Obituario

Alicia Echezarreta Guillén, una mujer alegre y sencilla

Alicia Echezarreta Guillén
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Alicia Echezarreta Guillén
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José Ángel Beaumont

Publicado el 22/02/2025 a las 09:33

Madre no hay más que una. Todas son únicas, todas importantes, pero está claro que nadie en este mundo te va a querer como una madre.

Mi madre era una mujer sencilla, alegre, bondadosa, trabajadora y sensible, con mucho coraje. Refranera, con sus mil dichos que la hacían única, y con una chispa especial para decir las cosas a la cara sin molestar a nadie. Presumida, siempre engalanada con la medalla de la Virgen Niña y con la pulsera donde llevaba grabadas las fechas de los trasplantes de riñón que le dieron la vida. Su mayor pasión eran las flores, Ya nos solía decir que los buenos sueños son como los pétalos de las rosas, pero las espinas son la realidad de la vida. Era muy buena cocinera y sobre todo, una gran persona.

Alavesa de nacimiento y navarra de adopción. Su pueblo, Yécora, del que nos hablaba siempre con nostalgia. Tu baile, el de la cadena de la Virgen de Becijana, a quien, devota, regaló un manto. Vivió una infancia durísima en la posguerra; apenas conoció a su padre y su hermano Luis pronto se asfixió en un horno de La Balco Bilco. La pusieron a trabajar desde muy niña. Conquistó a un navarro apodado “El Corneta”, que iba a rondarle en bicicleta. Con solo 19 años formaron una familia. Eran tiempos muy difíciles, pero a base de trabajo y sacrificio sacaron adelante a cinco hijos sin que nos faltara de nada. Hasta los más millonarios no tienen todo en la vida; por eso, a veces, los más pobres dejan la herencia más rica, cargada de valores.

Cuarenta y dos años enferma, de ahí el dicho: “Mujer enferma, mujer eterna”. Una superviviente de dos trasplantes de riñón, calcifilaxia, stents en el corazón, prótesis de cadera... y 4 extremas unciones. Con más medicamentos en el cuerpo que Cinfa y más operaciones que un libro de matemáticas. La muerte estaba tan segura de que le ganaría que le dio toda una vida de ventaja.

El vacío que deja ni Jorge Oteiza podría explicarlo. Pero es al caer la noche cuando más duelen los recuerdos, esos que lastiman el corazón. Cuando vayamos al pueblo y veamos el orejero vacío donde pasaba tantas horas, cerca del teléfono, siempre atenta a quien le llamara para charlar un buen rato. Cuando sintamos apagarse el calor de hogar de esa casa familiar donde ella, como buena vasca, ejercía el matriarcado. Era el faro que guiaba nuestras vidas. Como ya escribí en cierta ocasión, nos cubría con aquel paraguas desbarbillado cuando nos llovía la vida y nos daba cobijo y calor de madre con aquella manta raída. Además, nos dio estudios a todos, cada uno eligiendo su camino en la vida.

Más fuerte que el CrCoNi, el metal más duro de la tierra, murió el 21de febrero de 2025, a 4 días de su 83 cumpleaños. La muerte de un hijo fue lo más duro que vivió. Desde entonces, nada fue igual. Ahora, por las noches, cuando mire al firmamento y vea las dos estrellas más grandes juntas brillando, me llenaré de nostalgia, pero también de consuelo, porque por fin están juntos en el cielo.

José Angel Beaumont es hijo de la fallecida

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