Inundaciones
El agua cercó Burlada salvo por el norte
El río Arga anegó y obligó a cortar las entradas de la cuesta de Beloso, del cruce de Villava y la de la NA-2306


Publicado el 11/12/2021 a las 06:00
La caravana de coches que, a las once del mediodía, pretendía entrar a Burlada por la PA-30, tras dejar atrás Arre, daba una idea del desastre que había organizado la crecida del río Arga en el municipio. Ni la cuesta de Beloso, ni el cruce de Villava ni la NA-2306, los accesos principales a Burlada, se habían salvado de la crecida que anegó por completo el sur del casco urbano.
En otras avenidas, como la de 2013, el agua sí había cubierto como este sábado el aparcamiento del Soto, la calle del mismo nombre, la de San Juan Bautista, las de Santa Bárbara y la Asunción, pero no hasta alcanzar más de un metro como ayer. Y nadie recordaba, en al menos tres décadas, que el Arga llegara hasta la plaza de las Eras (la del ayuntamiento), la de San Francisco, la rotonda de confluencia de esta calle con Mayor así como su primer tramo y, ya cerca de Beloso, la plaza Larrainzar, el aparcamiento de la casa de cultura, Zubialdea y Bizkarmendia.
Sí, alguna vez, el agua había rozado el puente en el que termina la cuesta de Beloso en otra de las entradas a Burlada. Pero no hasta el punto de tener que cortar la calle no sólo a coches, también a viandantes. Y lo mismo con la NA-2306 que, junto con el cruce de Villava, siguieron cortadas también para el tránsito rodado y el peatonal.
Ya la víspera, se alertó al municipio de que se esperaba una gran avenida sobre las once de la noche y que debería estar en alerta de madrugada. Como en otras situaciones de peligro, se acordonó el aparcamiento de tierra junto a la calle Santa Bárbara más próximo al río. “Estuvimos hasta la una de la madrugada poniendo balizas y preparando el municipio para las avenidas normales”, comentaba el jefe de Servicios Oier Aizkorbe.
Para que las calles del municipio más próximas al Arga acusen su crecida -y hablamos de centímetros, salvo 2013- el caudal del río está sobre 300 metros cúbicos por segundo. “Lo que nadie se esperaba, ni la Confederación, es que llegara a los 510, y a una altura de seis metros. Las previsiones eran de unos 256”, decía el jefe de los agentes locales, Javier Lizarraga. La media es de 40 metros cúbicos por segundo y un metro.
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Pero a las cinco de la madrugada las sospechas de que la avenida podría ser mayor comenzaron a confirmarse. Ya una hora antes, un coche de Policía Municipal con las sirenas puestas recorrió la parte meridional del casco urbano para alertar a los vecinos de que sacaran sus coches de los garajes. No fue suficiente, muchos de ellos dormían y no escucharon los avisos.
A las cinco y media de la madrugada estaba ya todo anegado desde calle San Francisco, incluida, al sur, y viendo la poca actividad en los garajes subterráneos se decidió llamar puerta por puerta, una labor en la que también participaron los concejales Ander Carrascón y Carlos Oto, a los que se les uniría medía hora más tarde María Luz Moraza. “Y como se ha ido la luz, entonces ya era con los nudillos”, decía esta última, que lamentaba la pérdida del archivo municipal ubicado en el sótano de la casa consistorial. También el agua había anegado el subsuelo de la Casa de Cultura, que linda con Bizkarmendia, cerca de la cuesta de Beloso, o de la de Escuela de Música Hilarión Eslava, tras el edificio consistorial, en la calle San Juan Bautista.
RESCATE DE VECINOS
A las siete de la mañana se vivió un momento de tensión cuando una vecina quedó atrapada en el ascensor del aparcamiento subterráneo de la plaza de las Eras. “El nivel del agua iba subiendo porque bajaba a raudales por las escaleras”, recordaba Oto. “Mientras unos llamaban a vecinos a ver si tenían llaves para entrar, otros intentábamos abrir la puerta a patadas”. Al final, un residente propietario de una plaza les dio el acceso y entre Ander Carrascón y el subinspector de Policía Municipal pudieron entrar al elevador y sacar a la mujer.
Ya a mediodía, el agua había retrocedido hasta San Juan Bautista y Santa Bárbara, las que lindan con el río, y, en el otro extremo, en Beloso, también el caudal se retiraba dejando un rastro de barro. Pero era necesaria la presencia de salvamento civil para que, con un lancha se dedicara a rescates preventivos; es decir, ninguno por riesgo vital. Uno de ellos fue, por ejemplo, el de una mujer de 91 años de la calle San Juan Bautista. La familia pidió que se le evacuara porque el edificio se había quedado sin luz debido a que el agua había inundado la subestación eléctrica cercana del Soto.
También acudieron a Santa Bárbara porque el agua filtrada por el suelo había provocado el derrumbe de prácticamente todo el firme de un bajo y parcialmente el de otro. “Tenemos un susto horrible. Parece que nos llevan a un hotel”, decía Jonathan Araujo Nieto. Su vecino, Fernando Gómez Echeverría, recordaba que estaba viendo la televisión en el sofá cuando se quedó colgado en el aire. Y mientras, en la calle, al fondo, como en el Soto y en su confluencia de San Juan Bautista, el agua seguía estancada con metro de altura a la una del mediodía.
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Garajes, comercios y bajeras, los más afectados por una riada “jamás antes vista”
“Esto no se ha visto en la vida”, repetían los vecinos reunidos en la rotonda próxima al palacete municipal. 150 metros más allá de este grupo, en sentido Pamplona, permanecían aislados los inquilinos de los últimos bloques de pisos de la calle Mayor. Sólo podían salir hacia la capital. “Esto es como una isla”, explicaba una vecina de 53 años. En la plaza Larrainzar, justo detrás de estos edificios, sobresalían los respaldos de los bancos. Félix Pérez, vecino de un portal afectado, caminaba con el agua a la altura de las rodillas para comprobar el estado del coche de su mujer. “Creo que está afectado”, lamentaba Pérez. “Tengo 60 años, he visto riadas desde chaval y como esto no ha habido nunca. En el portal hay tres palmos de agua”, añadía.
Si en la calle la cantidad de agua era notable, en los garajes era otro nivel superior. Junto al portal número 1 de la calle Mayor, tres vecinos del bloque miraban por la puerta de acceso a las plazas de aparcamiento. La escalinata estaba inundada. “Está hasta el techo. No he sacado el coche porque no me han avisado”, decía enfadado Pedro Moral Morales, vecino desde hace 45 años. “Para otras veces teníamos dos bombas de agua, pero esta vez no se puede hacer nada”, añadía. “Ahora no sé si hay seguro o no. Coche nuevo no te van a dar...”, lamentaba.
El tráfico estaba cerrado desde Beloso para los vehículos. Uno de los coches que dejaron pasar fue el de los propietarios de Procar, un concesionario situado a la entrada de Burlada. La corriente pasaba por delante del escaparate y, por filtración, entraba desde Larrainzar. “Por suerte estamos un poco elevados y no nos va a afectar tanto. Espero que no llegue a los coches. Eso serían palabras mayores”, explicaba uno de los dueños de la empresa acordándose de la limpieza posterior del local.
Otras personas no residentes en la zona también se vieron afectados. Por ejemplo Daniel Gibrán de Lucas, profesor de inglés en Burlada. Él entraba a las 10.20 a dar clase. “He venido desde Lezkairu andando, me han avisado mis compañeros que el acceso estaba complicado, pero no así”, explicaba sorprendido. Gibrán estaba bloqueado a la entrada y no podía pasar al otro lado donde estaba situado el centro educativo.
BATERÍA Y GUITARRAS
A eso de las doce del mediodía, cuando la corriente permitió actuar a los vecinos de la calle San Francisco, los cuatro integrantes de la banda de punk rock The Guilty Brigade llegaron hasta la bajera donde guardaban el material valorado entre “10.000 y 12.000 euros”. Los primeros en entrar fueron el bajista Xabier Olague y el batería Néstor Aranguren. Con alguna dificultad accedieron al local y vieron todo el material afectado. “Mañana teníamos concierto en una sala de Ayora, Valencia”, informaba Iván Carmona, guitarrista del grupo.
Tras colocarse un bañador, Gartxot Hualde, cantante del conjunto pamplonés fundado en 2012, fue a echar una mano a sus dos compañeros que estaban dentro, Carmona esperaba fuera para meter el material en la furgoneta. La imagen era curiosa. Hualde con dos guitarras eléctricas y Aranguren con un bombo de su batería mientras flotaba un contenedor de papel. “Ahí dentro teníamos todo el material que utilizamos en un concierto”, explicaba el guitarrista.
“Tenemos que comunicarles que así no se puede ir a tocar”, lamentaba sobre el concierto en Valencia. “Familiares directos también han sufrido daños. Ahora hay mucho trabajo por hacer”, concluía. El río perdió fuerza poco a poco y las calles comenzaron a tener el aspecto típico posriada. Restos, maderas e incluso verduras de los regadíos.