Paseo y pincho
La vida cíclica de los bares de La Vaguada en el barrio de San Juan
La Cervecería Internacional y el Escocia han cerrado, pero tres familias emprendedoras intentan echar raíces en el paseo del barrio de San Juan


Publicado el 01/02/2022 a las 06:00
Los bares, como los árboles, tienen su ciclo. Los plantan, crecen, ven pasar las estaciones, cobijan vida y a veces terminan talados. Así pasa en La Vaguada, del barrio de San Juan. Dos veteranos establecimientos, La Cervecería Internacional y el bar Escocia han dejado de ofrecer sus salchichas, codillos o huevos con chistorra. Pero este paseo de 500 metros jalonado de moreras mantiene una variada oferta hostelera de la mano de savia nueva. En 2019, Janneth Moreno y Ricardo Muñoz inauguraron el bar Saúva, frente al instituto Navarro Villoslada. Un año después, el Camelot se convirtió en el Zelaik Gastrobar. Este verano Daniela Valencia y Melva Bañol reabrieron el bar La Vaguada, al final del paseo. El Escocia cerró el 15 de enero y ahora muestra el cartel de Se Vende.
Hace unos días, los operarios municipales terminaron de podar las moreras, dejando este paseo desnudo. Pronto brotarán las yemas que dejarán la acera como un túnel frondoso. Ahora las terrazas también están como invernando, esperando que alarguen los días. En otoño tocará sacar la escoba para retirar la alfombra de hojas. Un ciclo que se repite año tras año.


Durante décadas, la Internacional, el Escocia y el Camelot han sido lugar de encuentro de aficionados cerveceros. Actualmente, sólo uno de ellos sigue operativo y con otro nombre. Estos días, el Zelaik Gastrobar ha estado cerrado por avería, pero esta semana ya ofrecerá sus rabas estilo Valladolid, sus hamburguesas y sus menús vegetarianos. Kevin Pérez y su familia son los dueños. Originarios de Bolivia, llevan más de 25 años en Pamplona, primero dedicados a la construcción y luego a la hostelería. Kevin estudió un master en gestión de innovación de restaurantes en el Basque Culinary Center. Lo aprendido lo ha aplicado al Zelaik. “Vimos que la comida sana y vegetariana era una tendencia y apostamos por ello”, explica. El pasado verano, esta familia rescató otro clásico, el Tip Top de los Edificios Inteligentes, que ahora es otro Zelaik.


Melva y Daniela, madre e hija, son de Colombia y a principios de verano alquilaron el bar La Vaguada (calle Monasterio de Irache 51). Llevan más de una década en Pamplona y aunque se han dedicado a la hostelería, esta es la primera iniciativa por cuenta propia. Su hermano Joan, que es cocinero en La Tasca de Don José, les ha asesorado. “Nos dijeron que este local llevaba mucho tiempo cerrado y que el alquiler era asequible”, señala Daniela. “Hemos pintado y hemos cambiado el mobiliario. Ahora tiene un aire más moderno”, comenta.
Madre e hija también le dieron “un vuelco” a la gastronomía. Fritos variados, platos combinados, hamburguesas, burritos, raciones, callos, morros y también “alguna cosa colombiana, como las empanadas y patatas rellenas. Casi todo es casero”. Ambas están contentas con estos seis meses. Vienen a almorzar obreros que trabajan en la envolvente térmica de la torre Irrintzi. Y también vienen abuelos de la residencia Solera La Vaguada. “Tienen cafetería propia pero ahora está cerrada por cuestiones sanitarias. Así que a veces dan un paseo y se pasan a tomar algo. También vienen enfermeras y otras trabajadores”, comentan.
El bar Saúva también es punto de encuentro de residentes de La Vaguada. Janneth Moreno y Ricardo Muñoz, matrimonio ecuatoriano, abrieron el establecimiento en abril de 2019. “Llevaba muchos años cerrado. Se llamaba Baluarte pero nosotros le hemos cambiado el nombre”, explica. Saúva es el nombre de una clase de hormiga, también conocida en México como hormiga de San Juan. “Estos animales representan esfuerzo, trabajo, disciplina, unión en grupo. Son las cualidades que caracterizan a este bar”, expresa Janneth.
Los dueños del Saúva admiten que los comienzos fueron complicados. “Al principio no venía nadie. Poco a poco ya fueron viniendo vecinos de chiquiteo y algunos profesores del instituto a tomar el café. Ahora son clientes habituales”, señala. Tienen pinchos, raciones, bocadillos y tostadas. Y por la tarde noche tienen buena acogida los zumos, batidos y cócteles. “Mi marido tiene muchos años de experiencia en la coctelería. Le salen unos mojitos muy buenos”, comenta. Los dueños del Saúva han solicitado permiso para instalar un velador en el paseo: “A ver si nos lo conceden pronto”.