación ciudadana, sí. Autoritarismorik, ez” y los pañuelos amarillos de las trabajadoras 0-3.
Ya después del cohete la música de la calle tomó el relevo. Entonces sí, sonaron las gaitas con la comparsa de Gigantes y Cabezudos; los txistularis y la banda municipal que aguardó paciente su turno en la liturgia festiva.
El espacio de oficinas se quedó pronto desierto. Una planta más abajo, en el salón de plenos situado en la segunda, se servía un aperitivo para invitados, distintos colectivos y algunos políticos, entre ellos el alcalde de Pamplona Enrique Maya y cargos del gobierno socialista como Guzmán Garmendia. El aperitivo en vajilla de cristal, con cava y refrescos, para acompañar a los canapés. Hubo quien dio buena cuenta, no solo de los pinchos, también de los abanicos y pañuelos rojos. Tres en cada bolsillo llevaba un señor.
Mientras, en la plaza, los vecinos hacían cola para recoger los bocadillos que se repartieron de manera gratuita: 550 de jamón o de txistorra. Más tirón tuvieron los segundos.
Para entonces, los más pequeños estaban cubiertos de espuma, del cañón dispuesto en un lateral de la plaza. Tuvieron suerte con el clima en Burlada. Sol y algunas nubes, nos 25 grados.
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